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sábado, enero 08, 2022

Al menos


 

 

 

AL MENOS

 

Si yo encadeno malos versos

(vana algarabía de mi cuaderno)

en trozos que caen por el acantilado

no se morirá la musa

porque nunca estuvo en ellos

 

La prosa se alerta y se atreve

a dominar mis manos sin rumbo

y será mejor fluir contando

las leves presencias de la poesía

 

Aún en un momento de tinieblas

de soles idos en la mañana

de la morriña que causan

las gotas en el tejado...

no me rindo y sigo hurgándome

porque sé que andan por ahí

 

Sé fiel que hoy no fue el día

del poema que me hace sonreír

 

Pongo mi huella para afirmar

que al menos... lo intenté

 

Francisco Pinzón Bedoya ©

2021








 

P.D.:  Los libros son de mi biblioteca. 


viernes, septiembre 24, 2021

Búsquedas y hallazgos


 

 

 

BÚSQUEDA Y HALLAZGOS

 

Casi todos buscamos un albur que nos deje capturar los momentos en que libamos del aroma de la leña recién cortada, el azahar de la india en la entrada a mi casa, del color del guayacán cuando arrecian los calores, del oleaje que arrulla, y muchos más, y convertir algunos de esos sucesos en palabras y frases que se puedan poner en textos en que alguien más haga el proceso inverso.  Quizás buscar la resonancia de la palabra exacta en el trueno de un tambor o en el compás sonero de una conga, la delgadez del aroma del café recién colado, la desnudez inmediata del amante misterioso, el fulgor del pincel cuando aún destila acuarela en un lienzo recién enmarcado, la nota en la mitad del silencio de una tecla negra, la esplendidez de una sonrisa regalada a la noche mientras se admira algún lucero, para lograr con ello el poema embriagador por antonomasia. 

 

Esa búsqueda es el horizonte, es el tesoro al otro extremo del arco iris, es la luz al final del túnel, de quienes babeamos ante un texto plagado de belleza.  Yo soy uno de ellos, un cultor de la exquisitez de esos textos, muchos no pasan de ser sólo un texto, pero hay otros que resuenan desde que abrimos la página, desde que nuestros ojos los admiran sin que haya intervenido ningún pensamiento, ello es un constructo posterior.  Allí mora la magia vital de los escritores, y en estos días me he tropezado reiteradamente con uno y coincidencialmente con otro.  Me sé premiado. Gracias al destino por ello.

 

Francisco Pinzón Bedoya ©

septiembre 24 de 2021

 

 Dedicado especialmente a Mery Sananes (Venezuela) [https://embusteria.blogspot.com/]

 

 



viernes, septiembre 17, 2021

Anatomista

"Ser lector es ser más humano"
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ANATOMISTA

 

Tendrás que destazar el pellejo

y ver lo que se oculta tras el color

abrasivo de una raza particular

 

Tendrás que saber leer en las venas

el amor por la tierra

y el infinito placer

del compás y la danza

 

Tendrás que ir más allá de tu mundo

con tus ojos vueltos espiga y paz

para entender el brioso estruendo

que palpita en todo ser fantástico

como tú / como yo

como todos podemos ser

permitiendo

-bajo el paso jadeante

de tu armadura vieja-

que seas más humano

como ese hermoso ramo de vida

que se ofrece sin remilgos... al sol

al cante / al ritmo / al son

 

Tendrás que ser más humano

que los humanos que ves

para que te unas a la humanidad

que pregonas / que quieres atestiguar

 

Francisco Pinzón Bedoya ©

2011

 

 

 

 




jueves, octubre 19, 2017

Libro SENTIRES EN MÍ MENOR

"Carátula"
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Me encanta contarles que mi nuevo libro de poemas ya salió, está en mi poder.  Es un sueño que nació hace más de dos años pero que no había habido oportunidad de lograrlo.  Gracias a Ediciones Grainart de Cali (Colombia) y a muchas más personas que me animaron y me dieron sus consejos.  Gracias a una decisión importante: arriesgarme. 

Hoy SENTIRES EN MÍ MENOR es una realidad, palpable.  131 poemas, 210 páginas.  Ojalá que las ventas se sigan comportando bien, debo recuperar al menos lo invertido.

Persigan sus sueños, no paren

Seguiré contándoles, un abrazo.

