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miércoles, julio 09, 2025

Liberación


 

 

 

LIBERACIÓN

 

Expulsado de su esencia, le pareció que el mundo afuera no era el mismo.  A las personas de la calle se les deformaban sus caras y eran gestos de carnaval del dios Momo, su equilibrio era precario y se iban cayendo a su paso como por una fuerza extraña que emanaba de él y los arrollaba.  Ésta lo sorprendía y no paraba de alegrarse de despuntar, al fin, en algo. Había un aire que pesaba mucho y era irrespirable, pero a los demás tal vez no les importaba.  Se asfixiarían y en lugar de advertirles, una sensación de indiferencia se apoderó de su ánimo y, sin querer, le brotó una enorme sonrisa.  Ya no se sentía parte de este tiempo que hacía unos instantes creyó era el suyo.  Su espíritu más puro se estaba elevando por encima de los techos y los edificios, y sintió su liviandad al flotar.

 

Los transeúntes a duras penas acataron a inmovilizarlo tras un vigoroso ataque de epilepsia y su caída estrepitosa contra el andén.  Su ayuda no era muy coordinada ni con conocimiento para tratarlo. Fue inútil, de un mordisco súbito se cortó la lengua y, con su sangre, se estaba ahogando.

 

Que le importaba ahora todo, su sensación de libertad le iba ganando y su ascensión a un azul profundo muy atractivo, lo llamaba.

 

Francisco Pinzón Bedoya

noviembre 7 de 2023

 

 

martes, julio 12, 2022

Del viajar distinto


  

 

DEL VIAJAR DISTINTO

 

El verdadero viajero literario es un testigo, un descubridor, un mostrador de lo no evidente, de lo que no dicen los folletos de promoción; es un relator de lo humano en cada sitio, en cada camino, en cada comarca, eso sí, enmarcado en lo histórico, lo arquitectónico, lo que ha dejado el paso de la civilización si es del caso o de lo que se adivine o explore donde haya una naturaleza prístina, pero eso sí, todo ello debe ser accesorio.

 

Este viajero está presente y registra, por encima del bullicio o del silencio, del tropel y los excesos, del respiro y el jadeo, lo que capta de las pulsiones, los deseos y las mentiras, y pone otra mirada distinta que le da lustre a lo viajado, pero en especial a la gente que hace el viaje, sin ello no hay literatura, no hay nada, sólo vacaciones.  No es una mirada totalizante ni generalista, es todo lo contrario, individualiza a Pedro o a Juan, a Lucrecia o a María, en su sentir, en su ámbito, sin alterarlo, sin transformarlo, como si él no existiera, como si fuera un espíritu puesto al servicio del registro, sin ser objetivo, ya que pone su sello en lo que narra.

 

Muestra lo que no se ve, como: el hambre del titiritero de la esquina; la noche tumultuosa del grupo de gitanos quienes con ojos inyectados en sangre buscan con qué comprar un desayuno; el señor muy gordo con un acordeón monumental en la entrada de una de las estaciones del metro, interpretando a Bach sin que le importe si la gente que pasa presurosa se detiene o no, pero con la convicción de que Bach inundará los túneles a la par de los trenes; los niños rubios sorprendidos por el regaño en otro idioma de un guardia porque están alimentando a los cisnes en un canal de una ciudad embrujada.  En fin, algo así debe mostrar un viaje, aquello que no explican ni las fotos.

 

Eso es viajar, eso es ser este tipo de viajero... creo yo.

 

Francisco Pinzón Bedoya ©

julio 5 de 2022

EL APRENDIZ DE BRUJO

 

Piazza Navonna
Rome

 



jueves, noviembre 04, 2021

Lo cotidiano en mi barrio y mi país de desastres


 

 

DIVAGACIONES ALREDEDOR DE

LO COTIDIANO

EL BARRIO

Y MI PAÍS DE... DESASTRES

 

Lo privado en público, el quicio de la puerta a la calle, ese estado en donde los vecinos se enteran de lo que se dice, lo que se ve, lo que se imagina y da origen al chisme, los supuestos comunitarios, es allí donde hay un drama del límite, de lo que se puede o no se puede saber “afuera”.  Tal vez por eso los pudientes mantienen “su puerta” lejos de lo público, no sea que “afuera” se sepa de sus intimidades.

