viernes, julio 28, 2006

EL DIFÍCIL CAMINO DE LOS LIBROS



Unas enseñanzas sobre este tema que nos dejó Henry Miller. del libro "The Books in my Life"

Fragmento del Prefacio

"En esta era, en la que se cree que todo tiene su atajo, la gran lección que debemos aprender es que el camino más difícil es a la larga el más fácil. Todo lo que está en los libros, todo lo que parece terriblemente vital e importante, no es sino un ápice de aquello que le ha dado origen y que está dentro del alcance de todos aprovechar. Nuestra teoría de la educación se basa íntegramente en la absurda noción de que debemos aprender a nadar en tierra antes de lanzarnos al agua. Esto se aplica tanto a la adquisición de las artes como a la búsqueda del conocimiento. Todavía se enseña a los hombres a crear estudiando las obras de otros hombres o trazando planes y bocetos que nunca se pensó materializar. El arte de escribir se enseña en el aula y no en la espesura de la vida. Todavía se entregan a los estudiantes modelos que presuntamente concuerdan con todos los tipos de temperamento y con todos los tipos de inteligencia. No nos extrañe, entonces, que produzcamos mejores ingenieros que escritores, mejores expertos industriales que pintores."


Fragmento del CAPÍTULO I "VIVÍAN Y ME HABLABAN"

"Los libros son una de las pocas cosas que los hombres atesoran profundamente. Y cuanto mejor sea el hombre, con mayor facilidad será capaz de desprenderse de los bienes que más atesora. El libro que yace inane en un anaquel es munición desperdiciada. Los libros deben mantenerse en constante circulación como el dinero. ¡Prestad y tomad prestado ambas cosas: libros y dinero! Pero especialmente libros, porque los libros representan infinitamente más que el dinero. El libro no sólo es un amigo sino que sirve para hacernos conquistar amigos. El libro enriquece al que se apodera de él con toda el alma, pero enriquece tres veces más al que lo analiza."

DE UNA CELEBRACIÓN DE FIN DE AÑO...


Placer en la piel y en el alma, al lado de los míos: foráneos y nativos, viejos, jóvenes y adolescentes. Veintena de vidas paralelas unidas por invisibles hilos de fraternidad compartida, se presentaron en tibios, fuertes, caóticos, dicientes e inextinguibles los abrazos de fin de año, y de bendiciones por todo lo bueno que el año nos dio, las pruebas a que nos sometió y todo lo que a aprender, conocer, saber y amar nos permitió.

Y allí estábamos todos, con la frondosa alma encarrilada en la sonrisa franca, en la mirada que a veces cobija temores, que no es sino espectadora pero que pretende ser un actor de oportunidad.

Estuvimos celebrando el balance del año y nos vimos vivos como un premio que nos otorgó Dios. Nos centramos en la parte más fantástica, aventurera y hermosa de la vida, más yo allí sentí el afecto y el contacto de mi poesía, aquélla que me da el permiso para ser poeta catador de vino de juventud, como la risa que se dedica a distraer los dolores, los afanes y los sinsabores, franqueando barreras y logrando belleza. Era, y es un sentirse aún, especial porque había llegado a construir un no sé qué para mí, desde versos y letras. Me sentí afortunado por mi entrega de sentires salidos de mi corazón.

2002

jueves, julio 27, 2006

CONEXIONES

En este andar tras las palabras, ellas tras de mí en sueños y yo, haciéndoles la corte en cada rellano de cada escalera, esperándola encontrar en la hoja más olvidada de alguno de mis libros... siempre aparecen hermosas sorpresas. Comparto una de éstas, con ustedes.

Esto decía Charles Baudelaire, ese poeta maldito.


DE LOS MÉTODOS DE COMPOSICIÓN

Hoy por hoy hay que producir mucho, de modo que hay que andar de prisa; de modo que hay que apresurarse lentamente; pues es menester que todos los golpes lleguen y que ni un solo toque sea inútil.

Para escribir rápido, hay que haber pensado mucho; haber llevado consigo un tema en el paseo, en el baño, en el restaurante, y casi en casa de la querida. (...)

