SENTIRES EN MÍ MENOR

SENTIRES EN MÍ MENOR
Libro de Poemas de Francisco Pinzón Bedoya - lanzado en noviembre de 2017

viernes, noviembre 01, 2019

Quiero creer que comparto la magia

"¿Magos?"
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QUIERO CREER QUE COMPARTO MAGIA

Tenemos la misma pluma
nos acogen los mismos vocablos
con un orden aleatorio
en que hemos accedido a leer y disfrutar:
somos de esos monstruos lapidarios

Construimos con distintas formas
los versos que destapan el corazón
que sanan heridas grandes o pequeñas
y luego –excitados- entregamos
para un acaso lector
nuestros desvaríos silenciosos:
en eso nos parecemos tanto

Tal vez en un tiempo futuro
cuando seamos otros y no los mismos
nos volveremos a acercar a leernos
y por comparación detestable
descubramos la belleza o la sordidez
de ése que fuimos... tan plácido
o tan abyecto o tan limitado
que ni nos reconoceremos

Esa es la magia que quiero dejar
para otros ojos que quizás lleguen
a mis líneas involuntarias
y se dejen seducir un poco al menos
de estas líneas en que me vierto
sin reposo hasta que ya yo fenezca

Francisco Pinzón Bedoya ©















Un detente lento

"Y ya llegó..."
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UN DETENTE LENTO

Quiero arraigar mi marcha de sueños
a este suelo que hemos pisoteado tanto
Comenzar otra vez en la huella del color
y ser frágil como el pétalo ante el granizo
Tener una apacible conversación con un libro
y luego otro y otro y sorber su fantasía
Derramar ron de caña en mi garganta
mientras por mi piel deriva un son de Cuba
Saludar las manos del ser que haya al frente
y mirarlo a los ojos y tentar su alma
Caminar sin prisas por los mismos senderos
descubriendo de verdad cómo son
Dejar que el tiempo pase con su viento
y que ondee el piar del pichón en la cercanía
Ver el cimbreo del lomo de mi perra
con su alegría juvenil y todo ese amor sin escondites
Tomar la vida como llega y como se va
sin restricciones de horarios ni quehaceres
Sumergirme en las fauces de miles de poetas
y libar su aliento congelado en el renglón y la tarde
...
Quiero arrastrar mi marcha y disfrutar...
esto que tanto me he ganado

Francisco Pinzón Bedoya ©




















martes, octubre 22, 2019

¿Mama, dónde estás?

"¡Llévame a la casa!"
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¿MAMA, DÓNDE ESTÁS?

Ya he probado suficientes temas para escribir.  La mañana está apenas para dejar que mis manos expresen lo que siento.  Fueron los últimos pensamientos que tuvo antes de caer.  La parte posterior de su cabeza rebotó en algo, dolía y su visión se tornaba borrosa.  Recordaba como por entre una nebulosa, el ruido de una explosión.  Algo lo había golpeado suponía.  Palpó tras su cráneo un líquido que olía a óxido.  Se miró la mano pero ya era borrosa.  No se podía casi mover.  Su respiración estaba muy agitada y tenía todo el cuerpo en algún piso frío.  ¿Estaba solo?  No oía nada, sólo el leve ronquido de un ventilador lejano y de una radio sintonizada con precariedad.  Se quiso levantar pero allí estaba esa punzada, ardía, quemaba, se mareaba, perdía conciencia de muchas de sus partes.  Tiritaba ya, y su pensamiento lo agitó más aún: “¡Me estoy muriendo!” Decidió pedir ayuda, gritar, a pesar de nada entender ni saber qué había pasado.  ¡No puedo dormirme!, dijo porque su cuerpo eso era lo que le ordenaba y sin saber cómo, había adoptado una posición fetal. Unas manos amorosas le golpeaban suavemente las mejillas pero él no las sentía, apenas un leve susurro y unos murmullos ininteligibles.  Trató de concentrase y era como un “¡Mijo, mijito!”.  Esa voz era conocida pero quería dormir.  Aún esa voz resonaba leve allá en un fondo que se iba poniendo blanco.  “¡Ay, que cabeza tan grande tengo!”, le pesaba.  La voz seguía allí: “¡Mijo, mijito, no se me duerma!” Una energía que no supo de dónde salía le preguntó: “¿Parece la voz de tu madre?” Un sí gigante saltó como un aliento de reserva y abrió los ojos.  Una vieja con manos callosas y llena de lágrimas lo llamaba, era su madre. La abrazó y la apretó de alguna manera porque ya se pudo mover, mientras un enfermero en la ambulancia le atrapaba una vena, y decía “¡Tenemos pulso, tenemos pulso!”.  “¡Mama, llévame a la casa!”.  No supo más. 