 

Quizás por no tener claro ese límite, muchas de las rencillas y consejas del barrio se dan.  Se nos olvida que cuando estamos en “sociedad” y aunque no lo tengamos presente, hemos firmado un contrato social de comportarnos según algunas reglas que en parte son leyes y en parte pueden ser “buenas costumbres” sociales, o Urbanidad como lo llamaba Carreño, o en complemento hay ciertos dictados éticos que guían.

 

Muchas lenguaradas provenientes del desconocimiento, de la ignorancia y hasta de la inocencia, hacen daño al prójimo, al otro, al vecino, dando forma a esa violencia soterrada que favorece la perpetuación del gueto.  Es orquestado por quienes manejan a su antojo las barriadas.  Y a ese cóctel le agregan hambre, drogas, miseria, crean la tormenta perfecta que alimentan como soldados.  ¿Cómo lo hacen quienes mueven los hilos? Hay manuales como El Príncipe. El titiritero mayor ordena pan y circo, y reguetón con licor barato, más y una enorme dosis de odio y miedo, como condimento sustancial. Para quienes se salgan del molde se crean pequeños infiernos donde no hay reglas para la muerte, siempre controlables en las fronteras. ¿Será por eso que en mi medio se llaman “Comunas” o más fácil de controlar por “cuadrantes”?  Todo está servido para mantener el barrio “en sus justas proporciones” como diría el político lenguaraz que fue presidente.

 

En este reino, la educación abierta y universal no es permitida.  No de manera frontal sino vedada la regla.  La orquesta crea iguales, que dé visos de democracia, pero con condiciones de gueto a quienes acceden a este cuento por algún accidente de la enseñanza pública.  Allí se vuelve a repetir la fórmula y se acicatea a la muerte.  Se mantiene vigilada esta turbamulta con miles de mecanismos.  En el sector real se prefiere a los aconductados que arroja el sistema, porque mal que bien, han sido juiciosos y saben cuál es el premio: “mínimo estrato cinco y una familia feliz”.  Ser fiel y leal al sistema es “gente de bien”, los demás: gleba y lumpen, y otros epítetos que han llevado hasta “mamerto” en estos tiempos de pandemia y de extremos. 

 

La fórmula se ha adobado ya con principios de viejas dictaduras: la polarización.  “Si no piensas como yo, estás en contra mía”, y corre el reloj.  De ahí el asesinato selectivo de líderes sociales, desde aquel que le enseña a las comunidades pobres cuáles son sus derechos hasta quien le da de comer a uno que tiene más hambre que él. Todos son víctimas, y hasta han vuelto eso un negocio: quizás hasta le hayan puesto precio a la cabeza de aquellos líderes que un matarife señala y selecciona, como en los mejores tiempos de pablo, cuando cada policía muerto estaba tasado en dinero.  Nada mejor como ejemplo de la aplicación del miedo.  Si por alguna razón, al matarife de turno se le ocurre tener algún tipo de interés económico neoliberal por algún territorio, entonces hay que desplazar comunidades enteras para destrozar los núcleos sociales y engrosar las barriadas de las ciudades que ya están controladas y echarles más condimentos de muerte.

 

A quienes más hay que perseguir es a los artistas.  “Esos no piensan como queremos”, esos son “raros”, acabémoslos en todos los ámbitos: morales, físicos, sociales, así seguirán siendo parias y nadie los escuchará, facilitémosle las drogas para paliar toda el hambre que tendrán, así serán una penosa llaga social.  Todos, ardides inventados y bien aceitados para tener la plebe “controlada”.  Ojo, en las cartillas nunca está la idea de atacar sus obras ni los temas, es un descrédito sistemático a las personas. 

