jueves, mayo 11, 2006

AMIGOS DE LA POESÍA: ENTREGA N° 60 – DE ESA POSIBILIDAD DE TRANSMITIR

Mayo 10 de 2006

AMIGOS DE LA POESÍA: ENTREGA N° 60 – DE ESA POSIBILIDAD DE TRANSMITIR
O DE LA MEMORIA DE ESE SENTIR POÉTICO

Hola Amigos:

Hoy cometeré un exabrupto más, escribiré sobre mí, sobre mi poética, sobre mis percepciones de la misma, de mi yo cuando se es poeta, cuando uno se cree poeta, y hasta de cuando uno se atreve a montar un BLOG en la WEB para que confluya allí esa parte del mundo a la que pertenezco. Un poco atrevido y hasta por natura poco objetivo, pero está en mí hoy esa pulsión, a veces clara, a veces oscura. Mal parado quedaré ante algún sicoanalista o crítico literario... pero “untado un dedo, untada toda la mano”. Algunos otros ya se atrevieron a ello sin embargo, como Antonio Gamoneda, El cuerpo de los símbolos, Huerga & Fierro, 1997, en donde dice “Habrá de perdonárseme que hable tan seguidamente de mi escritura para decir algo sobre la poesía en la perspectiva de la muerte, cosa que, supongo, es asunto de muchos (mejor dicho: asunto de todos, quieran o no quieran). No es sólo porque esta escritura esté más a mano, sino porque de este modo lo que digo tiene asideros en la experiencia.” También en el texto “La impropiedad” de Alejandro Schmidt, ese poeta argentino, dice “Mi poesía como algo robado por ahí. Mi poesía crecida entre la nieve y la decepción. Como una broma privada, un pasatiempo de tinieblas. O, al fin, grandes noticias de la nada. // La poesía, no sabe de mí, a veces, tropezamos en los pasillos del público lector y me pregunta por ese que nunca quise ser, y soy, seré.”

Mi poética la tengo clavada en todo lo que soy, con su lenguaje cifrado para unos ojos y expedito y necio para otros, y que en algunos casos pasa por los intersticios del amor, con su lado vago, etéreo y hasta infinito y absorbente. Tiempo, espacio, ritmos, lugares, asombros, desventuras, sangrados, oropeles, desvelos, ensoñaciones, etc. por sólo nombrar algunas de las caras de ella, de las singladuras, de los devaneos, que están presentes en ella, en sus miles de versos durante varios tiempos y condiciones de mi yo, de mi distinto cuerpo que alberga mi cambiante y compleja alma. No importa ahora con los años si mis letras han sido producto de un devenir sensorial, intelectual o hasta metafísico, instantáneo o trascendental, pues allí están y estarán para “confundir” a ese reducto de personas que acceden y accederán a mi mundo de letras.

Muchas veces escribir ha sido la delación ante el espejo o hasta el reflejo narciso en la superficie del lago. Nada me previene de esta contaminación de ponerlo todo en letras (tal vez sea un TODO con mayúsculas). Me extraño a mí mismo cuando no aparezco reflejando mi ser en alguna línea de cuaderno, o en algún tachón a mis archivos de notas en texto o hipertexto de computador (u ordenador como también le llaman). Vaguedad de locura como dirán algunos y fantasiosa deriva para otros. Sin embargo, sigo jugando en mi apuesta de letras en mi perspectiva emblemática para llevar a las letras aquello que contengo en mí, el amor como un caso magnífico.

Todos mis sentidos y los de todos nosotros, han puesto su aporte para que a través de los versos sea capaz de transmitir los efectos de mis interioridades a otros. No importa si a uno o a unos pocos, pero con esa capacidad de lograr “tañer el laúd” del alma de alguien cercano ya el poema cumplió su cometido. Ya ese olor que se contó, ya ese sabor que se disfrutó y se describió, ya ese ocaso que en la retina quedó y que se transformó en letras, ya ese tacto núbil y furtivo que se tuvo cerca del eros, todos son un hecho transmitido que interpretado por el receptor, definido y perfilado por su yo, con sus apropiaciones y condiciones, ha cobrado vida. Allí, ya se dio el pago, ya se dio la suerte de haber llegado. Sólo la poesía me ha permitido esa trascendencia, esa oportunidad de llegar a habitar en la psiquis del otro, que en algunos casos se convierte en vaivén físico, en escozor, en sudoración, en palpitación y hasta en deseo... en el otro. ¡Qué inmensa posibilidad existe en el reino del poema! ¡Qué grandes oportunidades en la memoria traspasada del verso a otros que revivirán –a su modo- lo vivido por el vate!

