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lunes, noviembre 06, 2023

Lo cegó el poder


 

 

 

LO CEGÓ EL PODER

 

Ella colgaba al cuello ilusiones siderales

bajaba la paz del día con un ramo de olivo

cabalgaba meciéndose en los vientos del olvido

para lograr que su angustia la abandonara

 

Tenía un mar de ojos de penumbra amoratada

que alumbraron sus pesares y sus ternuras

que no la dejaron más llorar ni gritar

que la salvaron la levantaron en vuelo

que quisieron ir por montes y olimpos dorados

y permitir su descanso de sopor matinal

 

Pasaron sus días con sus noches en contravía

donde el sueño y el valor de olvidar... no aparecía

Se volvió muy hondo quejumbroso el recuerdo

de poca atención y mucha traición

 

Su indecisión no sabía cómo reparar

porque si él no sabía qué quería

mucho menos ella sabía cómo responder

a ese renacer truncado de ilusiones

que un día él prometió y que con lágrimas

por toda su cara y su cuerpo vio desaparecer

 

Para él fue un descubrimiento... letal

Era algo fatal casi fantasmal

Hasta allí llegó su afán

de poder de mando

de estar al tanto

de poder poder

No había visto su verdadero valor

su apoyo incondicional

 

¡Qué dolor! ¡Qué pena! ¡Qué ardor!

Se arrobó con el néctar del dinero

con el tiempo gastado

con el bien apenas saboreado

 

Nunca valoró lo que tenía

y hoy entre llantos

desgarra su dolor

... de suprema altanería

 

Francisco Pinzón Bedoya

1999

 

 


viernes, junio 12, 2009

Tengo una pulsión


Tengo una pulsión insana porque quiero escribir sobre un tema que me ronda pero en este instante no puedo, sin embargo, viendo bien mi condición, lo que realmente pasa es que no debo. El poder y el deber, dicotomía espesa de
abordar. Hay una urgencia ansiosa, mi humana debilidad, de dejar en letras trozos de mí que me hagan “creer o sentir” que trascendí esta vida que llevo ¿plana tal vez? Hay un suave recordar esos aumentos de adrenalina que invaden mi cuerpo cuando he logrado concretar en letras los decires comunes con mis palabras mayores, y así ser poeta y sentirme poeta. Hay un añorar los días de reciedumbre pero a la vez de alegrías infinitas, porque allí he sido capaz de parir el verso que se juntó en mis dedos y con los otros de sus amigos, reverdecer en una hoja y ser... poema, tal vez para unos ojos o para aquel que fui al lado de mi inconmensurable ego, lisonjas y quieros.

He recordado, en estos momentos, la luz que brotaba de la alegrí
a del poeta ese día que le acompañé mientras hacía el lanzamiento de su último libro de poemas. He traído a mi memoria su mirada jugosa, los aplausos calurosos de unos pocos amigos que lo rodeamos en la concreción de su sueño, en el ambiente propicio, en el instante. Me ha acompañado la vibración de su voz única al leernos sus “hijos”. He sentido que algo como ese compartir de poemas, no sé si propios y ajenos, con condimentos distintos a los que tengo, me hace falta. Me pregunto y me respondo: ¿Es ese el contagio que quiero? ¿Es ese el latir que deseo? ¿Es esa la forma armoniosa de acercarme al verbo que espero? ¿Lograrlo? Fácil, difícil, qué sé yo, pero lo quiero.

Fernando Albán, en “Borges, la memoria y el tiempo”, dice de Kierkegaard: “Grávido de eternidad, el instante es el lugar de la paradoja, ámbito frente al cual la razón encuentra a su otro irreductible.”; y también dice de Borges: “...lo que Borges considera como el éxtasis del tiempo: eterno, móvil inmóvil, el día está expuesto a un permanente movimiento que no es progresivo sino circular.” ¿Será que es un círculo que se está abriendo para entrar yo, o que mientras lo pienso ya estoy ahí y sólo falta el momento? ¿Saberlo ver llegar, aprovecharlo? Tal vez es
mejor seguir Borgeando en la lectura y como consecuencia, la escritura, porque según él dice: el pasado y el futuro son infinitos, y lo único que tenemos es la realidad presente del instante. Y entonces, será seguir con estos instantes, tener las expectativas abiertas y dispuestas para lo que ha de venir, mientras en el camino... y volver a escribir.

El colofón de esta divagación lo dijo ya –otra vez- Borges: “Como saben ustedes, me he atrevido a escribir; pero creo que lo que he leído es mucho más importante que lo que he escrito. Pues uno lee lo que quiere, pero no escribe lo que
quisiera, sino lo que puede.” (Credo de poeta)

Francisco Pinzón Bedoya
junio 11 de 2009



Un poco de mí en mi biblioteca

Travesía Cálida

    TRAVESÍA CÁLIDA   Tu sangre corre presurosa Tu luz cambia de tonalidad Tu boca murmura incoherencias Tu ser... poema   Viajas hasta mí a...