Francisco Pinzón Bedoya



lunes, julio 25, 2016

Reseña del libro "La senda de las espigas" de Boris Rozas

"Carátula"
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Reseña del libro “La senda de las espigas” de Boris Rozas

Por: Francisco Pinzón Bedoya

Esta reseña es más un atrevimiento que un tratado que pretenda desentrañar la obra del poeta.  Sírvanse dispensarme por el tamaño de mi invasión a los pasos de un autor permeado por el idioma y la sensibilidad.  A pesar de ser un libro antológico que está lleno de milagros, de cientos de tiempos que brotan desde muchos rincones del alma, lo he leído como ese fluido continuo del autor, pues desde él viene la selección que tal vez pretende reflejar sus distintas épocas desde alguna contestataria hasta la más amorosa, con poemas llenos de madurez poética digna de ser revelada a quienes quieren aprender a “decir versos” como un referente tal vez.

Este libro no se llena de artificios gramaticales pero sí de algunas libertades, pues expone al lector a que derive por su poesía como un sediento en busca del hilo conductor que está atento a ser destruido pero nunca lo logra.  Es una voz que dice desde un yo que vira según el poema y sus deseos de quedar impreso en sensaciones viscerales, algunas veces latentes y en otras explícitas.  Tiene miles de hermosas y novedosas metáforas que incendian el sentir y el intelecto: “(...)rumiando / la hierba de los días”

La tierra, el agua, el fuego y el aire están omnipresentes en toda su selección: “En defensa de estos hombres que construyeron esta tierra / son mis días, esta es mi agua / Menos mal que el fuego me hierve por la sangre / Secaba mis manos con tu pelo tomaba el aire de tu espalda”.  Esa unión vívida con los elementos, va calando en muchos versos que casi obligan al lector a identificarse con ellos. Tal vez buscan señalarle un camino que contiene desde lo fundamental y profundo, lo existencial y majestuoso, hasta lo primario, lo carnal, lo básico.

La presencia femenina y la familiar aparecen y desaparecen como por encantos sucesivos, donde se espera y no se desfallece.

“He venido a verte porque espero ser tu única casa, tu jardín
 más hermoso y último, tu vida.”
“(...) tomas tú mis raíces,
               yo bebo de las tuyas.”

Esos poemas cortos llegan al alma como un estilete y no se quedan sólo quizás en el rocío de la flor o en la gota de la ventana o el abrazo, sino que se afincan directamente en el alma de quienes rápidamente los querrán para sí mismos. En algunos no teme el poeta desafiar la cotidianidad de Paris, New Orleans o Nueva York, desnudándola e invitándolo a uno a seguir en su viaje.  Los poemas largos hablan de terredades y de música, los sentí como gritos profundos desde las vísceras del poeta.  Con tal de decir eso que va en la mochila del alma, el poeta excede y redefine todo tipo de métrica para dejarnos el sabor de su mirada, lo cual arranca sonrisas y hasta desagrados pero nunca contra el poema sino como identificación o no con lo dicho.

Hay en muchos poemas la mirada de lo humano de sus alrededores, contagiándose del tiempo y de las maderas de los muebles y hasta de la calle, del barrio, de la iglesia. Así, la humanidad se atestigua en sus poemas, especialmente en el poemario “Man of Stalker”.  Y se halla uno alegre de leer, como en miles de poetas, que también se evidencian los sueños desde ese decir onírico aparentemente descontextualizado pero bello y ebrio de imágenes.

“Lenta la margarita en transición,
 viene el torpe pájaro
común
a posar su tierna impronta.”

Es en general un libro para ser degustado como una hermosa revelación de palabras y decires poéticos, nada de ficción ni de atrevimientos mayores a los que el poeta vive, a su vida de andaduras mil.  Es un bello libro para leer desde el aroma de un café caliente y con alguna música de Chopin, confundido entre versos de miles de layas y hasta de ironías. 

Bella revelación para un bardo de este lado del mar que poco accede a la literatura en verso de ese lado.  Creo que lo volveré a leer para hacer un salto más profundo en el lago de palabras que es haberme topado con la poética de Boris.  No soy capaz de leer de si en esta antología uno hallará un genio descubridor de alguna tendencia nueva, pero sí sé que deja huellas en quien lo lea con ojos sin prevenciones.

Definitivamente, Rozas ha sido para mí una bella sorpresa.

Medellín, Colombia, viernes 22 de julio de 2016

Nota: Por invitación de la revista Universo La maga a través del Coordinador Dpto. Comunicación Kike Hernández
kike@universolamaga.com
Tel (España) 644 03 34 28


domingo, enero 03, 2016

Junko (El haikú de las palabras perdidas)









Acabo de terminar de leer "El haikú de las palabras perdidas" de Andrés Pascual.

