viernes, febrero 16, 2007

Otra vez una Itinerancia


Casi un año más tarde vuelvo a mi reducto de osadías y de letras, y me atrevo a escribir sin objetivo fijo. Todo nace de una pregunta de alguien sobre Benedetti y a raíz de ello compartí el famoso poema “Pasatiempo”, ése donde habla de la percepción que tenemos de la edad y sus conjuros a medida que nos vamos volviendo viejos. De allí, conecté con una entrevista que el diario El Tiempo de Bogotá le hizo en julio de 2003: ""En cualquier sitio al que voy a dar un recital, dos tercios de los asistentes son jóvenes", afirma. Muchos de ellos saben sus versos, cosa que él es incapaz de aprender, pues "no sé -dice- de memoria ninguno de mis poemas. // El único que sé es uno de Antonio Machado que dice "hoy es siempre todavía". Acepta saber que se va acercando su muerte, pero señala que ésta no le preocupa tanto como la de la humanidad: "si sigue por este camino de globalización y de guerras, la humanidad va hacia el suicidio"". Y en ese encadenamiento de ideas, descubro que tenemos algo en común: yo tampoco logro aprender ni recitar de memoria uno solo de mis poemas. ¡Oh! La soledad compartida con un amigo que no me conoce pero yo a él sí... le sigo la pista y lo leo, lo leo, lo leo. Luego, salto del leer y de su hermano el escribir. Y ello, me sana, me sana, me sana.

Nunca me cansaré de hablar del beneficio catártico y sanador del escribir, o en otras palabras, del exponer en blanco y negro lo que creo, siento o por alguna razón, experimento bajo alguna emoción: ansiedad, nostalgia, frustración, alegría, tristeza, etc. Y si se trata de emociones, aparece -en grado superlativo- el amor y sus matices, el amor y sus demonios, el amor y sus pléyades, el amor y sus náyades...y ése sí, ése sí que deja rastros en los escritos, todos encriptados, porque tiene la ayuda mágica del verso y sus tonadas que dicen y no dicen, que expresan y no, que adoran y no, que odian y no, que se enceguecen y no. En fin, por todo lo que logra el amor que hagamos en su nombre con todas las varianzas que en ello puede haber... aunque distintas en profundidad cuando ello se deja evidente (escrito) para leer en otros tiempos... ¡que viva el amor!

Oh, la alegría la de escribir... que se funde en esa alegría de leer, como la que Borges nos muestra siempre desde sus ángulos fabulosos.

1 comentario:

Hely dijo...

OCHNARF: Yo sí creo -es más, estoy seguro- de que eres un poeta desde los talones hasta la cabeza. La perseverancia y lo heteróclito de tu "textura" así lo revelan. Me parece que cada vez escribes mejor y cada vez tus poemas son distintos siendo los mismos: las capas de la cebolla que una a una retiras para descubrir otros sabores, otras lágrimas. Gracias y no pares de escribir. ¿Es doloroso descarnarse así, en palabras, no?

Suerte,


HR.