domingo, agosto 21, 2016

Inquieto

"San Joaquín - agosto 20 de 2016"
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INQUIETO

Se rompe la simétrica quietud de mi alborada
y escucho muchas voces / muy cercanas
como ronroneando un colosal grito
de sencillos y hasta cortos estribillos
Ruido de inquietudes y silencios
en verdades de cada noche... incipientes
sobre mi almohada y mi respiración
Jardines de instintos muy primarios
brotan de mi ser / Tiemblo y dejo que se asienten
Un búho rojo de sombras y luciérnagas
vela en derredor tras su presa... Yo, ese ratón
Un techo que se estrella y yo... salto lejos
Mi nombre sol que tiene visos de valle enamorado
como un concierto para dos que ya no son
se interpone en el camino del cadalso
Como las gotas al caer sobre mi cuerpo
siento eterno el paso de los tiempos
Atmósfera de insania y pasión enternecida
Testamento y flores / fotos y esperanzas
Sólo sé decir que repitiendo
extraños vocablos como estos
que ya no están / que ya no suenan
podría seguir así... hasta el alba
       y luego repasando como anoche...
mi sueño... he de regalar como ahora quiero
       toda mi tristeza

Francisco Pinzón Bedoya ©





viernes, agosto 19, 2016

Tantos opuestos

"¿Me buscas?"
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TANTOS OPUESTOS

El flagelo o la bronca
moradores del destello
que anuncia infaustas notas

El corto tramo hacia el precipicio
y ese ardor por dejar pasar los días
de los amores y todo lo exquisito

La noche que ronca sus muertes
y las deglute como moscas
al lado del oro y sus mentiras

Tantos triunfos que se le atribuyen
y yo... aquí escondido / leyéndote
solazándome con la vida

Francisco Pinzón Bedoya ©






jueves, agosto 18, 2016

AMIGOS DE LA POESÍA: ENTREGA N° 67 - DEL RITMO Y SUS EFECTOS Y CONTENIDOS EN LA POESÍA

(*)




AMIGOS DE LA POESÍA: ENTREGA N° 67 - DEL RITMO Y SUS EFECTOS Y CONTENIDOS EN LA POESÍA

Nadie puede sustraerse del poder mágico de las palabras
 “Para que el lenguaje se produzca es menester que los signos y los sonidos se asocien de tal manera que impliquen y transmitan un sentido. La pluralidad potencial de significados de la palabra suelta se transforma en la frase en una cierta y única, aunque no siempre rigurosa y unívoca, dirección. Así, no es la voz, sino la frase u oración, la que constituye la unidad más simple del habla.

(“El ritmo” Octavio Paz)

En ese orden de ideas yo –admirador y devoto de las palabras- no soy ajeno a sus conjuros y sus efectos amatorios, sanadores, endulzantes, fantásticos y hasta obscenos. Por ello, me atrevo a llegar a ustedes con la misma cantinela de muchas entregas: la poesía y su cadencia en los salones de baile del alma, porque entre la música y el verbo hay una infinita conexión llamada verso, llamada grito desde el bardo, llamada espasmo... en fin, llamado como uno quiera.  Las cosas viven cuando se les nombra y quien lo hace, las crea, les da sentido.  Por algo Martin Heidegger (Carta sobre el humanismo) escribió que "el lenguaje es la casa del ser. En su vivienda mora el hombre. Los pensadores y los poetas son los vigilantes de esta vivienda".  No pretendo aquí, a pesar de lo que parezca, adelantar disquisición filosófica alguna sobre el lenguaje y sus poderes.  Es más mi deseo de “ventear” mi porqué creo que en la poesía debe haber: Ritmo y sentido, “no basta con decir algo... hay que cantarlo” (como lo escribí por allí en otro texto).  Y otra vez... todo gira, en mí, en torno a la poesía.  Transcribo aquí a Borges, porque es oportuno, cuando decía “Porque todo el mundo sabe dónde encontrar la poesía. Y, cuando aparece, uno siente el roce de la poesía, ese especial estremecimiento”, y yo añado: “¡Como esa mirada al añorazgo verde que me cautiva!”, un verso de un poema que aún no escribo, del cual tengo ya el ritmo.