Cuando despertó, todo era blanco, y algunos rostros salían como detrás de un biombo de popelina.  Se vio las manos llenas de mangueritas conectadas a máquinas.  “¡Ya está despertando!” y una luz en sus pupilas que las hería.  “¡Tiene reflejos normales! ¡Creo que ya ha pasado el coma!”  Ahí sí se asustó. “¿Dónde estoy?” “En el Hospital de Santa María de Leuca” Algunos rostros se fueron acercando y allí estaba su mujer y sus dos hijitos sonriendo pero llorando.  “¿Pero qué les pasa?”  “¡Llevas 67 días aquí ya, papá!” De pronto recordó y pidió: “¡Háganme pasar a mi mama!” Hubo un silencio general. “¿Por qué, papá?” “¡Es que ella estaba conmigo!” “¡Papá, la abue murió hace más de dos años!

FRANCISCO PINZÓN BEDOYA
mayo 11 de 2018








viernes, agosto 09, 2019

El canto estrepitoso de tu risa


"Tu voz me conmina"
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EL CANTO ESTREPITOSO DE TU RISA

Toma tu mano y llévala
al sitio exacto de tu voz
para que deje salir la risa
y esos gorjeos que masajean
la parte más blanda de tu alma

Deja que sean tus ojos quienes tengan
-bajo la luz del último suspiro-
ese pentagrama esquivo y necesario
de la carcajada sin permiso

Ten a mano otros más de tus lamentos
y dales el adiós supremo / ese adiós de enero /
para que sea el color y el sonido inmenso
quienes laven tus lágrimas de olvido

Trata de oír tu voz de profunda caracola
y el tam-tam enniñecido de tu pecho
para que entres libre de oscuridades
a tu sitio / a ése donde moran
los giros más batientes del abrazo

Todo ello / todo ello
para que te ocupes de esa alegría
que llega en medio de la tormenta
-envuelta en sus fusas terribles y corcheas-
para llevarte a otro estado / a otra esfera
una de la dicha misma... sin tus miedos
y entonces -sólo entonces-
podrás gritar: “¡Estoy vivo! ¡Estoy vivo!”

Francisco Pinzón Bedoya ©
























lunes, agosto 05, 2019

Divagamos

"Así como cuando decides tomarte tus fotos desnuda"
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DIVAGAMOS

Muerdo tus poros
que respiran ternura
Te asesino en frías noches
desde mis sueños incendiarios
Quebranto ese final ahogado
y me salen focos y esperpentos
de la boca sanguinolenta

Me sorprendes / ¿Exagero?
Me tienes / ¿Me libas?
Vas conmigo a parajes insospechados
con tu falda de colores de trópico
donde hay un sinfín de esperas
y luces que vitorean el momento
en que nuestro canto se vuelve arco iris

Y por eso... en la distancia
llevo en mi mochila
ese cúmulo de arpegios
en que danzaremos
allá donde nadie espera
la faz del temple de la vida
cerca de nuestra pequeña muerte

Francisco Pinzón Bedoya ©










viernes, agosto 02, 2019

Murphy


"Para reescribir la vida, en colores"
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MURPHY