Cubrir una tela no es cargarla de colores, es esbozar de modo liviano, disponer las masas en tono ligero y transparente. La tela debe estar cubierta -en espíritu- en el momento en que el escritor toma la pluma para escribir el título.

Se dice que Balzac ennegrece sus manuscritos y sus pruebas de manera fantástica y desordenada. Una novela pasa entonces por una serie de génesis, en los que se dispersa, no sólo la unidad de la frase, sino también la de la obra. Sin duda es este mal método el que da a menudo a su estilo ese no se qué de difuso, de atropellado y de embrollado, que es el único defecto de ese gran historiador.”


Y sobre el logro de eso, escribe nuestro “mago” Juan Manuel:


APRENDIZ DE CAZADOR

Ella es bruja.
Vuela en el aire de la escoba
como si su capa barriera la memoria.
Yo, aprendiz de cazador,
para atraparla interrogo al fabulista,
al peregrino de los bosques.
Ella esquiva mis intentos,
vuela en círculos de niebla
sobre mi cabeza atribulada.
A veces creo que llega hasta mi mesa
como arisco animal
que abreva en un estanque,
y cuando intento descifrar su silabario
se desvanece en el aire de la alcoba.
Ella evita mis eternas acechanzas,
mis trampas y señuelos.
Así, escurridiza y evasiva es la palabra.”

JUAN MANUEL ROCA de “Cantar de Lejanía”


Qué bueno en hallar en las lecturas, estas conexiones...

domingo, julio 23, 2006

EN ESTA TARDE DE DOMINGO...

En esta tarde de domingo, con una llenura de ansiedad simulada, nada mejor que releer a Porfirio...

Aquí quiero compartir esta poesía que creo está entre las mejores de Colombia en los últimos tiempos.


CANCION DE LA VIDA PROFUNDA

El hombre es cosa
vana, variable
Y ondeante...
Montaigne


Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar.
Tal vez bajo otro cielo la gloria nos sonría.
La vida es clara, undívaga y abierta como un mar.

Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en Abril el campo, que tiembla de pasión:
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.

Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos...
-¡niñez en el crepúsculo!, ¡lagunas de zafír!-
que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
y hasta las propias penas nos hacen sonreír.

Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña obscura de obscuro pedernal:
la noche nos sorprende con sus profusas lámparas,
en rútilas monedas tasando el Bien y el Mal.

Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer:
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.

Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar.
El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar.

Más hay también ¡oh Tierra! Un día... un día...
en que levamos anclas para jamás volver...
un día en que discurren vientos ineluctables.
¡Un día en que ya nadie nos puede retener!

(La Habana 1914)




PORFIRIO BARBA JACOB
Colombia

lunes, julio 10, 2006

SOBRE MI PERCEPCIÓN DE LA CLAUSURA DEL XVI FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA DE MEDELLÍN

JULIO 2 DE 2006

La poesía y la diversidad empiezan a habitarme. Las palabras pasan a través de mí, invadiendo poco a poco cada uno de mis espacios. Mis aposentos se extienden, aparecen, gestan algo que no sé cómo ni qué será. Mi sangre va tomando mayores velocidades con algún adobo que hace que la euforia reine en mí. En cada rostro creo ver reflejada su propia sensibilidad, como pinturas y collages de mil matices y texturas.

Hay en el aire un sabor a eco, a reminiscencia, a estupor, a nostalgia, a dolor simulado, a caricia expresa, a displicencia con el tiempo. Los contornos de mi oído toman de ese aire lo que más se me antoja como anímico alimento, lo trasladan a su fosa y con él, calman mi ser anual de poetas y su voz, de sus distintos acentos y suspensos. La fortuna se me aparece cerca de las manos, cerca de mi alma, cerca del consuelo de estar y de disfrutar este canto que miles hacemos con los versos. Cada que un poeta, dama o señor, fulana o caballero, madame o común, sacan de su mochila lo mejor que quieren entregarnos para así llegarnos y estampar en nuestro rostro... su propio sello. No tengo más contrapartida que las que todos nosotros los espectadores queremos y podemos regalar: su majestad el aplauso, algunos insonoros y otros retumbantes. Ese golpe de las manos que marca el ritmo de la emoción en sus distintos tonos y contextos.