 

El segregacionismo a las minorías es patético, está arraigado en el complejo de inferioridad que manejan las clases dirigentes, quizás.  A alguno se le ha ido la lengua pública hasta llegar a declarar al Chocó, territorio de negritudes: “no apto para darles nada, allí se pierde todo y es como echarle mierda a los cerdos” dijo.

 

Queda mucho por divagar, luego sigo.

 

Francisco Pinzón Bedoya

octubre 2021

 

 



lunes, febrero 19, 2018

Escribo en mi deriva

"Lo que rodea mi escritura"
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ESCRIBO EN MI DERIVA

Escribo para decirme desde la ruptura de toda cortapisa, para ser un yo que se eleva.  Me deshago de la máscara y el llanto, del sudor y del tormento.  Un sol de labios me traduce, una ola rudimentaria me ayuda a pulir.  Las manos, instrumentos de concierto, cantan su encierro y dan la lentitud al caos y a las miles de voces que hablan desde un yo, a veces desbocado.  En la soledad esférica miro el cielo y un ejército de flores me protege, me regala el color de sus verbos y permea toda mi conciencia, porque quizás quieren ser a través de mis deseos.  Los sentires se elevan en un gozo indefinible, desde donde saltan nombres y adjetivos, risas y boleros, como el ritmo de un bongó de Santurce o la flauta del mejor sanjacintero.  Soy así el instante derretido en sombras y en extravíos, y uso el verso como una herramienta, forjada en llamas, esculpida en piedra y a la vez, fluente como un río. Con esa urgencia visceral, lleno cuartillas porque quiero, sólo que no sé dónde empiezan ni dónde van a parar.

Francisco Pinzón Bedoya ©




lunes, julio 25, 2016

Reseña del libro "La senda de las espigas" de Boris Rozas

"Carátula"
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Reseña del libro “La senda de las espigas” de Boris Rozas

Por: Francisco Pinzón Bedoya

Esta reseña es más un atrevimiento que un tratado que pretenda desentrañar la obra del poeta.  Sírvanse dispensarme por el tamaño de mi invasión a los pasos de un autor permeado por el idioma y la sensibilidad.  A pesar de ser un libro antológico que está lleno de milagros, de cientos de tiempos que brotan desde muchos rincones del alma, lo he leído como ese fluido continuo del autor, pues desde él viene la selección que tal vez pretende reflejar sus distintas épocas desde alguna contestataria hasta la más amorosa, con poemas llenos de madurez poética digna de ser revelada a quienes quieren aprender a “decir versos” como un referente tal vez.

Este libro no se llena de artificios gramaticales pero sí de algunas libertades, pues expone al lector a que derive por su poesía como un sediento en busca del hilo conductor que está atento a ser destruido pero nunca lo logra.  Es una voz que dice desde un yo que vira según el poema y sus deseos de quedar impreso en sensaciones viscerales, algunas veces latentes y en otras explícitas.  Tiene miles de hermosas y novedosas metáforas que incendian el sentir y el intelecto: “(...)rumiando / la hierba de los días

La tierra, el agua, el fuego y el aire están omnipresentes en toda su selección: “En defensa de estos hombres que construyeron esta tierra / son mis días, esta es mi agua / Menos mal que el fuego me hierve por la sangre / Secaba mis manos con tu pelo tomaba el aire de tu espalda”.  Esa unión vívida con los elementos, va calando en muchos versos que casi obligan al lector a identificarse con ellos. Tal vez buscan señalarle un camino que contiene desde lo fundamental y profundo, lo existencial y majestuoso, hasta lo primario, lo carnal, lo básico.

La presencia femenina y la familiar aparecen y desaparecen como por encantos sucesivos, donde se espera y no se desfallece.

“He venido a verte porque espero ser tu única casa, tu jardín
 más hermoso y último, tu vida.”
(...) tomas tú mis raíces,
               yo bebo de las tuyas.