La luz que le daba en los ojos, por un instante, lo paralizó.  No pudo detectar con claridad hacia dónde disparar su cámara.  Aquella oportunidad de hacerse un famoso reportero se le había ido.  Debía volver a deambular en bus y seguir buscando el fotorreportaje que lo sacara de esa buhardilla de ladrillo descascarado y techo de zinc, donde escondía el hambre.  Se bajó al extremo de la ruta de aquel lupanar y se devolvió a pie, escondido de las miradas.  Le llamaban los aullidos, las peleas, los golpes, los gritos, los llantos: eso era lo suyo.  Le era imperioso y vital captar esa escena de primera página.  En esta época electorera, los tumultos y los discursos eran su mejor opción.  Al final, sólo suciedad, recicladores recogiendo su sustento, perros famélicos y viciosos.  Más tarde aparecerían prostitutas, pero no se quedaría.  Nada qué resaltar.

Ya se dirigía a tomar el próximo bus para el barrio, cuando un sonido explosivo, producto del choque de una gran camioneta de vidrios muy oscuros contra un pequeño automóvil gris, lo hizo voltear.  Aún el auto estaba en el aire cuando él salió corriendo, enarboló su cámara y cuando miró por el visor, allí estaba lo buscado: llamas, policías escoltas derrapaban con chispas por la avenida, visibles las matrículas y hasta el rostro de angustia y sorpresa de la otra conductora que volaba.  Disparó pero no oyó ningún sonido de clic.  Su estómago se contrajo.  El miedo ya le avisaba de algo: se le había acabado la pila a su cámara.

Francisco Pinzón Bedoya ©
22/VI/2019
























miércoles, julio 17, 2019

Hay luz

"La luz evasiva es permeable"
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HAY LUZ

Y todo se aprecia y se desentierra
de donde estaba aposentado
y es hermoso saber que hay luz
y que la sombra que proyectas está
tras la luz que te baña y te redime

Y que todo es un sinfín de respuestas
a preguntas que no he realizado
mientras las horas me atrapan
devorando las letras que te llaman

Y todo todo es uno solo conmigo
desde tu risa de incendio y humareda
desde tu fragancia que evocan mis tiempos
desde ese goce -contigo en mis heridas-
que fantasea en alguno de mis libros

Y se van anegando mis ojos
y caigo en el espasmo de mis dedos blancos
sobre una hoja cierta
que de singulares espantos
se acomoda y acepta
que ya no estás conmigo
pero te atrapa / me atrapa
y nada deja ni escapa
de este manto de versos que te escribo

Y es una simple entelequia el cielo
y sus nubes y mis cantos
mis esperas y mis quieros sin espanto...
que llego a creérmelo todo
y a seguir buscándote...
         sin freno ni descanso

Nada presume que vaya a parar
que saber que sigo
         y que sólo en ti me acallo
Nada es más hermoso que saber que hay luz
y que esa luz al final del sendero... eres tú

Francisco Pinzón Bedoya ©












miércoles, julio 03, 2019

Anturio pixelado








Irradia masculinidad, bajo la sombra de un árbol.

Francisco Pinzón Bedoya ©




Pequeñina







Toda su exhibición aprovechando el sol, es sinónimo de poesía.  Testigo de excepción, porque ella... así lo quiso.

Francisco Pinzón Bedoya ©














jueves, junio 13, 2019

Diciendo

"Tiene una magia que llena mis sentidos"
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DICIENDO

Digo del silencio
y de las burbujas tenues
que le aparecen a la voz apagada
mientras afuera tintinea la llovizna

Digo de las formas y los susurros
que se desprenden desde la otra piel
buscando el toque distinto
y la alegría que se insinúa

Digo desde la palabra que busca
el arreglo que seduce
el color que estalla en gotas
y el gemido que se esconde

Digo del hallazgo
en que se agotan los decires
y sólo queda la presencia
para que sean los roces
quienes inicien... el milagro

Francisco Pinzón Bedoya ©