domingo, mayo 06, 2007

CONFESIONES O DIARIO DE UNAS VACACIONES SAMARIAS


Lunes

Me regaló mi mamá "Residencia en la tierra" de Neruda, y sus palabras relucientes de antigüedades, de ceniza y de apego a su terruño me hicieron volar.
Calor de árboles con poca brisa, los mismos carros, en la lejanía amarillos con rastros de verde, y mi mamá... cada vez más vieja. ¿Honra al apego de una tierra y una casa que lucha por no morir? Tal vez.
El borrico café "tostao" y un negro encima que, inclemente, lo fustiga con toda su humanidad... al sol. Una bicicleta y muchas muestras en colores de este caribe tropical, se pasean recibiéndome.

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martes

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La Residencia en la tierra que parece como el barro testigo que invitó al alfarero de Temuco a dejar tal vez para un futuro olvido (lector como yo) sus más profundos y complejos deseos, cuando une a su Chile con su corazón pleno de contradicción y de juventud. Algunos usos de palabras de hace más de 70 años destaparon una poción de impulsos que alguien me dio a beber en otra vida, para llegar a escribir, con afanes y tachones, esos versos que en noches como la de anoche muchas veces me dicté en medio del viaje, confundido con imágenes del pasado, de un deseado futuro y de mis voces que las describían. Todo ello había formado un nudo casi mágico, pero nudo al fin, que había que desatar. Y aquí, sentado en una esquina de una sala a la orilla del mar, con su ruido de compás y voz de niñera tan arrullador como en otras noches oscuras sin luna, he dejado volar mis dedos sobre el papel y mi combinación exótica de ruido acumulado, de gritos del dolor desesperado de canciones y mi corazón galopando para lograr cumplir con el encanto que me produzco cuando logro obtener este estado. Estado del que no quiero salir. Extático, lenticular, atemporal, sin intención, fecundo, perpetuo en estos instantes... y de una magia que revivifica. Tal vez mañana escribiré más.

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jueves

Y sin notarlo, y tal vez deseándolo, he estado tomando de Neftalí esos embrujos de su tierra, de su Joaquín (de quien supongo que fue un ser muy querido que murió ahogado o asfixiado); de su amor estudiantil; del fardo de las noches que se llevan en vela y entre ángeles; de los estribillos y las ideas que danzan entre el desparpajo de lo inadmisible como parejas. Algunos sustantivos tienen calificaciones que sólo a un iluminado se le ocurriría darles vida de esa manera.
Allí entre su "Residencia en la tierra" crecen caracolas y fantasmas, ángeles y gotas de agua, que hasta saltan sobre mí y extraen de mí a sus hermanos el albatros, el viento cálido, el campanario y hasta el olor del frito de otra tierra: la mía.
Vivo estos momentos de vacaciones como si fuera otro ser que dejó allá en su sitio de historia reciente, mucha de su carga de vida ambigua y se trajo sólo su corazón maltrecho y su cuerpo cansado, para que en medio del difuso transcurrir de las horas se dejara seducir por el ocio, el destrajín (si es palabra existe), el desacoso, el irremediable placer de estar sólo sintiendo, y permitirme ser poeta: El poeta que soy hoy es distinto al de esas cumbres de violencia. El poeta que soy hoy ha "pagado de contado" este pedazo de vida y sin más acicate que finalizar el año retomando el latir interno y coloso de mi verso. Estoy definiendo algunos poemas que hoy son derviches, gitanos y magos que surcan la magia, los tormentos y las alegrías que he tenido y que tengo. Gracias Neruda, por permitirme mediante tu "estímulo" el reencuentro poemario que venía reclamando mi alma, mi razón y hasta mis manos de escritor. No sé a dónde llegarán estos escritos y si serán por otros conocidos, pero sé que me confiesan y me permiten que la penitencia sean más y más poemas.

Edificio Bello Mar. Apartamento 602.
Dado a las 12:15 p.m. de un diciembre

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