Sobre él escribí este poema que sólo pretende hacer un pequeño homenaje, a mi modo:

JUNKO

Después de respirar la muerte
y todo el horror nauseabundo
que ese aire traía gritando
... al final sólo la grulla de papel
y el haikú de la espiga y el sol
llenaron el corazón como valija
para un viaje más allá
de toda la inhumanidad

Francisco Pinzón Bedoya ©

Les dejo una bella reseña hecha por un adolescente distinto y quien me genera una esperanza en un mejor mañana












sábado, julio 26, 2014

Libros

"El libro que todo dice"
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LIBROS

Sin sentido he fatigado las letras
los temples / los espejos y sus sombras
donde reposan en silencio
voces bien escritas esperando ser leídas
Oralidades que nos vienen de otras gargantas
de otras épocas con sus contextos
corren por doquier en ilusa algarabía
que sólo yo defino / que sólo yo detecto
En este reino de Biblos
vagan las velas en un viento de estrellas
y una fiesta de adioses y remiendos
en franca y atónita desbandada
tal vez con ganas de dejar huellas
para ir y venir desde esos íconos
desde esos laberintos del lenguaje
hasta mí... hasta mi sangre

Francisco Pinzón Bedoya ©










sábado, noviembre 08, 2008

EL Libro, una fiesta

En el periódico EL INFORMADOR de la Caja de Compensación Familiar de Antioquia – COMFAMA- se publicó este artículo que les transcribo, por su cercanía conmigo y con el tema de este BLOG.



EL Libro, una fiesta
Por: Ana María Peláez Merino, instructora de fomento a la Lectura COMFAMA.

Hoy me preguntaron: “¿Es usted recreacionista?”, a lo que yo contesté entre otras cosas: soy promotora de lectura?” Ahora, después de una jornada de trabajo promoviendo la lectura entre niños y jóvenes, y los adultos que los acompañaban; repasando las imágenes del exitoso día; reflexiono y digo: ¡Claro, soy recreacionista! ¿Qué recrea más que un libro que puede llevarnos desde la historia de Olivia, una cerdita con un temperamento muy peculiar, a la aventura de sobrevolar la selva tropical y, ya bajo los árboles, encontrar animales como el tucán, el mono tití, o la serpiente anaconda? Un libro que mediante portadas ilustrativas y encantadoras invita a escogerlo, prometiendo revelar toda una explosión de color, de conocimiento y aventura a través de los sentidos; libros que hasta huelen y saben, toda una experiencia vital que, aún hoy en día, pocas cosas pueden darnos, es desde mi perspectiva, una excelente forma de recrearse.

El libro recrea en el asombro, ¡esa es su clave! Si logra sorprendernos con lo que dice, ilustra o promete enseñar, contará seguro con un candidato que se atreverá a pasar de la portada para abrirse a un mundo fascinante y lanzarse a un viaje sin fronteras a través de la tierra, el cuerpo humano o el remoto pasado de los dinosaurios jurásicos, entre otros.

Cuando pienso en las razones que me conducen a trabajar recreando por medio de la lectura, recuerdo comentarios como éste que un amigo mío escuchó en un taller de lectura: “¿Mami, los dinosaurios vienen de huevos, con todos los huesitos que tienen... y yo que como huevito todos los días?”. Lo que un libro logra hacer en la vida de cada persona es indescriptible. Mantener la capacidad de asombro frente a la literatura de toda clase (de ficción y de no-ficción) es clave para mantener el espíritu recreado y la mente despierta para enfrentar los diarios avatares de la vida.

De toda la experiencia que hasta hoy he tenido observando y participando del libro con niños, jóvenes, adultos, adultos mayores y adultos con necesidades especiales, leyéndoles y acompañándolos a leer, puedo concluir que el libro —que nos incita a abandonarnos en él, que pone en acción los sentidos, nos conmueve y nos arroba, que nos permite el encuentro con otros en una experiencia de comunidad— es una fiesta.

Así pues y ya por aquí, termino esta breve intervención con una modesta y sonora invitación: ¡Llevar unos cuantos libros debajo del brazo, encontrar con quién compartir sus riquezas y dejarlos cantar, para tener la mejor fiesta que te puedas imaginar!

Medellín, noviembre de 2008


Las imágenes de este post fueron tomadas de: http://lacomunidad.cadenaser.com/bestsellerespanol/tags/escritores

domingo, octubre 26, 2008

DIVAGACIÓN SOBRE ESOS LIBROS ANTES DE LOS INCUNABLES

Empiezo por transcribir la definición de incunable del DRAE. “(Del lat. incunabŭla, pañales). // 1. adj. Se dice de toda edición hecha desde la invención de la imprenta hasta principio del siglo XVI. U. t. c. s. m.”. De un artículo encontrado sobre el tema (El libro medieval http://endrina.wordpress.com/2008/04/24/el-libro-medieval) se dice esto: “El libro medieval, conocido como códice o manuscrito, nace y muere a causa de dos revoluciones técnicas muy distintas; nace cuando, hacia el siglo IV d. C., se reinventa el libro como un objeto de forma rectangular consistente en varias hojas apiladas y cosidas, que se pueden hojear una tras otra (el formato de los libros de hoy día), y muere con la invención de la imprenta en el siglo XV”


