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jueves, abril 23, 2009

Para un día del idioma, un 23 de abril de 2009







Descubriendo caminos escondidos y lugares comunes e insólitos


“Todo escritor describe un mundo” como diría Carlos Fuentes, su mundo. El asomo a distintos mundos tan cambiantes como el tiempo mismo y como la naturaleza humana, es la verdad y la alegría que se halla cuando se abre algún texto de bellas letras, escondido en algún anaquel cercano o público, o en alguna página web. De esos libros y de esas páginas están plagadas las noches y los días de errancia, vagancia si se quiere, cuando de descubrir tesoros se trata. Es un viaje sin rumbo y sin destino, en donde hasta la aleatoriedad marca el premio, el hallazgo, el asombro, la sonrisa cómplice de estar arribando a playas de joyas que pocos aprecian. Es como un juego, es como un albur en medio del silencio y del ruido de tanta fosforescencia, de tanta data.

A veces, en ese mundo del lenguaje, irrumpen los idiomas cirílicos, los logográficos con su concisión y simpleza en la hermosura, con sus íconos Bei Dao o Basho... y millones de otros, traducidos y repetidos en tantas partes y tantas formas que ya no se sabe si lo que se lee es el cantar de los traductores y su amor por ellos, o es lo que el poeta quiso dejar. Danzas ventrales hay en el aire tras los arábicos y esas ganas que a uno le dan de ser zurdo y de tener otras clase de cerebro para adentrarse en aquella musicalidad oculta pero incluida allí, ignota aunque se tenga el eco que viene desde esos poetas árabes que han poblado tantas tardes en julio en los festivales a que he asistido. Allí los palestinos, los libios, los árabes, los libaneses, los egipcios, los iraquíes, se confunden con leves diferencias de género, forma, piel, dicción y fondo, pero todos son sus piares de pájaros, llamados de sirenas, estridencias en un tono sinfónico, en fin. Esa admiración dio pie, hace algunos años, para que quien escribe esto le hiciera y regalara un poema a Saadi Yousiff, sin miramientos y sin temer a las diferencias, sólo premiado con las lágrimas de emoción de aquel poeta laureado “a quien un señor en Medellín le hizo un poema en castellano”.


Ese camino también pasa por no saber qué será lo que vendrá, lo inesperado, lo impensable, lo imprevisto. En ese trasegar se confunden las imágenes con las músicas diversas, los colores y las fusas, las formas y los acordes, los ritmos no dichos y las contorsiones del lenguaje. Saltan “involuntariamente” las manos de sitio en sitio, donde abunda la belleza y donde aparecen como mutantes, como seres nuevos, las voces jóvenes, los desplazamientos del status quo, quienes son los llamados a divagar mañana por estas mismas sendas o por las suyas propias. Todo ello se da, sin salir físicamente del confort propio de la misma mesa donde se cuecen algunos poemas propios y donde se arrima con su oasis de tersura mi gato a confabular el completar el verso cojo que distorsionó eso que se quiere decir.



No falta el paso por páginas que se cierra por una brusca razón oculta o no explícita, esa que en ese momento hace irreverencia a esa “búsqueda” aunque no haya conciencia de qué es. Pero igual, frente a una música, un trago de ron cubano que acaricia tiernamente la garganta y una noche azulmente lenta, se desprenden los azahares desde los naranjos de algunos versos sin tiempo ni discordia, sin espacio ni displicencias, sin confabulaciones ni reclamos, sólo estando allí en algún libro para saltar a esos ojos del alma llenos de arrobo. Todo es posible, y en ese lapso hay la captura, el encarcelamiento voluntario del ser y del sentir, tanto que a veces se debe voltear para otro lado, tomar un nuevo sorbo para la garganta que se reseca, y seguir adelante con los ojos brillantes, expectantes, fundadamente llenos de misterio y de curiosidad. Surgen desde algunos extremos las preguntas del porqué, del cuándo, del quién, y hasta del para quién, en relación con los contenidos, pero se debe entender que aquellas lecturas que son buenas, son aquellas que se liberaron hace tiempo ya de ese fardo de preguntas que más que ilustrar... podrían confundir.


Este zigzagueo dominante entabla a veces una relación delictuosa entre libros y lector, entre imágenes y admirador, entre músicas y bailador. Se cuece un cocido pleno de esplendor: un “fundingue (1)” como dirían algunos letrados de la tierra de Francisco el hombre. El escrito que captura y el capturado, que hace las veces -en algunos tiempos- de confesor, de siquiatra según el propio nivel de irracionalidad, y hasta de ese pseudosicólogo que en tiempos de bonanza se atreve a opinar sobre la vida de uno con la voz de uno mismo, y con base en lo que uno se dice. Podría por tanto estarse refiriendo este escrito más a esas confidencias que se le hacen al libro, al escrito, a la foto o a la canción, que a verdades absolutas e inmemoriosas de imprecisa refutación.

El deleite, la emoción de estar presenciando otras vidas sin peligro, el cambio de tercio y un poco ese llenar vacíos sin tiempo y sin esperanzas, son los tres elementos que tal vez explican el diario discurrir por estos caminos de las letras, bajo los mantos que diariamente cobijan y hacen ser -a quienes los visitan- unos distintos seres cada vez, pero los mismos en la esencia y en el ser, siempre bajo el amparo de algunos millones que durante la historia de la humanidad han contribuido a que se tenga un alfabeto, un idioma y un código tan transparente, que hasta sirve para comunicar y transmitir, belleza... y hasta todos los encantos de la poesía.