Esos poemas cortos llegan al alma como un estilete y no se quedan sólo quizás en el rocío de la flor o en la gota de la ventana o el abrazo, sino que se afincan directamente en el alma de quienes rápidamente los querrán para sí mismos. En algunos no teme el poeta desafiar la cotidianidad de Paris, New Orleans o Nueva York, desnudándola e invitándolo a uno a seguir en su viaje.  Los poemas largos hablan de terredades y de música, los sentí como gritos profundos desde las vísceras del poeta.  Con tal de decir eso que va en la mochila del alma, el poeta excede y redefine todo tipo de métrica para dejarnos el sabor de su mirada, lo cual arranca sonrisas y hasta desagrados pero nunca contra el poema sino como identificación o no con lo dicho.

Hay en muchos poemas la mirada de lo humano de sus alrededores, contagiándose del tiempo y de las maderas de los muebles y hasta de la calle, del barrio, de la iglesia. Así, la humanidad se atestigua en sus poemas, especialmente en el poemario “Man of Stalker”.  Y se halla uno alegre de leer, como en miles de poetas, que también se evidencian los sueños desde ese decir onírico aparentemente descontextualizado pero bello y ebrio de imágenes.

“Lenta la margarita en transición,
 viene el torpe pájaro
común
a posar su tierna impronta.”

Es en general un libro para ser degustado como una hermosa revelación de palabras y decires poéticos, nada de ficción ni de atrevimientos mayores a los que el poeta vive, a su vida de andaduras mil.  Es un bello libro para leer desde el aroma de un café caliente y con alguna música de Chopin, confundido entre versos de miles de layas y hasta de ironías. 

Bella revelación para un bardo de este lado del mar que poco accede a la literatura en verso de ese lado.  Creo que lo volveré a leer para hacer un salto más profundo en el lago de palabras que es haberme topado con la poética de Boris.  No soy capaz de leer de si en esta antología uno hallará un genio descubridor de alguna tendencia nueva, pero sí sé que deja huellas en quien lo lea con ojos sin prevenciones.

Definitivamente, Rozas ha sido para mí una bella sorpresa.

Medellín, Colombia, viernes 22 de julio de 2016

Nota: Por invitación de la revista Universo La maga a través del Coordinador Dpto. Comunicación Kike Hernández
kike@universolamaga.com
Tel (España) 644 03 34 28


domingo, diciembre 05, 2010

Sé que estaré

Diciembre, mes de festividades en este país tropical.  La celebración de la Navidad (natividad) católica es muy importante, y los agradecimientos o propósitos para el año próximo con rogativas, fiestas y demás, es muy común, nos llena de gozo, de júbilo, nos regocija el alma, y es tiempo de familia, de regalos, de grandes comilonas, así –como este año- una enorme temporada de lluvias no haya cesado y nos tiene colapsado el sistema vial nacional.  Tal vez sí importa, pero sé que millones de colombianos como yo celebraremos y gritaremos villancicos, comeremos natilla y buñuelos, y haremos nuestra mejor cena de navidad y de año nuevo.

Mi “colombianidad” no será la excepción y espero disfrutar de mis vacaciones tempranas a partir del 8 de diciembre, es decir ya.  Estaré un poco alejado, espero que no mucho de los BLOGS, pero espero estar dando vueltas porque sé que ya la tecnología está en cada esquina de cada cyber café de este país.


"¿Azul soy yo?"
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Agradezco a los más de 62.000 visitantes que este año han pasado por mi blog, temo no haber restado las miles de veces que he ingresado yo mismo, y a mis más de 500 seguidores, y a ellos decirles que son la razón de esta bitácora no intencional de poesía y sus datos conexos.  Este medio me ha permitido conocer gente linda de muchas latitudes, especialmente en castellano, pero también en portugués y hasta en inglés, y amigos colombianos que viven en latitudes tan dispersas y distantes como Suecia y Cabo Verde o hasta las islas Maldivas.  