Me entusiasmo con la opinión de un personaje de un cuento fantástico de Borges que consideraba que “La imprenta, ahora abolida, ha sido uno de los peores males del hombre, ya que tendió a multiplicar hasta el vértigo textos innecesarios.” Tiendo entonces a dilucidar cómo sería el mundo cuando no se imprimían los libros sino que cada uno era un ejemplar único, escrito y adornado con gráficos, a mano, con la pluma del escriba y el pincel del dibujante y el artista. Algo como “monjes y frailes dedicados exclusivamente al rezo”, según dice por ahí un documento que reseña la historia de la imprenta, pero antes que ellos, era una opción de riqueza y de poder el tener libros entre romanos, griegos, árabes y hasta entre los egipcios, quienes con su invención del papiro dieron pie al pergamino.

Se me ocurre que por ello la palabra “incunable” es eso: los albores de la creación de libros por medios mecánicos cuando ya no podría más hablarse de hacer libros singulares, en un ambiente ya de población mayor en número creciente. De esas especies que sólo llegaban a minorías mínimas (con la excusa de la redundancia), me imagino cada tapa, cada contracarátula, cada relieve de su lomo, cada fibra de cada hoja había sido hecha con amor y con ilusión y desenfado por el o los artistas. Los colores en épocas donde las tintas eran menos que eso, eran pigmentos extraídos de todos los rincones de la tierra, expuestas en crisoles. Tal vez el rojo era de Altamira, tal vez añil del índigo de la India, tal vez el ocre de alguna arcilla rara del patio trasero, y hasta un blanco proveniente de un caolín africano. El tiempo era un recurso inmenso e inagotable. No era una obra para vender mañana en el semáforo de la avenida 10. Sólo era el hecho de hacer bella la belleza, del decir y ver ese decir por esos ojos privilegiados que, a la luz de una vela cerúlea, amaban la escritura. Debían abundar en las mesas, los montoncitos de polvos preciosos de oro, plata y hasta algunos que ni se conocían, de los cuales emanaban vapores y olores escondidos; aceites y diluyentes traídos de todos los confines, a precios exorbitantes, pero que en la mira del creador de aquel libro, no sumaban.

¿Qué decir del texto y sus contenidos? Amorosos ellos en el decir del señor feudal, el noble o el reyezuelo que tenía en su trastienda una multitud de pintores, orfebres y juglares escribas de hábil palabrear, a su servicio, tal vez por la paga de un bocado y un jergón con un algo caliente a la extrema hora de dormir. Mi imaginación se amolda, tal vez en apego a imágenes de algún director de películas de esas épocas, y de algunos gráficos de pintores clásicos, y exalta a esos amantes de la exacta reproducción de lo que sus ojos les presentaban, obviamente antes de la aparición en escena de los impresionistas, personas en su trajín en las cortes, batallas ganadas obviamente, tronos conquistados con sus princesas y riquezas, y hasta la reliquia que se quería hacer imperecedera.

Los tutores de la antigüedad de estos libros no tenían ningún derecho sobre sus obras publicadas; no existían ni derechos de autor ni derechos de editores, tal vez por ello era que cada quién podía copiar un libro a su acomodo y voluntad. Era un tema de prestigio y de mucho dinero, eso creo, pues el libro conseguía inmortalizar a su autor, es decir, era la gloria.


Cómo decir desde hoy, era cibernética, con red que crece y se duplica cada dos años en usuarios y cada dieciocho meses en contenidos, que ha igualado a “sirios y a
troyanos” con sólo el toque sutil de la yema de los dedos, no importa si en el café Internet de la esquina o recostados cómodamente en su suite de Abu Dabhi, ¿cómo sería aquella sensación de poder y gloria para quien exhibía ante un puñado de nobles, el último libro que cien especialistas habían creado para sus ojos?: no sé cómo decirlo, no lo sé. Ante esta brumadora perspectiva, de reciente engaste en la historia de la humanidad, ¿qué será un tipo de gloria escrita similar en un futuro cercano u hoy mismo? Tampoco lo sé y creo que cualquier respuesta es de antemano, no sólo arriesgada sino incierta. ¿Tal vez un manuscrito original en inglés de Borges? Igualmente, no lo sé.


septiembre 30 de 2008


Final

      FINAL   Final que se avizora en un paso infinito desde los gestos, lo no dicho y las miradas Un lenguaje plagado de distan...