Francisco Pinzón Bedoya



(1) FUNDINGUE:(S.) Jolgorio muy sonado. Fiesta vallenata (del Valle de Upar, Colombia) muy ruidosa por efecto de la música que la ameniza
http://www.lablaa.org/blaavirtual/modosycostumbres/lexicon/abrevi16.htm



viernes, abril 10, 2009

Leyendo "Un dios interno"

Leyendo el libro “UN DIOS INTERNO”, me llamó la atención cuando expresa su opinión el autor, René Dubos, sobre “al alma de las cosas” que “Interpretar el espíritu de la madera (del material) constituye una parte esencial de las habilidades del tallista. Miguel Ángel expresó una idea similar en cuanto al mármol en uno de sus más conocidos sonetos:

“No tiene el gran artista pensamiento
que la piedra no albergue en su interior,
del mármol sólo puede el escultor
liberar la figura que hay durmiendo”




Y entonces yo me pregunto sobre los poetas y concluyo: cada uno tiene su conjuro capital y cada uno es una muestra de su dios interior que en medio de ese trabajo consciente o inconsciente, le dicta sus letras y le entrega en palabras, liberadas sus ataduras. Cada vez creo más y estoy convencido de que ese hecho de escribir no sólo requiere del dominio perfecto de la técnica (gramática, ortografía, composición, etc.) sino de la disposición a que sea, a que llegue el verso hermoso, que se acoja en el poeta el ritmo cadencioso que su corazón le dicta. Entonces, ¿dónde escribir? Donde sea, donde se pueda, y donde podamos capturar ese dios interior, o donde nos podamos dar permiso para que salga... ése que hermosamente llamamos musa.

Todo lo anterior para contarles, que de allí salió este retoño mío hoy:


LEYENDO

Criaturas habitan letras
que aparecen de alguna manera
con su genio y su voz interior

a veces... bajo la fuerza de la sentencia.
Esos duendes, pajarillos del texto,
se arraciman en los cuentos, en los libros,
y en los anaqueles que me persiguen
para que los abra y los deje respirar el tiempo.
Creo a veces que no voy a estar

disponible todo el tiempo que quisiera
para aprovechar eso que me gritan, eso que me hablan,
desde mi placer diario de estar junto a ellos
como es... eso que supone mi leer
y mis ojos de asombro
y de perpetuo desconcierto


OHCNARF
10/IV/2009



sábado, marzo 21, 2009

Del leer y sus efectos


Leer es, además de un placer, un reto, porque confrontamos lo escrito, confrontamos el escritor y lo que dice, ponemos en juego nuestra forma de ver el mundo y estamos dispuestos a cambiarla, a modificarla tomando vigorosamente o hasta a veces sin permiso nuestro lo que otros al escribir dijeron.

marzo 21 de 2009


Unas reflexiones de lo que el leer crea, de lo que el escribir deja, de lo que esa conjunción alberga, de lo que podemos ser o no ser en función de cómo lo que otro diga lo ponemos en perspectiva.

Ha sido una semana llena de lecturas y de encuentros con amigos de la escritura... Gracias a todos ellos

sábado, noviembre 15, 2008

El viajero de versos




El viajero de versos llega y toma de lo que lee su zumo, claudica ante unos ojos ciertos y deshecha lo que no le suena pero sigue. En su camino sin rumbo sólo tiene en mente sentir eso que se le aparece en algunos versos, especialmente en aquellos donde pocos ojos han “aterrizado” y que tímida y hasta tiernamente alguien ha dejado al azar en la red, tal vez llenos de alguna pasión o de una pulsión, o hasta del silente deseo de estar en alguna parte o de pertenecer a algo. No son juicios que se lanzan, no son decires que se valoran, al viajero de versos esto no le importa, los “motivos del lobo” son del lobo se dice. Se permite viajar por caracolas y mascarones de proa, y en ese intento invoca Isla Negra y a Neruda, a isla Bomba y sus cocoteros, pero también los sonidos que de niño desde ese rosado nacarado caracol que trancaba la puerta lo sedujeron.

El viajero de versos de pronto levanta sus ojos cansados del ordenador (computador) y se detiene en ese ajado y hasta quemado por la punta de un cigarrillo libro que la tía Ena le regaló, y que reza “El buque de los enamorados” de Saavedra y se detiene en esas líneas casi perfectas en rima y en medida, eso que el amigo entrañable de Abad Gómez escribió desde su casa de Rionegro. Al lado de ese pequeñín de la colección El Arco y La Lira de Bedout, resplandece -por no se sabe qué motivos- otro librito verde de sonetos de Shakespeare que otro William –Ospina- tradujo y que ha descubierto que más que ello, le suenan a “poemas de William” con sabor a Padua y a Ursúa y no con sabor a England.

Los libros habitan, una vez más, las cuencas de sus ojos que ya no derivan bien por los millones de letras sino que parece que recorrieran olores y temblores escritos en otros tiempos, quejidos disparados al viento en otras épocas que por la magia de la pluma se quedaron congelados en el verso. Hay una colección de memorias de su festival internacional de poesía que le despierta, cada que la destapa, las más agradables sorpresas, máxime cuando de entre las más recientes refulgen los caracteres de idiomas que ni siquiera sabía que existieran y de decires de ellos –en español- que parece mentira que estén (al otro lado de la página) en esos “dibujos”, sin embargo, allí también siente la deriva del mar del Japón o del mar rojo que lame las playas de arena de algún desierto o hasta en las dunas en que algún bergantín encalló en su historia. Brota la sangre para el viajero, a pesar de su mirada, del luto iraquí, de los desdenes kamsá, de los lamentos Navajos, y sólo puede llenar de lágrimas... su mirada.

El viajero de versos lleva su vida por los recorridos de soleadas latitudes latinoamericanas de sol perpetuo, por los encantados parajes yermos de una Europa fría y contundente de maravillosa oratoria o reflexión, como el soliloquio de Segismundo, y por las alertas que paso a paso con sus sentidos “ve”, sin enojarse por los tropiezos y los “no entiendo” que se aglomeran a veces en algunas esquinas de la biblioteca “babélica” a su alcance de o la más grande, la de la Web, sin orden ni aparentes motivos.