Gracias a aquellos que entre esos miles me han visitado, unos cientos tal vez que han dejado sus comentarios, que me enriquecen y endulzan el ego, aunque reconozco que han sido absolutamente benévolos, excepto uno que ha dicho que mi poesía es una porquería, y a quienes les envío mi pequeño saludo de enorme gratitud.



"Diosa blanca"
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 Este 2010 no ha sido mi año más fecundo, pero tal vez sí el más profundo, me salió como rima sin intención, donde he puesto ante sus ojos no solamente mis letras sino mis toques aficionados de composición cromática de bits, en los cuadros con que he acompañado mis versos, unos con mucho trabajo, otros con el simple toque de algún comando remoto del Paint Shop Pro o del PhotoShop, cualquiera sea la versión, pues me considero sólo un grosero principiante entusiasta, con decirles que de un curso de 48 lecciones solamente he trasegado con juicio dos de ellas, descubriendo a cada paso que lo ignorado es enormemente mayor que lo aprendido.

"Mi espía"
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Hay en mi lista visitantes ilustremente asiduos y fogosos, y otros jocosamente fugaces, pero a todos y cada uno de ellos mi enorme saludo y mi deseo de un diciembre feliz, pues ser felices es la única obligación que tenemos para con nosotros mismos y con nadie más, creyendo desde lo profundo de mí que no depende de nadie más que de cada uno de nosotros.



"¿Te escondes?"
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Y ahora, sin más preámbulos ni despedidas, una de mis últimas creaciones en versos que le habla a alguien al oído, porque es mi intención mantenerme por aquí por un largo tiempo:


SÉ QUE ESTARÉ

Otra vez... imán de luz
detractora de espejos
Sé que me acordaré de ti
y en ese entonces
el dolor ya no será éste
sino el de mis coyunturas
y los colores se desvanecerán
y parecerán collages

Otra vez... invocación de arenas
de sesiones de incandescencias
Sé que he de volver mis pasos
y andar las mismas esquinas
ahora con esa pintura de nostalgia
y a nadie más le interesará
ese pobre viejo que solo habla
desde su incipiente temblor
su perro... y su bastón

Otra vez... reminiscencias de vida
en este tiempo que rueda y rueda
Sé que he de recorrer cuadernos
anotaciones / palíndromos / pasajes
esperanzas / exorcismos / cábalas
pero en cada paso...
se difuminará tu cara
y la mía no será la misma
Tendrá ese aire...
que nunca abanicará tu rostro

Otra vez...
sé que estarás allí
en cada sombra / en cada aroma
cada que yo pase y me quede
contemplando esa historia no escrita
y -aunque nada será siquiera parecido-
vivirás en cada espasmo / en cada sorbo
mientras mi discurso... camina conmigo
                       hasta el fin... hasta el fin




"Hoja-ldre"
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 Una de las más hermosas formas de decir y no decir es la poesía, y aquí – impúdicamente ante ustedes- exhibo ese tono que dice y no dice, pero que sé que algunos pocos les va a decir más de lo que la mayor parte de quienes leerán –ojalá- este poema les diga.

Unas palabras finales para este post único: “¡Qué Dios los bendiga a todos!


"Caribe alegre"
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Sólo para un visitante raro y escurridizo: hecheiyhmadu

domingo, julio 19, 2009

Fragmento de una carta que nunca se envió


(ESCRITA EN MEDIO DE MUCHOS RONES)

