sábado, enero 21, 2017

Divagaciones de ocasión

"Por donde pasan las reflexiones"
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DIVAGACIONES DE OCASIÓN

Thomas Mann, citado por Estanislao Zuleta, escribió que “podría incluso decirse que un escritor es una persona para la cual resulta particularmente difícil escribir, porque lo que va a decir es una exploración sobre lo que él es y no una comunicación de lo que sabe”.  Ese “lo que él es” me crea una gran simpatía porque yo lo he venido sintiendo así.  Es poco lo que un poeta (o mi yo poeta) puede dejar de ser mientras saca a flote sin saber cómo va a salir, su energía interna, su pulsión más humana, su forma personal de mirar parte de su mundo e interpretarlo mediante la sonoridad de alguna metáfora, el ritmo sincopado de algún símil, enmarcados en las restricciones del lenguaje.

¿Quién sabe cuántas más explosiones del ser se han guardado inéditas y nonatas por no haber podido el bardo escribirlas dada la inexistencia, en ese instante, de las palabras precisas que aquello reflejaran? Deben ser muchas y yo... no he sido la excepción.

A esta hora exactamente tengo mi pecho oprimido con una extraña pero cada vez más familiar sensación de desarraigo, de amenidad, de “¡apártate!”, que plaga mi conciencia y no me deja escribir algo más... ni siquiera sobre la vocinglera multitud de estudiantes que comparten conmigo este espacio presente de biblioteca, ni sobre el azul del cielo o la presencia alegre de mi madre en mi vida por estos días, o sobre el suspiro que debe estar surcando el aire para llegarme desde un ser hermoso que me anhela tal vez más que yo, pero que tiene la inmensa capacidad de mantener sus anclas unidas a la tierra.

Ese “lo que él es” define mis ruidos y mis pulsiones por, en este escondite, llenar renglones y cuartillas que tal vez exorcicen y saquen de mí algunos demonios.  Tal vez lo logro, pero un grito moribundo sigue expandiendo día a día un “¡Me haces mucha falta!” y eso perpetúa mis anhelos, mis ansiedades y mis nostalgias.

Francisco Pinzón Bedoya ©
19/V/2007




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