Ese viajero de versos seguirá siendo el campeador de latitudes imbuidas en la naturaleza ininteligible de la poesía... ¿Es usted uno de esos viajeros? ¿Se le puede
confiar a usted, como a alguno de ellos, el derivar por caminos asfaltados de versos? ¡Ojalá!


Escrito por Francisco Pinzón Bedoya
noviembre 14 de 2008

viernes, junio 06, 2008

VIAJE AZAROSO (III y último)




(YA QUE POR ALGUNAS LETRAS ESCONDIAS Y HALLADAS AL
AZAR VIAJAN LAS SORPRESAS)

Sentía nuevamente allí la vigencia de la poesía en esos trozos de prosa que decían en música algo como si fueran versos. Todo eran giros y ritmos, al fin... “músicas de alas” como nos lo legó Silva. Mis manos ávidas de más ya no eran sólo de Ana y Alicia y de Andrea sino que estaban de cacería sobre aquella mesa que soportaba más libros. De pronto... un pequeño libro negro con letras blancas, de la misma colección de la de Andrea, me tomó por asalto. Era el Director de “Ulrika”, era Rafael del Castillo, era ese bardo quien en ese momento se apeaba de su Rocinante para saludarme. “Palabras escuchadas en un café de barrio” me supo a ese ejercicio que yo estoy haciendo en esta misma mesa como con varios libros que –sin ellos saber por qué- se han cruzado en mi camino. Las palabras elegidas por Rafael le merecieron un poema a cada una. Sólo dos ejemplos:

“Abolengo

del polvo
de las cenizas turbias
de los huesos roídos del tiempo
de la carne que se deslíe mordida por los venenos de la tierra
de esos versos que desmenuzó Dios
yo vengo
”

“Cóctel

Como el cantante de una orquesta pobre
que achispado y alegre
quiere mezclarse con los dueños de la fiesta
bailar
reír con ellos
y es rechazado fríamente con un
"Usted a lo que vino fue a cantar
"

Así el poeta en la fiesta del mundo

Para mis anfitriones pasados y futuros,
a manera de desagravio
”

Esos textos me mostraron la imagen de ese bohemio, de ese borracho que en un Festival Internacional de Poesía de Medellín leyó desde dentro del más inmenso olor a aguardiente sin ser invitado. Este poema me hizo acordar de esas épocas en que nos “enlagunábamos” y terminábamos en lugares "non sanctos", o abrazando a un poste de luz mortecina en cualquier calle creyéndolo una muchacha que se movía al compás de vientos inexistentes (magreándola, como diría Serrat).

Y Rafael siguió refregándome su casa, su estudio, su hábitat, lleno de murmullos y de “algo más de lo que guarda como recuerdo de sus viajes”, “entre tantos objetos que el olvido va adoptando”, y entonces aparecieron en contraste los olvidos que tengo guardados y apilados en mi biblioteca para primeras y segundas lecturas, con las expectativas que sobre ellos tuve y que nunca cumplí. ¿Estarán esperándome ahora para acariciarme y atraerme para ser en mí lo que no han sido? No lo sé. Vaya “Cadáver” de Rafael todo lo que me pone a pensar y hasta a sentir en medio de este placer de estar al albedrío de tanto libro en este encierro tutelar voluntario y buscado en que existo más allá de mí, más allá de todo lo que soy, pero especialmente en todo lo que quiero ser.

Tras unas horas en aquel santuario, se deriva uno hacia querer decir más de lo que puede, a querer escribir más de lo que es capaz, y a relatar con enjundia y con amorosa alegría sobre aquellos libros y cantos y versos y prosas que se me arrimaron en ese viaje instantáneo por un tiempo en que no escogí con quien interactuar, sino tal vez un tiempo que me escogió a mí. Ahora divago y quisiera estar en otro lugar y otro tiempo, más ebrio de vino y de letras que de todo lo demás, más ebrio de emociones ajenas -mías y de “extraños”- que “se van moviendo pecho adentro” acompañado de las notas de Portabales o de Omara Portuondo con sus compadres de Buena Vista, pero... la ventana y su cuasiespejo se encargaron de devolverme allí, me reflejaron como un ser casi lúcido, sonriente, casi entero; eso sí, con mis manos reteniendo pequeños libros como si fueran pájaros a punto de volar después de haber dejado en mis retinas su iridiscencia, entre ellos el de Rafael. Y mi corazón seguía palpitando emotivo como ante el mismo aguardiente de donde –creo- había extraído esos poemas. ¡Qué alegría saber que, desde sus propios confines, el destino me permite “rozarme” con poetas y escribas, ebrio en un tiempo matutino de bibliómana lucidez!

¡Nutricia fuente! He de volver a ti de una manera recurrente, para que me regales sensaciones, memorias, olores de otros tiempos, para salvarme y tener a flor de lápiz, las letras y las revelaciones... unas que me sanan, otras que me acompañan y algunas que hasta logran que el agobio no me dañe, no me doblegue, no me tiente... En fin, que suspendan esta hartura que a veces me da de no creer que yo sea yo. Este repliegue fantástico en las letras es vivificante como lo es el sol para las plantas, como lo es el dulce néctar a la abeja, como esa voz que de alguna manera absurda llega casi a sustituir a otra... que no se tiene.