"Dijo la canción: “Porque me llevarás unido a tu recuerdo...” y yo grito para que así sea. A mi alrededor hay un aire de carnaval y un calor de playa, más un ron que travieso pasa por mi garganta y deja que sean mis recónditas formas de decir quienes escriban. La esperanza se ha esfumado esta tarde de todos los espacios que en mí ocupaba, miro qué tengo y sólo descifro esta sensación de vacío profundo, aunque auscultándolo con mayor confianza hay un insistente sentimiento de desazón. Aquí no hay ni víctima ni victimario, tan sólo verdades:
Una, se fue y no desea siquiera estar cerca. Dos, a lo que a uno le importa le dedica algún tipo importante de atención, pues al no ser así no se le atiende. Tres, el tiempo decide con su guadaña el tiempo de la muerte, y ésta ya ha llegado hace una gran cantidad de noches de duermevela con añoranzas y recuerdos que es necesario refundir allá en el fondo. Cuatro, las circunstancias que dieron origen a todo esto no han cambiado, por lo tanto, su resultado no va a cambiar así yo me destemple todas las noches queriendo torcer los hilos de la realidad. Cinco, “¿para qué volver?” se debe estar preguntando, lo cual no tiene respuesta fincada en la realidad ni en la lógica de los mortales comunes y corrientes, sino tal vez en ese “arco iris” que fue nuestro cuarto de hora.

Estos son hechos. ¿Qué hay para mostrar al otro lado del espejo? Ya no somos ni la sombra de lo que el sol que éramos generaba, porque ese calor ya no está pese a mi obstinación y tozudez (terquedad y locura sería más exacto)

Tal vez ya llegó la hora de que descubras qué soy en ti, aunque es una ilusión pues creo que ya lo sabes. Soy un bonito recuerdo (al menos eso sería un consuelo) ¿Cómo hacer que lo descubras? Por ahora sólo se me ocurre el alejamiento ¿Seré capaz de lograrlo? “¡Mozo! Sírveme la copa rota, sírveme que eme destroza esta fiebre de obsesión.” “Yo la quise muchachos y la quiero, y jamás yo la podré olvidar. Yo me emborracho por ella, y ella quién sabe qué hará. Mozo, eche más champán que todo mi dolor bebiendo lo he de ahogar” Contestaba Alci en sus boleros por mí en esa canción que me hace llorar...




Es una prosa de esas que se escapan al aire... sin oídos
sin que llegue a destino / como si fuera un ejercicio
como esa hoguera que tiene su propia flama
para que -si uno la deja escondida- halla una quema
donde esté / donde aparezca / por ello... hoy la exorcizo



Imágenes procesadas por el autor.
Siéntanse libres de usaralas como a bien quieran.
Si quieres verlas mejor, da " click" sobre ellas
y se abrirán en una nueva pestaña.

Saludos a quienes me siguen visitando...
Su huella es muy valiosa.

¡¡¡¡¡Gracias!!!!!

jueves, abril 30, 2009

Jugando con fotos

He estado construyendo algo extrañamente hermoso a partir de imágenes que otros han puesto en la Web, creyendo -en medio de mi candidez si se quiere- que es algo poético. Es una sensación extraña y atractiva, recreativa y complaciente, distinta e impredecible. Tiene cada “trazo” entre pixeles su encanto. Ocurren saltos casi cuánticos en el proceso de su creación, los cuales trataré de ilustrar.


He descubierto que crear nuevas imágenes en una manera aleatoria, a partir de lo existente, es en sí mismo un camino que nadie ha recorrido antes porque no hay dos caminos iguales, ya que ni yo mismo volveré a recorrerlos, es más, ni yo mismo sé qué va a aparecer en ese mezclar, superponer, contrastar, deformar, rotar o desplegar, partes o todos. Además, sólo están acompañadas de intenciones y preconcepciones tácitas o hasta desconocidas al momento de hacer estas mezclas. Es un poco como ser mochilero, se tiene un rumbo pero no una agenda.

En otra época recuerdo, se hacían en papel, con recortes de revistas y con engrudo y un cartón de base, y se les llamaba “collages”. Como normalmente se tenía a mano unas tijeras pues los trazos y las junturas eran fácilmente rectos, tal vez por incapacidad para recortar en forma curva como lo hacían rápidamente otras personas.

Han aparecido entonces extrañas formas que engalanan la vitrina, la cual en este caso se le llama BLOG. Es pública y por él ya pasan hasta cientos de hermosas personas por día que se arriman hasta a leer poesía y los exabruptos que en letras se ocurre decir. Tiene en sí la facilidad de que -comparando el tiempo entre su creación y su aparición- es instantáneo.

