viernes, diciembre 02, 2016

Porque existes...

"Tanto buscarte... y ya estabas"
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PORQUE EXISTES...

Entra sin permiso
el súbito golpeteo de mi sangre
desde esa arteria
que desde mí... invade
transmuta y desequilibra
No hay sólo sombras o soles
ni vientos que hagan la deriva
ni oleajes que estremezcan
pero desde mí... palpito
sondeo ese entorno vital
que me construye y reconstruye
a veces a mis anchas...
a ratos sin permiso
Hay un rumor de serlo todo
de conturbarlo todo
de estremecerlo todo
porque en medio del poema
del decir desde el alma
del contoneo fantástico
del pulso visceral y del suspiro
siempre existes tú
Mi vida de extremos
de entre silencios y estruendos
vale la pena vivirla
porque existes en mí
                .... y creces

Francisco Pinzón Bedoya ©








lunes, noviembre 21, 2016

Negrura de mar

"Pasaste por mí... ¿yo por ti?
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NEGRURA DE MAR

Era esa noche en que la luna me miraba
como queriendo remendarme
Traías tu cabellera larga y tus senos en mi vista
pero le diste forma a otra ola
La despedida fue mejor que el encuentro
y ya lo intuía cerca de la rompiente
Sabíamos que allí nadie nos buscaría
sólo el rubor de las manos torpes
Cuánto hubieras sido más tú
en mis caricias de hoy a mis años
Hubo el paso de tus caderas en las mías
y las palabras no echaron raíces
… ya ni las recuerdo… sólo lo hago con el silencio
Uno lleno de exilios y de marítimos besos
que fueron un sello para miles más de lunas
Sólo esta noche oyendo a Cohen
viniste a mí con tu sonrisa tras el brillo negro
de tu cabellera mitológica
No te censuro… sólo te reconozco
No te juzgo… sólo te glorifico
No te llevo a ningún altar
en esta noche en que vuelvo a mis años
de mar y de infestas risas tuyas

Francisco Pinzón Bedoya ©




jueves, noviembre 17, 2016

Pequeñinas





Unas amarillas que se asomaban
por entre un sol de final de tarde,
arriba... en Santa Elena.



Ese jardín que nos corona con colores
y hermosos arreglos flambeados
por natura







miércoles, noviembre 16, 2016

Pedido II

"Sé certera, sé tú"
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PEDIDO II

Vuelve pronto
entre el lenguaje ansioso
de mis pobres delirios
como el ser que entiende
que desafía
mis soledades instantáneas
para colgar de otros diarios
aquello que no alcanzo
siquiera a dejar
al arbitrio de la historia
... tal vez de una
que con pocos visos de certeza
pondré a disposición
de algunas miradas sinuosas
que quisieran preguntar

Francisco Pinzón Bedoya ©





lunes, noviembre 14, 2016

Se parece al cielo

"Pasas y te quedas en el sueño"
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SE PARECE AL CIELO

Mi desconcierto es tu boca
y la forma en que me miras
Mi deriva se ancla a tu espalda
y enloquecemos en la conjunción
La entrega se eleva sobre los dos
en una danza que fluye y desborda
Podríamos volar y ser estrellas
en esa consonancia sustancial
Nunca llegamos a agotar
los motivos de hallarnos temblando
Cuánta ficción se hace verdad
en este tiempo de deleite

Francisco Pinzón Bedoya ©






sábado, noviembre 12, 2016

Hybiscus Grandiosa







Un regalo propio de Pacha Mama
para mis ojos que lo agradecen...

Ojalá los de ustedes... también

NEL BLU DIPINTO DI BLU







NO ES UN POEMA

El amor y las gotas
florecen en azul
como una ofrenda

Entregan su belleza
y su candor de aromas
en un solo canto

Francisco Pinzón Bedoya ©









lunes, noviembre 07, 2016

Espiga azul



Una espiga de una de las tantas variedades de bromelia
que se dan por esta tierra bendecida por un trópico
.... ¡espectacular!



Una vez hubo...

"Estos colores aún los vivo en el patio de nuestra casa"
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UNA VEZ HUBO...