Libros:

“Antología del Amor Apasionado” Selección de Ana María Shua y Alicia Steimberg. (Alfagura) 1999

“Puerto calcinado” Andrea Cote - Universidad Externado de Colombia. Colección El Malpensante 2003

“Palabras escuchadas en un café de barrio” Rafael del Castillo - Universidad Externado de Colombia. Colección El Malpensante 2005

29 de marzo de 2008

jueves, junio 05, 2008

VIAJE AZAROSO (II)



(YA QUE POR ALGUNAS POESÍAS AL AZAR
VIAJAN LOS SUEÑOS)


Andrea Cote propició cambiar mi camino azaroso hacia la ribera de algún río con su pueblo cálido y ese dejarlo de alguien que busca nuevos horizontes, con la nostalgia de añorar, de añorarse y pretender que podía trasladarse con todo su equipaje hacia tierras de buen aire, y ello mágicamente lo dejó reflejado en este fragmento de “Un rincón para quedarse”:
“El paisaje no es donde tú estás
y la selva no es tu espesura
El paisaje no te habla nunca,
no sabe que estás aquí
y si le coses paredes
o flores
ellas te desconocerán
y apresarán tu paisaje”

De pronto, la calle se rompió y el espectáculo era otro. Tal vez las palabras viven en el pecho de quien las acoge, lo más seguro es que Andrea jamás pretendió hacerme sentir el exilio en mi piel, pero sí lo logró cuando me asomé a sus “Calles rotas”:
“
Si sales a la puerta
ves la calle que pasa,
los niños que pasan
y los pájaros prendidos entre la tela del aire
pero todo esto es lo que quieres ver,
lo que quieres dejar atrás
pero se muere en ti
”

Desde su pequeño “Puerto calcinado”, Andrea Cote me dibujó y estrelló en mi interior esa amalgama de contradicciones de quien se va de su terruño en busca de “mejores horizontes”, y entonces... se desgajó dentro de mí una recua de recuerdos, como cuando caminaba hacia un tren que me depositaría lejos de quienes eran los míos, sin querer irme de su lado ni de la brisa marinera, ni del aliento hermoso de mi padre ni de las manos amorosas de mi madre, pero con la ilusión de que esos pájaros también se fueran conmigo pegados a la tela del aire que allí, en esa estación, entre lágrimas y risas el viento alborotaba mi cabello con visos de cometa.

Descansé un rato y tal vez hubiera querido saber fumar, enarbolar hasta un buen habano, transportarme a mi estudio y hacer sonar una música cubana de los q.e.p.d., Cachao, Celia y Celina, y echar a andar “el odre tras mi sangre” en unos buenos rones, pero de pronto... volví en mí y aquella biblioteca sola, conmigo en alguna mesa y otro estudioso lejano, no era ni parecía ser el ambiente que ya mis papilas me estaban contando.

(continuará)
29 de marzo de 2008


Libro

“Puerto calcinado” Andrea Cote - Universidad Externado de Colombia. Colección El Malpensante 2003


miércoles, junio 04, 2008

VIAJE AZAROSO (I)



(YA QUE POR ALGUNAS LETRAS VIAJAN
LOS SUEÑOS)


A mi lado se sentaron tantos personajes tan disímiles como mi aleatoria forma de escogerlos. Una hermosa mujer sin rostro, de espaldas con su cuerpo desnudo sentada al borde de una bañera, me daba la presentación de Santiago Gamboa, ese colombiano del mundo, galardonado y casi europeo que me gritaba desde su Ulises, y alertaba ilusamente mis sentidos.

Ana María (Shua) y Alicia (Steimberg) en el mismo paquete me daban un recorrido por el amor apasionado que se asomaba apenas con un poema de Juan de Encina (“Mejor es sufrir / Pasión y dolores / Que estar sin amores”) por lo cual derivé mi visita hacia tantos y tan variados renglones y aterricé en los amores prohibidos. Y entonces pensaba: ¿Cómo se hace para elegir ser un antologador de un tema como el amor que a todos, por muchas vías y maneras, nos ha dado por cantar en todos los tiempos? Y la respuesta me la dieron las autoras: “Toda elección es dolor: con los textos, los géneros y las ideas que dejamos a un lado, podría completarse otra antología, no menos atractiva... (que) ésta”

“Quien no desea ser leído, no escribe” y “El acto de la escritura presupone en sí mismo una lectura”. Entonces pregunté al viento silencioso y estático de la biblioteca de la universidad: “¿Para quién serán estas letras divagantes que progresivamente van describiendo este viaje matutino por las hojas amarillentas, casi sepias, de estos volúmenes cargados de belleza que nadie mira?” Y no tuve la respuesta. Tal vez por ello, en este camino, me llevaron de la mano Henry y Anaïs, a esa época en que el diario epistolar daba al amor su velocidad, que en tiempos del e-mail y el Internet son inimaginables. «... le escribo,... sólo palabras sobre su voz, su risa, sus manos, y él me escribe: “Anaïs, al recibir tu nota... nunca podré expresar algo que esté a la altura de esas palabras”» ¡Qué intromiso me siento a la intimidad de dos seres que se amaron a un ritmo donde el amor tal vez era hermano gemelo de la paciencia!

Dejé de ser el lector por algún instante y capitulé ante la epístola, arte del cual soy amante, para aposentar mi suspiro en todas esas que se escribieron y que tal vez hoy... ya no se dan. Ojalá que en el secreto altar de muchas parejas siga existiendo “el ramito de violetas” de cada uno. Sé que por manos como las mías han pasado cartas y que en muchas épocas a más de un corazón he quedado atado porque ellas han dejado perenne el rastro de lo que ese otro corazón era cuando las escribió.

Regresé. Volví a pasar por Ulises: “Déjame curiosear tu vida, quiero saber de ti... Fuimos a un restaurante... Mira Paula... esos son compatriotas de Ecuador y Perú...”, y sin saberlo mi memoria trastornó la lectura y mis recuerdos fueron tras algún poema de exilio ajeno que a tuve a bien –hace ya un tiempo- dar a la luz tras las historias que un amigo me contó de su viaje mochila por Europa, cantando en las esquinas junto a otros inmigrantes indocumentados con sus quenas y charangos... y no sé qué más suspiros; así... el viaje seguía tras más letras después de encuentro con la página 81 de “El Síndrome de Ulises”
Luego, más de amor, de esos que iluminan ese libro antológico. En un aparte perdido pero descubierto por mi forma de leer. Simone de Beauvoir (“Castor”) escribió a Jean-Paul Sartre en 1938 una carta en que le narraba cómo se entregó a un “ser hermoso” que a ella le encantaba después de seducirlo y... me presté a tratar de “sentir lo que sentían” esos dos amantes especiales. Sobresalen los detalles del fornicio, sin vulgaridad, sin aspavientos, sin ocultos, sin prevenciones, con despliegue desde el preludio hasta la entrega con esa hermosa y rara sinceridad de quienes han logrado ese nirvana del amarse sin poseer, sin ajustar espacios y sin presiones, “sin celos, sin fidelidad, sin hipocresía,... y sin embargo, para siempre”. Las formas expresivas de recopilación y sutileza de Ana y Alicia seguían sorprendiéndome gratamente, mientras afuera el tiempo, creo, sonaba a estar detenido. Sólo de vez en cuando el ronroneo de algún motor o el pito de algún otro que se retiraba del campus parecían hacerme volver a la realidad de aquel espacio encantador.