En ese contexto, se ha logrado por ejemplo: una escritura arábiga sobre una piel exultante; un caballo que se ha encontrado envuelto en una esfera teniendo como fondo la foto de un óleo de una pintora del Chaco paraguayo, mas parece el mapa inaugural de una exposición cualquiera de un pintor desconocido; una flor de colores ha surgido de entre las manos de una imagen en tonos de gris; una colorida y seria mujer rodeada de sus grises amigas; una erótica forma de... etc, etc, etc.
Y así... variado el menú... se va el tiempo, llega el sosiego, y el alma de apresta para recibir y crear versos, pues creo firmemente en la poesía de la imagen. ¿Cómo no recibir de otras épocas esos influjos cuando vemos impresionistas o esos otros genios que pueblan los museos? Al menos en la Web de cada uno de ellos –la mayoría- hay imágenes y algunos artilugios que dejan visitarlos virtualmente, lo cual nunca será lo mismo que en persona pero ayuda.

¿Fórmula poética? ¿Algo nuevo? Ni lo sé, ni lo creo, ni se pretende establecer


P.D.: Se trabaja con software como "Play with pictures" que es especial para tantos efectos y muy fácil de usar, algo de “Paint Shop Pro” y de “Adobe Photo Shop”, como en la mayoria de las imágenes de este BLOG.

29 ABRIL 2009 OHCNARF


Como colofón, un poema mío:


A TRAZOS

Rompo la huella que da la distancia
Acerco tu rostro que sólo es sonrisa
Tras ella llega lo que eres y no
Lo que quiero que seas y tu magia
fragancia de escozores de tu boca
y yo... me refugio ante ti
con la aquiescencia de la noche
unida a mis brazos que contemplan
tu imagen en mi mente y mi emoción
sin reflejos en el espejo... ni la ventana
Casi logro traerte... pero no fuiste
sino una luz sobre estos trazos


2001

sábado, marzo 21, 2009

Del leer y sus efectos


Leer es, además de un placer, un reto, porque confrontamos lo escrito, confrontamos el escritor y lo que dice, ponemos en juego nuestra forma de ver el mundo y estamos dispuestos a cambiarla, a modificarla tomando vigorosamente o hasta a veces sin permiso nuestro lo que otros al escribir dijeron.

marzo 21 de 2009


Unas reflexiones de lo que el leer crea, de lo que el escribir deja, de lo que esa conjunción alberga, de lo que podemos ser o no ser en función de cómo lo que otro diga lo ponemos en perspectiva.

Ha sido una semana llena de lecturas y de encuentros con amigos de la escritura... Gracias a todos ellos

domingo, octubre 26, 2008

DIVAGACIÓN SOBRE ESOS LIBROS ANTES DE LOS INCUNABLES

Empiezo por transcribir la definición de incunable del DRAE. “(Del lat. incunabŭla, pañales). // 1. adj. Se dice de toda edición hecha desde la invención de la imprenta hasta principio del siglo XVI. U. t. c. s. m.”. De un artículo encontrado sobre el tema (El libro medieval http://endrina.wordpress.com/2008/04/24/el-libro-medieval) se dice esto: “El libro medieval, conocido como códice o manuscrito, nace y muere a causa de dos revoluciones técnicas muy distintas; nace cuando, hacia el siglo IV d. C., se reinventa el libro como un objeto de forma rectangular consistente en varias hojas apiladas y cosidas, que se pueden hojear una tras otra (el formato de los libros de hoy día), y muere con la invención de la imprenta en el siglo XV


Me entusiasmo con la opinión de un personaje de un cuento fantástico de Borges que consideraba que “La imprenta, ahora abolida, ha sido uno de los peores males del hombre, ya que tendió a multiplicar hasta el vértigo textos innecesarios.” Tiendo entonces a dilucidar cómo sería el mundo cuando no se imprimían los libros sino que cada uno era un ejemplar único, escrito y adornado con gráficos, a mano, con la pluma del escriba y el pincel del dibujante y el artista. Algo como “monjes y frailes dedicados exclusivamente al rezo”, según dice por ahí un documento que reseña la historia de la imprenta, pero antes que ellos, era una opción de riqueza y de poder el tener libros entre romanos, griegos, árabes y hasta entre los egipcios, quienes con su invención del papiro dieron pie al pergamino.