He escuchado atentamente la dicción tortuosa de Neruda con su contagio monocorde pero lleno de acentos y de palabras aladas, últimamente en mis viajes diarios.  Escucha uno el gemir de la fragua, la herida vegetal, la pasión insigne por el obrero y su carbón y su cobre, la exacerbación de la pasión  por su Matilde, América llena de penumbras, soles y sangre, y la inextinguible destreza de moldear sustantivos con adjetivos que -sólo después de él- se han convertido en parejas. Fonemas crecen desde su garganta, que ya lleva 34 años de enterrada,  y sus enormes símiles por donde canta su poesía llena de conexiones entre sus mundos mágicos, plagados de los lenguajes de su cosmos. Y en todas sus entonaciones salta el sentido, la letra, el significado de la palabra, pero -especialmente- el ritmo que aligera o se apropia del alma de quienes le escuchamos.  La clave está ahí, creo, en esa poesía atropelladamente vibrante, veleidosamente anegada de toda una vida de sentires en vivencias apetecidas por la mayor parte de nosotros.

Me solazo a ratos también con la voz anciana (es de la única que dispongo) de un Borges que desdice de sí pero ensalza al otro Borges, a ése que se pavonea por salones y recintos, por avenidas y tabernas, mientras el suyo se acuartela tras los muros de sus libros de Babel, su biblioteca de espantos, laberintos, espejos, recuerdos, oscuridades y tigres como minotauros.  Cambia giros y entreveros, con su voz cascada, por temores y delirios ante su Buenos Aires a punto de desaparecer de su memoria ingente de luces que ya no ve.  Admiro en esos matices viejos de su voz, la exhibición del prodigio que vivía en él con su memoria, en Tlön, en Uqbar, donde casi puedo decir que Borges es –repito- su memoria.  A veces he leído opiniones de otros autores que “olvidaba para poder volver a recordar”. Sin embargo, en todos sus cantos... está presente su ritmo... su escogencia de cada milonga borgeanamente bonaerense... su partir desde el cero hasta un ligero estertor de muerte ostentosa o callada.  La clave está ahí, creo otra vez, en esa forma tan suya como su ceguera de entrar a formar parte de nosotros, con esos celestes versos sonoros que son estudiados en miles de lugares del mundo -todos los días- por miles de ojos... tal vez mucho más ansiosos que los míos.  Borges escribió en el prólogo de La rosa profunda (1975) que: “La misión del poeta sería restituir a la palabra, siquiera de un modo parcial, su primitiva y ahora oculta virtud. Dos deberes tendría todo verso: comunicar un hecho preciso y tocarnos físicamente, como la cercanía del mar”.  Ello tal vez será lo que, con el mismo oleaje sonoro y redentor de Borges, he escrito en algunos poemas recientes de oscuridad y claridad simultáneas.

Ante este panorama, he cambiado de “emisora” y aparece la voz de Euler Granda, ecuatoriana y chola como la que más, con sus erres arrastradas, con su aparente descaro de decir lo que dice y sin embargo en medio de ese basilisco de palabras propias o inventadas para su voz chola, aparece un ritmo que cautiva y que lleva a entender la “La bizca, / la bizcacha, / la tuerta, / la tuertacha”, con “eulerismos”, sin eufemismos, uno entiende que se refiere a los efectos de la droga y su crítica desde la voz del pueblo, desde “la base” como dirían algunos otrora famosos mamertos que circundaron mi vida juvenil. 

Nada entonces dice o decreta qué es ritmo y poesía en simultánea sino que más bien hay un algo en que se abre ese espectro del verso, se adocena el campo del mismo verso, y se universaliza su mensaje del sentir.  Como anécdota les cuento que es lo mismo que se siente cuando en el Festival Internacional de Poesía de Medellín, llegan hasta los oídos voces en idiomas en donde ni siquiera distinguimos sus sonidos, pero con la musicalidad, la cadencia y la entonación del poeta nos dice… de la belleza y de ese sentir que nace detrás de esos arrullos o gorjeos, como ocurre con las poetas árabes (o poetisas, tema que no discutiré por ser tan espinoso).