(continuará)
29 de marzo de 2008



Libros:

“Antología del Amor Apasionado” Selección de Ana María Shua y Alicia Steimberg. (Alfaguara) 1999
“El síndrome de Ulises” Santiago Gamboa (Seix Barral) Sexta Edición 2006

martes, mayo 20, 2008

Cortázar Lector

Fragmento de Entrevista realizada en el verano de 1976, en Saignon, Francia. Publicada en Cuadernos Hispanoamericanos, ns. 364-366, octubre-diciembre, 1980, Madrid



“- Una vez que el libro está dentro de tu ámbito físico, ¿qué le pasa? ¿Cuándo lo lees? ¿Lo lees en casa o en el metro? ¿Lees un solo libro o varios al mismo tiempo? ¿Los terminas siempre, aunque te hayan dejado de interesar?

- Cuando un libro está en mis manos, desgraciadamente le pasan cosas malas casi siempre, porque estoy en una época de mi vida en que cada vez tengo menos tiempo. Por razones que no son literarias, que tienen que ver con todo el destino de América latina, con todas las cosas que yo trato de hacer o que me piden que trate de hacer, y que supone con frecuencia muchas horas de reuniones, de escritura, de lectura de documentos, y además largos viajes en el curso de los cuales no me puedo concentrar en la lectura. En la medida de lo posible, esos libros que quiero realmente leer, los dejo ahora en una especie de rincón privilegiado donde los veo con los ojos del deseo, y en cuanto sé que tengo un hueco, tres o cuatro horas que pueden ser bastante mías, entonces los leo, si puedo los leo en mi casa. Hubo una época en que, por razones de mayor resistencia física, podía leer en el metro, en los cafés. Puedo hacerlo ahora también, pero con una menor concentración. Prefiero estar en mi casa y leerlo
tranquilo. Además, desde muy joven adquirí una especie de deformación profesional, es decir, que yo pertenezco a esa especie siniestra que lee los libros con un lápiz al alcance de la mano, subrayando y marcando, no con intención crítica. En realidad alguien dijo, no sé quién, que cuando uno subraya un libro se subraya a sí mismo, y es cierto. Yo subrayo con frecuencia frases que me incluyen en un plano personal, pero creo también que subrayo aquellas que significan para mí un descubrimiento, una sorpresa, o a veces, incluso una revelación y, a veces, también una discordancia. Las subrayo y tengo la
costumbre de poner al final del libro los números de las páginas que me interesan, de manera que algún día, leyendo esa serie de referencias, puedo en pocos minutos echar un vistazo a las cosas que más me sorprendieron. Algunos epígrafes de mis cuentos, algunas citaciones o referencias salen de esa experiencia de haber guardado, a veces durante muchos años, un pequeño fragmento
que después encontró su lugar preciso, su correspondencia exacta en algún texto mío.”



Toma uno estos apuntes y revisa su propia forma de hacerlo, sin apego a reglas ni cortapisas, y entonces... descubre que hay lugares comunes y otros no tanto, especialmente porque hay quien considera una ofensa el subrayar un libro, y otros que prefieren tomar notas aparte.

No sé cuál es el estilo en esto, pero es bueno ver cómo lo hacía alguien con una fama extrema de devorador de libros (“voraces lectores”). Creo que leer y escribir siempre van de la mano y en algunos casos, hasta despiertan los escritos de otros, de otras épocas o circunstancias, a ese querer decir dormido que está “a punto de levantarse” y quedar en los renglones de algún cuaderno. Habrá otro decir en otro post lo que ocurre cuando lo que se lee es lo propio, de otras épocas y circunstancias, y entonces el regocijo o el pánico corren por las venas.... y hasta otros demonios o ángeles más extremos.

martes, abril 29, 2008

Mar Caribe y Chile en este post

Hoy, hablando de sueños, se interpuso el color y mis recuerdos tras el velo de la mañana. Nada tenía más tinte de poesía que repasar la de otro ser austral y de llevar a mi alma la mía. Por ello, sólo quiero dar a conocer un poema mío que nació lleno de cantos a la orilla de una playa como ésta de mi Caribe Colombiano, hace más de siete años.






“ LLEGARÉ A TU SUEÑO

Cuando el sol se oculte por primera vez
a la izquierda de aquel barco carbonero
y cuando la luna se llene en diciembre
al filo de la mejor hora de la madrugada
... y yo esté vagabundeando mi derroche
con el agua y la espuma entre los dedos
correteando cangrejos y otros agoreros
... y yo esté despierto en ese resplandor
saboreando el cantar de los colores
del techo azul que llamamos cielo ...
apareceré de pronto entre la aurora
o en medio de tus noches y tus sueños
para ser contigo el mismo trovador
que entre nuestros brazos prefiere
vagabundear y corretear sin dueño
¡No me dejes de llamar!
¡No te dejo de seguir!
Que para eso se hicieron...
hasta los sueños más pequeños”