Se me ocurre que por ello la palabra “incunable” es eso: los albores de la creación de libros por medios mecánicos cuando ya no podría más hablarse de hacer libros singulares, en un ambiente ya de población mayor en número creciente. De esas especies que sólo llegaban a minorías mínimas (con la excusa de la redundancia), me imagino cada tapa, cada contracarátula, cada relieve de su lomo, cada fibra de cada hoja había sido hecha con amor y con ilusión y desenfado por el o los artistas. Los colores en épocas donde las tintas eran menos que eso, eran pigmentos extraídos de todos los rincones de la tierra, expuestas en crisoles. Tal vez el rojo era de Altamira, tal vez añil del índigo de la India, tal vez el ocre de alguna arcilla rara del patio trasero, y hasta un blanco proveniente de un caolín africano. El tiempo era un recurso inmenso e inagotable. No era una obra para vender mañana en el semáforo de la avenida 10. Sólo era el hecho de hacer bella la belleza, del decir y ver ese decir por esos ojos privilegiados que, a la luz de una vela cerúlea, amaban la escritura. Debían abundar en las mesas, los montoncitos de polvos preciosos de oro, plata y hasta algunos que ni se conocían, de los cuales emanaban vapores y olores escondidos; aceites y diluyentes traídos de todos los confines, a precios exorbitantes, pero que en la mira del creador de aquel libro, no sumaban.

¿Qué decir del texto y sus contenidos? Amorosos ellos en el decir del señor feudal, el noble o el reyezuelo que tenía en su trastienda una multitud de pintores, orfebres y juglares escribas de hábil palabrear, a su servicio, tal vez por la paga de un bocado y un jergón con un algo caliente a la extrema hora de dormir. Mi imaginación se amolda, tal vez en apego a imágenes de algún director de películas de esas épocas, y de algunos gráficos de pintores clásicos, y exalta a esos amantes de la exacta reproducción de lo que sus ojos les presentaban, obviamente antes de la aparición en escena de los impresionistas, personas en su trajín en las cortes, batallas ganadas obviamente, tronos conquistados con sus princesas y riquezas, y hasta la reliquia que se quería hacer imperecedera.

Los tutores de la antigüedad de estos libros no tenían ningún derecho sobre sus obras publicadas; no existían ni derechos de autor ni derechos de editores, tal vez por ello era que cada quién podía copiar un libro a su acomodo y voluntad. Era un tema de prestigio y de mucho dinero, eso creo, pues el libro conseguía inmortalizar a su autor, es decir, era la gloria.


Cómo decir desde hoy, era cibernética, con red que crece y se duplica cada dos años en usuarios y cada dieciocho meses en contenidos, que ha igualado a “sirios y a
troyanos” con sólo el toque sutil de la yema de los dedos, no importa si en el café Internet de la esquina o recostados cómodamente en su suite de Abu Dabhi, ¿cómo sería aquella sensación de poder y gloria para quien exhibía ante un puñado de nobles, el último libro que cien especialistas habían creado para sus ojos?: no sé cómo decirlo, no lo sé. Ante esta brumadora perspectiva, de reciente engaste en la historia de la humanidad, ¿qué será un tipo de gloria escrita similar en un futuro cercano u hoy mismo? Tampoco lo sé y creo que cualquier respuesta es de antemano, no sólo arriesgada sino incierta. ¿Tal vez un manuscrito original en inglés de Borges? Igualmente, no lo sé.


septiembre 30 de 2008


Recordando a marzo 20 de 2020

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