Delante de mi casa hubo fincas y aldabones y mugidos de vacas esperando su ordeño. Fuimos los primeros en “colonizar” terrenos ancestrales de labranzas de centurias antes que nosotros.  Por el suroriente había un humedal donde en tardes de lluvia se alcanzaban a ver las garcetas y los alcaravanes.  Las mañanas estaban llenas de neblina, y de rocío se cubría el pasto que hacía brillar el sol de los caminos.  Algunas cuadras abajo, donde apenas “la civilización” iba avanzando, algunas casas bifamiliares disfrutaban de ser casi todos trabajadores de la misma empresa, y era un barrio de familia aunque ya se luchaba por instalar la primera antena parabólica que contaba que existía Laura en América.  Era infaltable algún tipo de abrigo para bajar las nueve cuadras hasta donde pasaba el bus, ése que me llevaría al laburo de aquel tiempo.  Las ardillas, las torcazas, algunos loros bullosos, rondaban las copas de los árboles, especialmente los de mango y aguacate.  Cuando el guayacán amarilleaba el frontis del horizonte, mi vista se deslumbraba en oros y algunas deidades se dignaban bajar a broncearse entre tanto azul de fondo en esos días de intenso sol.  Un par de señores llenos de canas, padre e hijo después supe, me saludaban mientras yo paseaba en su coche a mi bebé por un camino empedrado, mostrándole el aire nuevo a que lo había traído a crecer.  Ellos cultivaban las más bellas orquídeas (Catleyas me decían) en el más asombroso color lila que hubiera visto.  Se daban por cientos en las canastas adosadas a los árboles a la entrada de su casa. Era sólo salir a pasear y encontrar el olor de la quebrada y del bosque. Aún el yaraguá esplendía con su mota blanca por sobre algunas parcelas y llenaba la nariz de su aroma inconfundible.  Los árboles de pomarrosa floreaban al tiempo, y en un instante había cosecha que era esperada por cientos de ardillas, pájaros y hasta alguno que otro mico que nunca se dejó ver. A pocas cuadras, los vecinos discutían el cómo y el cuándo de su acueducto veredal para las necesidades de sus fincas-casas donde habían nacido viendo crecer la ciudad que ya les “llegábamos” a sus pies.

Hoy, me lleno de suspiros y remembranzas.  Mi casa está rodeada ya de edificios de veinte pisos o más.  El ruido lo invadió todo.  Motos, buses, carros de basura, gaseosa o leche, estridencias de descerebrados en una seudotaberna de la esquina los fines de semana y los días festivos de fútbol ahogan el espacio.  El aire se calentó y el verde de los bosques va muriendo aceleradamente.  Los sacos se han cambiado por ventiladores y bermudas.  La quebrada que pasaba por el medio del bosque hoy es apenas un hilo hediondo de algas, lama y mugre.  El croar nocturno de las ranas es acaso un delirio sin sustento de los veteranos que nostalgiamos en silencio.  Algunas guacharacas desesperadas todavía navegan por las copas de algunos árboles sabiendo que serán sus últimos vuelos.  Las mañanas ya no son sino eso, recuerdos.  Algún criminal nuevo rico en su nueva mansión de mármol, exportador de sueños blancos al norte, quema toneladas de pólvora casi todos los días porque sí o porque no, y el desespero lleva al suicidio de miles de mascotas porque su oído se les reventó hace mucho rato. Nada de lo que era es más. La ramplonería invade las calles que tuvieron que ampliarse para soportar tanta contaminación.  La “ciudad” ya nos tragó.  Somos deglutidos y ya al albor de la vejez estamos condenados a ser expulsados.

Por fortuna, me digo, mis hijos ya crecieron y son aves que vuelan por el mundo con sus remembranzas de haber vivido en un edén temporal que los acogió en sus primeros años.

Francisco Pinzón Bedoya ©
23/VIII/2016







sábado, noviembre 05, 2016

Bella sorpresa

(Tomada en el patio de nuetrsa casa en Envigado - Antioquia - Colombia)


Ella se aprovecha de su similitud con las orquídeas

Es un flor tripartita

Bella y elusiva por su fragilidad


Es pasajera