Encontré un lugar especial de poesía en la WEB. UN BLOG de alguien que tiene belleza en sus dedos y se hace llamar http://dedosdecarbon.blogspot.com/
"Dedos de carbón, para rayar la vida de poesía". Ella es una hermosa poeta chilena llamada Sylvia Rojas Pastene, dense una pasada por allí, les va a gustar.

viernes, febrero 15, 2008

Vida y lectura - Extractos




“La vida, en sí misma, es una prodigiosa ficción de laberintos y nostalgias”
CARLOS RIVERA

“La creación verbal, alimentada de vida y sueño, se trasmuta en el otro territorio del mito.”
EUGENIO MARRÓN CASANOVA

"... es Pablo Armando Fernández, Pablo querido de nuestros días, dueño y señor del verbo que inaugura y hechiza, de los arcanos que confirman esta alegría que hoy celebramos"
"... Alejandría con sus numerosos rollos de papiro, llamados Kylindros por los griegos"
"Leer es reconocer, en una combinación mágica de letras, intuiciones sobre el incierto futuro y lecciones del inmutable pasado".
ALBERTO MANGUEL

arcanos
Del lat. arcanus.
1. adj. Secreto, recóndito, reservado. Dícese más comúnmente de las cosas.
2. m. Secreto muy reservado y de importancia.
3. [m.]Misterio, cosa oculta y muy difícil de conocer.


"Joyas de alto valor que tuve en mis manos, ojeándolas delicadamente, igual que si fuesen frágiles y prístinas mariposas de Gutenberg que podían deshechizarse en polvo" (Describiendo libros antiguos y en desuso)
"No olvidemos que el lenguaje es el arquitrabe maestro que sostiene lo que consensuamos como real, a la vez que permite levantar la casa encendida de la ficción"
"Pero mientras llega ese final, seguiré acercándome al oído esa mágica caracola que son libros, con la ilusión y el propósito de que su voz interior me descubra una vez más el nuevo tesoro de otra isla."
GUILLERMO BUSUTIL


arquitrabe
Del it. architrave, trabe maestra.
1. m. Arq. Parte inferior del entablamento, la cual descansa inmediatamente sobre el capitel de la columna.
entablamento: De entablar. 1. m. Arq. cornisamento (De cornisa. 1. m. Arq. Conjunto de molduras que coronan un edificio o un orden de arquitectura. Ordinariamente se compone de arquitrabe, friso y cornisa.)

"... escuché -o conté- historias de paranoicos que sueñan con ser los otros infinitos..."
JUAN CRUZ




Y la vida y la lectura van inextricablemente... de la mano

Sólo
paseaba por mis notas y traje esto... que alarga los días y los creo infinitos y profundos

“Sólo sé que está escrito” dijo un sabio ante una
pregunta


Y yo... TATATD HECHEIYHMADU

jueves, agosto 16, 2007

CONVERSACIÓN DE UNA SOLA VÍA CON ISABEL ALLENDE


Medellín, agosto 15 de 2007

Así como cada 8 de enero te decides a escribir un libro, yo –en este instante en la ola del querer saber de tu luz y de tu intangible creación de letras e historias- he decidido conocerte al hablarte. No sé ni cómo ni cuándo ni qué extensión tenga esta epístola o diálogo trunco, si fenecerá antes de caer o si perduraré con esta idea, pero sé que quiero hablarte a medida que voy refiriéndome a lo que en mí ha producido la parte de tu obra que he accedido, desde tus letras y fonemas, llegados a mí sin invitación, voluntad ni cortesía.

Muchos antes que yo, creadores y literatos, habrán querido decir y habrán dicho muchos sobre ti sin conocerte como yo, pero en este espacio haré el intento y no me pondré al respecto metas mayúsculas. Tal vez llegue a contarte de mis hallazgos, de mis rencillas con la vida como cuando admiras esa pieza tras los cristales de la joyería, de mis hallazgos de los temas comunes del alma como cuando en tu ritual anual ves aparecer por entre las sombras las páginas de esos tus nuevos libros que ni siquiera sabes que están allí pero que ya estarán esperándote a la vuelta del esfuerzo de traerlos al presente desde ese bosque oleaginoso de los espíritus que rondan tu necesidad de decir, tu vida, tu ilusión y tu escribir. Tal vez quiero tener una muestra de tu espíritu, y con él escribir lo mío con la imagen de tu ser quien lleva en su cabeza personajes que viven sus propias historias, y tú... eres allí solamente el testigo y relator de sus actos y designios.

Un camino que tiene el nombre de tu hija, que a la vez tiene el mismo nombre que la mía, será el descubrirte subjetivamente tras toda la admiración que me depara tu pequeña voz cantada, chilenísima con tintes americanos ya, y ese acento con sabor a verdad y a fantasías amalgamadas sobre las cosas, las personas y tu historia. Un sabor que le imprimes con tu autenticidad va plagado en todo lo que tocas con tu pluma, lo cual dejaré para calificar a críticos mil que han querido hacer de tu capa un sayo. Describes a Chile y a tus chilenos en forma parecida a mi “Rosa Chilensis”, amiga entrañable llena de tarot, feng-shui y otros compañeros y amores. Tienes en tus letras olores a esa dama del copihue, pero con una cara más popular y más letras entre tus manos y tus dedos de herrumbre militante. De allí salieron esas crónicas de los años 60 –según entiendo- desde esos exilios que te han formado más latinoamericana, más del mundo, y allí entonces sí tiene cabida mi colombianidad.

No quiero restregarme en tu “Ese lejano martes de 1973 mi vida se partió, nada volvió a ser como antes, perdí a mi país.”, a pesar de que ese mismo día supe de tu existencia –tangencialmente- puesto que derrocaron a Salvador Allende y de la existencia de ese ser mitológico de apellido Neruda. Sólo quiero escarbar en ésas tus figuras que evocan poesía evidentemente chilena y nuestra, porque quiero ver qué generas en mí a partir de tus metáforas bellas como ese mar helado espumeante tuyo que no conoceré. No quiero ahondar más en la pena de tu Paula ni en el vestíbulo de tu casa en San Francisco ni en tus recetas afroditas, quiero estar en el más suave toque de tus versos no escritos con tinta de novela o de historia refundida en el amor o en el silencio. Es decir, en el fondo de esta confesión “de una sola vía” aguardo encontrar desde tu timbre, desde quién eres y desde lo qué sientes, por qué siento que en tus líneas vive –entre otros fantasmas- la imperiosa poesía.