Las cimeras notas melódicamente arrobadoras de los declamadores como Rodrigo Correa Palacio anuncian la apropiación melódica de poemas mayésticos: “¿Quieres que hablemos? Está bien. Empieza”.  Es un anuncio de una voz que ya nos dejó, pero que se posterizó en su legado de declamaciones. Y es entonces cuando uno siente que Ismael Enrique Arciniegas vive aún… a través de la voz y del ser más que lo que él mismo escribió.

En un trabajo desde el Palacio de Bellas Artes de ciudad de México, Sabines –quien no se sabe de cierto- nos encanta con los enamorados, con su chiapaneca voz, con sus azares y su voz que se quiebra en medio de los aplausos de los asistentes, porque –creo que sin él saberlo- les agradece la vida que le dan a sus poemas.  Uno que para mí han sido todo lo distintos después de haberlos oído en el canto emotivo de su autor.  Tal vez sólo él sabía antes de dejarse oír, cuál era la tonada de aquel o este poema. Ritmo de quejidos y realidades.  Ritmo en la invocación con su sello.  Ritmo y algo más... a pesar de que son esos mismos versos que ya teníamos y ya habíamos leído.

Aún la ironía asmática y centenaria de Gonzalo Rojas tiene su baile y sus requiebros sobre su nostalgia y su no arrepentirse de lo que hoy todavía canta y se revuelca.  En versos como “Allí bella entre todas reinabas para mí sobre las nubes de la miseria…” se notan las caricias que entrega y después de ese burdel en su voz… “no ha podido aún saciarme nadie… y te perdí y no pude nacer de ti otra vez”.  Toda la ironía y el permiso que se da a sus ochenta y tantos años, nos enseña cómo se “baila” la escucha de sus poemas.  Tiene la esbeltez que da su lentitud y su recalar en puerto antes de morir… cuando toca su sirena en sus versos, llenos de compases y danzas de otros tiempos… plenos de afectos.

A mí por ejemplo, me invoca a muchos atrevimientos recitarme las “partituras” de un auténtico y agradable de Benedetti.  Ese “Tarararara tararararara rara” (o como deseen hacer su “onomatopeya”) del uruguayo, de seguro que ha tomado por asalto a más de un poeta y le ha hecho escribir versos “benedettianos”, casi sin darse cuenta… A mí me pasó después de unas noches leyendo sus Inventarios.  Tiene la capacidad de impregnarnos de su verso, su cadencia y de su sencillez… Gracias Mario Benedetti, gracias por todo lo que me has enseñado… sin tú saberlo.

Podría decir más y más de muchas de las voces que están encerradas en mis CDs de poesía viva, como yo la llamo, pero no sería más que corroborar que si bien es cierto que la poesía no debe tener (a mi juicio atrevido) rima quevediana o del más clásico español de oro, sí es requerimiento que tenga ritmo, que tenga ritmo, que tenga ritmo.

No obstante he de parecer voluble cuando incluyo en esta ENTREGA un párrafo muy interesante para ilustrar el concepto, que es de otro alguien mayor cual poeta colombiano vivo, quien logró decir de alguien lo que yo intento decir aquí del ritmo del poema: “La melodía que tiene en sus versos la lengua castellana es tal vez lo más sorprendente que Arturo ha hecho para nosotros. «Comodidades métricas» llamó alguien alguna vez a la gran revolución que Silva y Darío trajeron a nuestra lengua. A menudo, desencantados por los poemas de esos dos libertadores, olvidamos que ellos modificaron, y Darío ante todo, nuestro ritmo, nuestra respiración. Muchas cosas, sin duda, no podían decirse en castellano antes de la pasión, la vivacidad, la diversidad temática y rítmica que su labor legó al idioma. Porque no bastan las palabras: una labor más secreta en la depuración de una lengua está en la sintaxis, en el ritmo, en la capacidad expresiva de las combinaciones verbales. Creo que nos aproximaron a todos a una relación estética con las palabras, labor casi divina en nuestra cultura a medio hacer.” Del ensayo "La palabra del hombre" de William Ospina sobre el poeta colombiano Aurelio Arturo.