No he devorado aún, como muchos, ni a Cioran ni a Goethe ni a Nietzche ni a Rimbaud ni a Verlaine ni a Hidobro, por sólo citar a algunos, aunque sí puedo afirmar que me he asomado a sus luces y destellos. Mis asomos tienen más la textura del caos, de lo inextricable, de lo impensado, de lo inestructurado, pero que forman en mis palpitaciones una amalgama que alimenta gota a gota mi ser poeta en un fluir constante de ilusiones e historias, de credos y beneficios, de infartos y estrategias, de inicios y llegadas, en fin de todo lo que muchos poetas contienen, y todo ello va haciendo en mí, ése que soy y ese poeta que me siento. Por fortuna, no he podido ser, eso sí, poeta mercenario ni he mentido para agradar, o como decía alguien “ser poeta a la medida de los pagos”. Además, tal vez porque ni yo mismo sé qué voy a escribir cuando me asalta ese “pathos” compulsivo de hacerlo. Sentir y tener memoria de ello para luego disfrutar su remembranza es un premio que he tenido en esta “extremadura” de ser poeta, enjaulado en los confines de un mundo al que me debo y que yo construí a fuerza de lucharlo y de quererlo. Contradicciones y utopías que pueblan mi mundo donde escribo, y del que tantas y tantas ganancias he tenido.

Hace unos siete años ya, pensé que escribir era una broma para uno mismo, un pasatiempo del ego, y que desatar ese otro yo que llevaba dentro, poner su discurso en versos, era un desacato a todo, era un desafuero, un anacronismo, una turbiedad del agua que bebía que había ocasionado algún daño a mi ser entero, pero con el correr de mis días locos, de locuras compulsivas y de elucubraciones por y para mi sed poética tardía, se iba apareciendo en el horizonte más un placer de vivir la vida como yo la quería. Había en mi escribir una forma de ir descubriendo –por el sólo hecho de quitar lo que exteriormente me sobraba- a ese poeta que mi faz y mis roles ocultaban. Y sin más motivo ni estudios de literatura ni razones de escuelas o líneas de escritura o influencias de maestros, puse a “andar la vela” y “vientos ineluctables (como diría “profundamente” el gran Porfirio) hincharon mi motor, y de eso... miles de versos han rabiado por aparecer en mis renglones, siempre con motivos que van haciéndose borrosos con el raudo discurrir del azar del tiempo, y que hoy sólo son esa memoria de esas sensaciones de lo que existía cuando aquello se escribió. Hoy ya no reconozco los exactos motivos de algunos de mis poemas y me figuro que más viejo será más crítico, y por ello –y a pesar de ello- cada uno ha debido ganarse su significado y su lugar más con la fuerza de sus palabras que con lo que haya de ellos en mí. Es decir, tienen un camino por construir ante ojos ajenos que tal vez los hagan a un lado o por casualidad o afinidad, los hagan suyos. Magnífico tránsito de la explosión jubilosa de su nacimiento a la poesía hasta ese rodar sinuoso, complejo y majestuoso en que me encuentro, sin que ello signifique que no pueblen en mí, que no me habiten ni sus fantasmas, ni sus exorcismos, ni sus duelos, ni sus orcos, ni sus demonios, al lado de tanta alegría, tanto solaz con enormes adobes de desespero.

Estas ganancias de que les he hablado, tal vez empezaron hace ya un largo tiempo. Por allá en septiembre de 1999, muy nuevo en esto de escribir hice un largo texto, de esos de no mostrar llamado “ACLARACIÓN PARA MÍ MISMO” y que en unos de sus párrafos dice: “Hoy empiezo a descubrir que mi compulsión por escribir sobre sentires o pesares se ha vuelto algo parecido a la adicción. Soy un ser que se siente enjaulado... Mi sensibilidad me lleva a ser poco práctico, soñador y, a veces, me angustio... // Quisiera saborear el néctar de un algo que no sé definir. Cuando logro comulgar con alguien sobre lo que se respira en el logro de la escritura o de ver el mundo a través de la pintura, la música, la letras, y que intuyo en esa alma la misma emoción que yo tengo, me transporto. Me pego a esa alma y le brindo mi emoción, aunque ésta no se detecte como tal...” Tal vez ese prurito ya estaba por siempre aquí y sólo se ha ido desarrollando.

Quiero compartirles un poco (mínimo tal vez) de esa catarsis que a veces se logra escribiendo un poema:

ANSIAS

Los días nacen con sus ansias
y hoy... me llené de soledades ajenas
y de angustias en noches manifiestas
que me ganan con su insomnio
y su calidez en tricolor
Así... fantaseando con mi pluma
y un cansancio al que no miro
el escribir sobre un problema milenario
ha cambiado mi normal mirar
por estos trozos de versos
que de cuando en cuando
me alucinan... me alivian el dolor
Así de pronto... mis nostalgias
se parecen al perder
y a ese ganar que nos domina
cuando de tenerse se trata
en la ausencia de cada uno
en el otro
y de nuestro propio... nos

OHCNARF
18/V/2003


Finalmente, como en mi EXTRA anterior, les reitero mi deseo de que se paseen por esa página WEB que es mía pero que cobra vida en la medida en que ustedes la hagan suya también, donde en unos días publicaré esta ENTREGA:
http://www.poesia-letras.blogspot.com

Una invitación final, AMIGOS DE LA POESÍA, a escribir, a comparir, a “BLOGUEAR”, y por sobre todo... a amar

Su amigo de muchos tiempos, agradecido con su presencia en mi vida plena y contradictoria: Francisco

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