Tu primera novela escrita “de tiro largo” –como decimos en Colombia- sentada en tu cocina, me genera mi más emotiva admiración por tu disciplina y tu talento, innegables a pesar de toda la prensa estruendosamente inútil que en tu contra han hecho. Sé que escribes para que nosotros nos queramos más, pues en mi caso logras eso y más, logras que yo haya querido encontrar en ti la poesía que no has escrito y los gritos de todo tipo que en tus líneas nos has dejado. Tú sientes que el escribir es una celebración de la vida y para mí lo es igual, aunque en mi caso haya sido una elección de catarsis silenciosa y única, sanadora y evidente, de todo lo que de mí desdigo y canto, como esa puerta abierta a lo que ahora soy y digo… para mí y otros pocos ojos que a mis letras se asoman.

Tus estrellas femeninas que desaparecieron ante el amor de ese amor que te hizo revivir y ser, las veo repetirse en tus líneas y tus pasos. Unos alrededor de la opresión y otras en la reivindicación de la mujer ante la historia no escrita por los ganadores. Esa dedicatoria de La casa de los espíritus lo dice todo: “A mi madre, mi abuela y las otras extraordinarias mujeres de esta historia.” Tal vez estoy escribiendo lo que te estaría diciendo si pudiera tenerte al frente y la vida me regalara una sesión de charla espirituosa con tu voz y tu especial forma de acentuar tu autenticidad chilena y americana, en el sentido amplio y nuestro de esa palabra. Tal vez quiero decir mucho y poco a la vez, antes de decirte lo que inspira a mi poesía tu vida, tu obra y tu particular forma de amar tu familia, tus raíces, tus vínculos con tu historia. Viajan desde tus líneas, con ese sabor de relatora apasionada y expresiva, miles de historias y fotogramas de tu Chile y de ti. Nada escapa a tu pluma en detalles múltiples y perplejidades que dan vida a personajes con nombres disímiles que parece que por tu voz hablaran. ¡Allí hay versos y ritmos que yo libo y traduzco desde mi alma! Uno confunde a veces a Isabel con sus personajes y viceversa, pues siente que tienen vida en ti, como si fueran otra personalidad tuya.
Esa particular riqueza descriptiva ya la quisiera para mí, cuando tardaste tres libros para abrogarse ese título de “ESCRITORA” que otros te hemos dado desde hace ya un tiempo. Ya te has graduado, decenios ha, ante ojos que nunca te llegarán como los míos, y que se mantendrán -sin sentido- atisbándote como si pudiera estar tras el aire que mueven los cedros retorcidos de tu buhardilla allende la bahía de San Francisco, aunque te sientas de otro lugar y tu corazón siempre esté atado al exilio, a la nostalgia, al dolor ya antiguo de Paula y a la melancolía viciosa de tu Chile del corazón. Oraciones como “Al nacer, Rosa era blanca, lisa, sin arrugas, como una muñeca de loza, con el cabello verde y los ojos amarillos, la criatura más hermosa que había nacido en la tierra desde los tiempos del pecado original, como dijo la comadrona santiguándose”, “El tono de su piel, con suaves reflejos azulados, y el de su cabello, la lentitud de sus movimientos y su carácter silencioso, evocaban a un habitante del agua. Tenía algo de pez y si hubiera tenido una cola escamada habría sido claramente una sirena, pero sus dos piernas la colocaban en un límite impreciso entre la criatura humana y el ser mitológico.”, “Nací en el último cuarto de una casa sombría y crecí entre muebles antiguos, libros en latín y momias humanas, pero eso no logró hacerme melancólica, porque vine al mundo con un soplo de selva en la memoria.”, evocan mi Caribe, mi realismo mágico y la forma descriptiva donde ya moran algunos de los nuestros como Héctor Rojas Herazo y Álvaro Cepeda Samudio. Voy encontrando poesía y ritmo y acentos en estos devenires aleatorios de mi lectura de tus obras. Voy caminando caminos que otros millones ya trasegaron en tus libros pero con una alegría de búsqueda en mi encuentro en trozos de tus escritos que parecen poesía antigua o muy vivida, y que evocan versos lejanos, nerudescos y muy chilenos si se quiere, y de todas formas... muy australes.

Nada escapa a mi sentir cuando al pasar las páginas aprecio la vida de otros en tus palabras, los pensares de otros muchos que tu imaginación y tu escribir traen para nosotros tus lectores. Confieso que no soy el más acucioso ni el que más libros de ti se haya leído, pero me precio de saborear dulce y tenazmente cada palabra, cada frase, cada parte de tu lenguaje cuando haces esa exhibición rutilante de humor mordaz, crítico o directo.

¡Gracias por tu regalo para la eternidad! ¡Gracias por ser parte de mi vida! Un abrazo extraño desde este Medellín florido, de un poeta que no conoces:

Francisco Pinzón Bedoya

lunes, marzo 19, 2007

Otra Vez... BORGIANDO

Desde algunas frases de Borges en su "Ars Poètica"

... son ideas gratas a la imaginación, y la imaginación las acepta
... Entonces descubrí a un autor que, sin duda, era un hombre muy feliz. Debió de ser en 1916 cuando accedí a Walt Whitman, y entonces sentí vergüenza de mi infelicidad. ... Creo que, en poesía, la emoción es suficiente. Si hay emoción, ya es bastante.
... ¿Qué significa para mí ser escritor? Significa simplemente ser fiel a mi imaginación.
... Cuando escribo algo, procuro no comprenderlo. No creo que la inteligencia tenga demasiada relación con el trabajo del escritor.