Si oyéramos entonces a Porfirio Barba Jacob leer el siguiente poema, creo que comprenderíamos al fin su voz más pura, su ritmo más premonitorio y final. Aquel que encarnó en auténticas obras de arte y pudo con ello, prever su perdurabilidad.

FUTURO

Decid cuando yo muera... (¡y el día esté lejano!):
soberbio y desdeñoso, pródigo y turbulento,
en el vital deliquio por siempre insaciado,
era una llama al viento...
Vagó, sensual y triste, por islas de su América;
en un pinar de Honduras vigorizó el aliento;
la tierra mexicana le dio su rebeldía,
su libertad, sus ímpetus... Y era una llama al viento.
De simas no sondadas subía a las estrellas;
un gran dolor incógnito vibraba por su acento;
fue sabio en sus abismos -y humilde, humilde, humilde-
porque no es nada una llamita al viento...
Y supo cosas lúgubres, tan hondas y letales,
que nunca humana lira jamás esclareció,
y nadie ha comprendido su trágico lamento...
Era una llama al viento y el viento la apagó.
 
Este poema tiene el punzante laconismo de un epitafio, y como dijo algún crítico “resume esa huida constante de sí mismo que fue su vida y esa contradictoria tensión que le dio a la vez energía y muerte a su poesía, todo ello dentro de una erguida concreción verbal.”, que yo complementaría “con un perfecto ritmo sintáctico”. 

Como colofón de esta ENTREGA quiero repetirles que para mí, aunque el ritmo lo sea casi todo, de él he descubierto en mí algo más: cuando logro leerme en voz alta poesías de otros como ésta, después de escucharlas, ellas ingresan a mí, a mi ritmo, en mi son, en mi tono, bajo mi forma de sentirlas, pegadas más a lo que me corre por la piel de mi alma en ese momento, que lo más seguro es que sea un poco distinto a lo que cada autor quiso decir de su propia poesía. Ello tiene una inmensa ventaja: que esa percepción cambia con el tiempo. Entonces, en cada uno de los “yoes” que soy en cada edad tengo un renacer de cada arenga o quejidos ajenos y de cada arenga mía en versos, y así… se remoza el ritmo y se renueva el poeta.  Es decir, he encontrado el secreto de multiplicarme a través de ritmos y versos, a través de otros y replicarlo en mis versos. ¡Qué agradable descubrimiento!

Por hoy, no es más. Saludos a todos, AMIGOS DE LA POESÍA, por seguir ahí a pesar de toda esta tanda de palabras abrasivas que arrojo sin su permiso sobre todos ustedes, y hasta otra oportunidad.  Aprovecho para saludar a aquella persona que se fue y ha vuelto, que está siempre cerca de la poesía y de sus libros, no importa si negros o verdes; y también a aquellos que con sus voces de aliento mantienen vivas estas ENTREGAS.

Su poeta amigo: Francisco... y no dejen de visitar mi BLOG, podrán ver mis nuevos post y un rediseño gráfico de las fotos de la hoja. http://poesia-letras.blogspot.com

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cascado, da.
(Del part. de cascar).
1. adj. Dicho especialmente de las cosas humanas: Que están gastadas o muy trabajadas, o que carecen de fuerza, sonoridad, entonación, etc.


disquisición.
(Del lat. disquisitĭo, -ōnis).
1. f. Examen riguroso que se hace de algo, considerando cada una de sus partes.
2. f. Divagación, digresión. U. m. en pl.