Y ellos, algunos con su sinceridad o su timidez, con su expresividad y su propia dicción, van contagiándonos de ese mismo virus poemario que a tantos nos enferma. Sobresale en cada uno sus esfuerzos por devolver cono gracias nuestros millones de aplausos, haciendo esfuerzos tesoneros por decirlo en su más propio acento Cervantino. No importa si se es de New Zeland o de Ganha, de Cuba o de Nicaragua, de USA o de Britania, amigo de la poesía de Neruda o de la de Lorca, si le cantan al amor o al asesino, si protestan o no por lo que pasa, si le cantan a su amor o al más terrible bombardeo sobre su patria, en fin, todos ellos nos depositan esas pasiones que vienen “a inundarnos el alma”. Las razas y los credos quedan atrás y hay un fundirse de toda laya, entre ellos y nosotros, aquellos que tenemos esta fortuna y para los que no vinieron... su desgracia.

A medida que todos van pasando se siente la electricidad estática de versos y de acentos, de rimas y de trovas, de espantos y de nervios, de risas y de cuentos, rodear las tribunas, caminar por la piel y por las almas, y desatar temporales allá donde nadie nos ve y donde en todos está la identificación con algún verso. Todo se va difuminando a medida que esos casi setenta van desfilando en sus idiomas y traductores, de voces con sus rimas que nos hacen entender que será eso que ellos nos están diciendo. Nada escapa al oído y al sentimiento, como esa árabe canora que se entrega desde un no sé qué que pasa de ella hasta el público que la anima con su juego de coquetería en su hermoso cuerpo. Nada se evade a la galantería de ese español viejo. Nada calma la estampida de aplausos cuando la Grande con su timidez nos deja sin aliento, o cuando con su mano y su ala de águila, ese canadiense original lleno de portento, nos entrega su más hermoso poema a Colombia lleno de su sed de néctar y de tomar para sí y su pueblo, nuestros ríos con su canto, nuestra montañas y su encanto. Todo es amor por las palabras y su juego, todo tiene matices de amor a los cuatro vientos, todo es en algún instante un espectáculo sin colores, sin matices y hasta sin tiempo.

Luego viene el final, las miles de manos dicen hasta pronto a los poetas y con un hasta luego a Fernando, vamos bajando en un orden impecable los cientos de gradas del cerro. Sin atropellos, con los más hermosos tonos de civilidad y de contento. Nada se deja sin disfrutar porque en los rostros ello se refleja... y pro un instante hay una recua que inunda la ciudad... inoculándole, mínimamente, otra dosis anual de su poemario alimento. Las sonrisas están en las caras y los gestos, todos somos Medellín y allí en ese cerro, dejamos una parte hermosísima de todo lo que al bajar estamos sintiendo.

Luego, la calle, el viento, el tráfico... y la nostalgia para esperar el próximo año... cuando volvamos a tomar para nosotros... ese cuento.

OHCNARF

viernes, julio 07, 2006

Creo que a muchos poetas nos pasa lo mismo

Encontré entre algún regalo de una de esas páginas hermosas que tiene la red, esta alusión a la nueva poesía española, y me gusto:

Isabel Alamar Torró
Valencia, España, 1970


ME DA RABIA CUANDO EN SUEÑOS
SE ME OCURRE UNA IDEA

Y entonces trato de despertarme para hacerla mía.
Y con dificultad corro aún descalza por el pasillo,
Soportando el frío y el sueño de la noche,
De manera desgarrada, busco un papel y un lápiz
A los que aferrarme para clavarla en el tiempo,
Lo mismo que una estaca al borde mismo del cielo.
Pero cuando por fin consigo alcanzar lo indispensable.
Resulta que ya es tarde, el poema ha volado,
Se ha marchado, ha huido, ha escapado a la nada.
Ha decidido no materializarse y quedarse para siempre
En el reino de las ideas, dejándome a solas pensando
En que ése, tal vez, hubiese sido el mejor poema
Que yo jamás hubiera escrito, y que nunca podré saberlo.


Además, a muchos se nos han “perdido” poemas en el aire...