... me paseo formalmente por mis cientos de folios, que ante mis ojos invaden sensaciones y sentimientos parecidos:

¿Será todo esto el producto de mi imaginación y que yo repito en letras lo que creo y quiero ser, o es ese vivir y vivir el mundo de tantas letras que va tomando su camino en mí?

¿Será que en mi ser se repite a ratos la vergüenza de ver las “alturas poéticas” de algunos gloriosamente conocidos como Whitman o el mismo Borges, o Roca, Ospina y Fajrado, o... miles de nombres que remueven mi admiración hacia puntos lejanos a que quiero llegar... utópicamente?

¿Seré ¡Señor! yo, un escritor de poemas y un poeta con toda esta yunta de versos que conmueven ojos y pieles, a ratos?

¿Tengo ya mi propio códice para escribir y lo que hago es acudir a él en mis últimos poemas?

Hay alguien que lo puede decir... si se lo propusiera

¡Oh! Borges y tus retos que hoy hago míos... ¡Gracias!


miércoles, octubre 25, 2006

DE “EL DERECHO A PICOTEAR” (*)


Cuando disponemos de muy poco tiempo, pero tenemos la imperiosa necesidad de leer alguna frase texto que nos vuelva a encender el alma y le dé otra vez ese toque de vida, pues tomamos el primer libro de la biblioteca y repasamos ávidos no-sé-qué-suerte de conjuros desde la voz de otro, desde esa voz tal vez de otros tiempos, de otras circunstancias, y si por casualidad hallamos algo que lo logra... hemos descubierto el placer de “picotear”. Es más, aún si no lo hallamos, hemos estado picoteando. ¿Pérdida de tiempo? ¿Falta de profundidad? No sé... ¿Razones? Tantas como tipos de lectores seamos: el tiempo actual y su escasez perpetua.

La decisión de picotear a algunos, como yo, nos obliga a acercarnos a los libros (en mi caso de poesía principalmente) como si de ellos pudiera fluir esa poción mágica que nos sane, nos reviva, nos libere y nos mantenga... aunque sepamos que detrás de ello vendrán más ganas de leer y más ganas acercarnos a los textos de siempre o a los desconocidos que pululan llenos de polvo en anaqueles de esas hermosas tiendas-librerías de tesoros de segundas lecturas, tal vez rayados con sus secretos por otro ser más “intromiso” que uno.

“Yo picoteo, tú picoteas, dejémoslos picotear.
Es la autorización que nos concedemos para tomar cualquier volumen de nuestra biblioteca, abrirlo en cualquier parte y meternos en él por un momento, porque sólo disponemos de ese momento. Ciertos libros se prestan al picoteo mejor que otros porque están compuestos de textos cortos y separados: las obras completas de Alfonso Allais o de Woody Allen, las novelas cortas de Kafka o de Saki, Los Papiers colles de George Perros, el buen viejo La Rochefoucauld, y la mayor parte de los poetas...
Dicho esto, se puede abrir a Proust, a Shakespeare o la Correspondencia de Raymond Chandler por cualquier parte y picotear aquí y allá, sin correr el menor riesgo de resultar decepcionados.
Cuando no se tiene el tiempo ni los medios para tomarse una semana en Venecia, ¿por qué rehusarse el derecho de pasar allí cinco minutos?
(*) Tomado de Daniel Pennac. Como una novela. Norma. Bogotá, 1996”

No sólo tenemos derecho a cerrar un libro cuando lo deseemos sino que también a abrirlo cuando se nos ocurra. Tal vez lo importante, en este caso, de decir es: no dejes de acercarte a tus libros. Sé su amigo y ellos lo serán de ti.

viernes, julio 28, 2006

EL DIFÍCIL CAMINO DE LOS LIBROS



Unas enseñanzas sobre este tema que nos dejó Henry Miller. del libro "The Books in my Life"

Fragmento del Prefacio

"En esta era, en la que se cree que todo tiene su atajo, la gran lección que debemos aprender es que el camino más difícil es a la larga el más fácil. Todo lo que está en los libros, todo lo que parece terriblemente vital e importante, no es sino un ápice de aquello que le ha dado origen y que está dentro del alcance de todos aprovechar. Nuestra teoría de la educación se basa íntegramente en la absurda noción de que debemos aprender a nadar en tierra antes de lanzarnos al agua. Esto se aplica tanto a la adquisición de las artes como a la búsqueda del conocimiento. Todavía se enseña a los hombres a crear estudiando las obras de otros hombres o trazando planes y bocetos que nunca se pensó materializar. El arte de escribir se enseña en el aula y no en la espesura de la vida. Todavía se entregan a los estudiantes modelos que presuntamente concuerdan con todos los tipos de temperamento y con todos los tipos de inteligencia. No nos extrañe, entonces, que produzcamos mejores ingenieros que escritores, mejores expertos industriales que pintores."


Fragmento del CAPÍTULO I "VIVÍAN Y ME HABLABAN"

"Los libros son una de las pocas cosas que los hombres atesoran profundamente. Y cuanto mejor sea el hombre, con mayor facilidad será capaz de desprenderse de los bienes que más atesora. El libro que yace inane en un anaquel es munición desperdiciada. Los libros deben mantenerse en constante circulación como el dinero. ¡Prestad y tomad prestado ambas cosas: libros y dinero! Pero especialmente libros, porque los libros representan infinitamente más que el dinero. El libro no sólo es un amigo sino que sirve para hacernos conquistar amigos. El libro enriquece al que se apodera de él con toda el alma, pero enriquece tres veces más al que lo analiza."

Travesía Cálida

    TRAVESÍA CÁLIDA   Tu sangre corre presurosa Tu luz cambia de tonalidad Tu boca murmura incoherencias Tu ser... poema   Viajas hasta mí a...