cadencia.
(Del it. cadenza).
1. f. Repetición de fenómenos que se suceden regularmente.
2. f. Serie de sonidos o movimientos que se suceden de un modo regular o medido.
3. f. Proporcionada y grata distribución o combinación de los acentos y de los cortes o pausas, en la prosa o en el verso.
4. f. Efecto de tener un verso la acentuación que le corresponde para constar o para no ser duro o defectuoso.
5. f. Danza. Medida del sonido, que regla el movimiento de la persona que danza.
6. f. Danza. Conformidad de los pasos de quien danza con la medida indicada por el instrumento.
7. f. Fon. Bajada última de la voz en la parte descendente de la frase.
8. f. Mús. Manera de terminar una frase musical, reposo marcado de la voz o del instrumento.
9. f. Mús. Ritmo, sucesión o repetición de sonidos diversos que caracterizan una pieza musical.
10. f. Mús. Resolución de un acorde disonante sobre un acorde consonante.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados




Escrito en septiembre de 2007

(*) Foto tomada de Flickr
de la fotógrafa Sam Marie, titulada "Poetry - Coffee shop mornings with best friends are the best"

domingo, agosto 14, 2016

Desde esos símbolos

"Doble y nada"
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DESDE ESOS SÍMBOLOS

Esa terredad que brota
del manto musgoso sinfín
se sube por la blancura a media asta
llenando vidas y redondeces:
sólo falta la mano de un milagro
que haga ver lo que nunca se ha visto
... un bardo que siente esa sensualidad
y cambia el frío que se expone
sus mejores emociones

Luego...
desde  esa habitación de ajedrez
se oye un canto que trae promesas
y una oferta desenfocada:
tal vez otra mañana
pueda soñarla... con menos distancia
y al son del galope de esas caderas
que atrapan... toda esta hombría
débil y bullanguera

Francisco Pinzón Bedoya ©






sábado, agosto 13, 2016

Como esa vez

"Entre vahos y vapores"
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COMO ESA VEZ

Ya tú pasas y te escondes
entre la selva de letras y colores
cual cometa de galaxias lejanas

Planeas por sobre mis versos
como se hace ante los conjuros:
con miedo y curiosidad

Luego vuelves a desaparecer
y sólo me queda el mutismo
y esa insaciada sed de sentirte

Son abandonos y encuentros
que no se separan por mucho tiempo
y que se vuelven  evidentes
cuando aparece una leve huella
en el vaho del vidrio de la ducha
donde quedaron las huellas de tus manos
esa última vez que nos tuvimos

Francisco Pinzón Bedoya ©





domingo, agosto 07, 2016

Boca de rosa

"♫♪Qué linda eres... tú♪♫"
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BOCA DE ROSA

Boca de anhelos en las noches
en que se cierne la soledad
y trepan desde el recuerdo algunas notas
de una canción sin escribir

Boca que cumple con la dación sobre mí
en un rictus de alegría que hace que mi ser
vibre al ritmo de sus sones endiablados

Boca que se acerca a mi delirio de soñarla
ansiosa y con el resto de la noche para sobrevivir
a ese calor que se riega... por toda su alma

Boca que queda en la mitad del todo
con su saludo fecundo que me toma
a sabiendas de que seré… solo suyo

Francisco Pinzón Bedoya ©





sábado, agosto 06, 2016

Tiempo de liberación

"Manos que liberan"
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TIEMPO DE LIBERACIÓN

Recorre una música secreta
el plano de mi alma
Lo insepulto se evapora y no quedo sino yo
con este frescor que anhelo
Deshecho lo que me sobra
quiero ser sólo esa parte que amo
... todo lo demás es fardo
Una procesión de notas me guía
Saco partido de esta huida
y dejo de ser tan fastidiosamente miserable
No más deberes / no más tareas
no más prestarle tiempo a los demás
Es el tiempo mío...
éste en que sé que voy a morir
Mi mente ha llegado a ser tan pequeña
que he ahorrado mil momentos
para descartar lo que pesa
y hacer de mi mísero ser
uno liviano / pleno de alabanzas
Voy a conquistar el Dios que me ama
No más sufrimiento
No más cargas para los demás
Soy la alegría libre que predican
los libros sagrados de mis recuerdos
de mis viejos / de mi campo
Viajo muy lejos con mínimo equipaje
No me lloren / Ya llegué al final
No estoy ya / No derivo más
Soy quien siempre he querido ser
sólo que hasta ahora... no lo sabía

Francisco Pinzón Bedoya ©







Es una oda al hallarme...
Gracias por pasar