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miércoles, julio 16, 2025

¡Ven!

 

 

 

¡VEN!

 

Me encantan tus perspectivas

y la forma en que dirimes tus miedos

en ese camino instante en que te posas

cuando tu razón es la más simple

y te gana la piel y el amor

 

Luego... optas por tu figura flagelante

y observas tu ser desde fuera de ti

y te castigas con inmisericordia

cuando lo único que veo entre tus azules

es el alma más enamorada

 

Yo entro en escena y te canto

desde la elocuencia de mi sonrisa

que perdona y entiende todo

hasta las manos que te extiendo

para que no seas más tu propio verdugo

 

¡Ven! ¡Quiérete más! ¡Sólo te tienes a ti!

 

Campea conmigo de la mano de algún poema

y que en ello se nos vaya la vida

porque en el siguiente momento de respiro

no sabremos qué será lo que encontraremos

 

¡Ven! ¡Abraza mi abrazo! ¡Sé mi todo!

Sé mi sueño de hoy y no la bronca de más tarde

Yo te abrazo... es lo único que tengo

 

Francisco Pinzón Bedoya ©

2015

 

 

 


miércoles, enero 20, 2010

¿Poemas escritos en primera persona?

Hoy quiero empezar el año real de este BLOG con una pregunta abierta y la respuesta que me he venido construyendo, tema que define este post y sobre el cual me agradaría que hubiera alguna interacción para darle más contexto. 




"Invocación"



Quiero partir de declararme fanático de esta forma de escribir que puede llegar a mostrar lo que el poeta es, cree, siente o imagina, y es capaz de decirlo con base en ese “yo” que es tan difícil de manejar, y que –algunas veces- causa escozor y hasta controversia.  A pesar de esta dificultad, existe una gran cantidad de literatura escrita así, con grandes pergaminos  y premios en su haber.  Esta forma personal de decir dio origen a los BLOGS, como ese “confesionario público” en que muchos (millones) nos hemos metido e “inmolado” para exorcizar el espíritu y el alma, y hasta el cuerpo.



"Sueño dividido"


Mi historia en poesía está basada en un 90% diría yo en escritos donde hay un yo que se expresa y “pone sobre el tapete” un sentir, un percibir, un saber, un ser. Esa interacción con esta forma mía de decir, de “poemar” en este caso, ha causado diversos tipos de reacciones como las siguientes:
·        Alguna vez una persona me dijo que le gustaba lo que yo escribía pero que al hacerlo se sentía como intromisa en un mundo al que no tenía acceso, que como no lo percibía no lo entendía, y que por lo tanto “no se sentía cómoda” con los poemas;
·        En otras ocasiones, que es como un denominador común, se me han endilgado como vivencias propias todo lo que he escrito en un tono de primera persona, sobre lo cual hube en otra oportunidad de escribir algo para explicar que si se circunscribe a esta interpretación lo escrito, se deja de lado la posibilidad de que haya poemas escritos desde lo fantástico, desde lo onírico, desde la nostalgia o el anhelo, desde el alter ego que todos tenemos, o desde otras formas más profundas que pueden llegar hasta a esconder lo que el poeta realmente es o dice, situación bastante probable.
·        Y en un caso extremo, hubo un editor que “condescendientemente” se dignó a leer una propuesta de libro que le hice, la cual él descartó diciendo que no era siquiera pensable publicar “porque la estructura de lo escrito (en primera persona) marca ese tono inaceptablemente intimista que tienen los poemas…” (o algo así que ya se borra en la niebla de mis recuerdos), respuesta muy similar a la de otros editores que han dicho de este tipo de poesía (la mía) es “(una) que recorre caminos comunes a toda la poesía románticamente dulce de todos los tiempos”, y hasta hubo alguno que dijo que “a este tipo de poesía le falta realidad, le falta calle, no es del tipo de poesía urbana que ahora se está publicando”

 
"Ventaneando"


Tal vez Lina Zerón (México), en una entrevista hace una explicación de la poesía escrita en primera persona que me da más luces sobre por qué se dan estas interpretaciones: “Es al término de una poesía  con lenguaje femenino, yo me quedo con la sensación de que me haya gustado o no la poesía. Esta diferencia, no es buena ni mala. Es a penas una constatación personal. Cuándo se escribe sobre sentimientos, las mujeres llevan ventaja: pueden exponer con claridad los sentimientos humanos más íntimos, sin grandes penalidades. A final, son las mujeres (ese juicio es gritaste). Son consideradas emocionalmente débiles, incultas y románticas. A las mujeres se las permite la contradicción (al final, ¿Quién entiende las mujeres?, ¿No es así?) Y es la escrita en la primera persona del singular, en el presente del indicativo: yo lloro, yo soy traída, usada. Yo tengo miedo de la muerte, de quedarme sola, de la vejez, de la incompetencia, del paro, del futuro. Yo tengo odio de ese hombre, yo amo esa amiga, yo estoy insegura, ansiosa, confusa. Los hombres son severamente criticados si entran en contradicciones o admiten ser inseguros. Ni las propias mujeres les perdonan. Para exentarse, generalmente usan la tercera persona, cuándo expresan sentimientos y los expresan en el pasado o cómo preocupación del futuro.” (Tomado de "Somos peligrosas desde que Eva dio la manzana a Adán" Entrevista con Marilda Confortin – (Brasil))



"¿El ángel?"

Alguna vez participé en un foro con otros escritores, noveles todos nosotros, y uno de los temas era la persona (primera, segunda, tercera) en que más gustaba escribir y hasta en que más se debía escribir, y de allí aprendí que hay un gran “depende” puesto que –como todo en la poesía- la forma no debe superar al poema mismo sino que lo que debe sobresalir es el mensaje, y cada persona escoge la forma de expresarlo.  Allí también, y en otras lecturas relacionadas, he llegado un poco a la conclusión de que lo importante es si el poema “llega”, “mueve”, “confronta” u otra acción que le genere algo al lector, y de si esa reacción se valora en términos de aceptación y deleite.  Todo lo demás son entelequias de quienes escribimos y a veces hacemos culto del lenguaje “per se”, olvidando que él es sólo “un vehículo para”… decir, trascender, o simplemente… ser.






"Solo soledad"



Para la muestra un botón reciente de mis poemas:



“DE PRONTO...

Hoy, pensándome,
sintiendo en el aire
el peso de la ausencia,
creyendo que tal vez eras tú...
llegó un aviso en texto
que decía que aún vivías,
que aún fustigabas tus recuerdos
frente a tu ventana.
Hoy, partiendo del mundo de  tu rosa,
desde olores prestados,
desde búsquedas infructuosas,
épicamente siendo tuyo,
con mi abstinencia intacta
y ese halo de cordura
que aún me subyace para ser
lo que otros ven...
lo
     he 
           sentido
                         todo...
                                      todo:
El peso de tu estela,
la suerte imperante de tu risa,
el faldón verde con tus zapatillas rosa,
las mañanas en que te sorprendía
desde algún hallazgo extremo
en la orilla de alguna calle,
la barbarie en que aún te deseo,
los postres a medio empezar,
la fruta intensa en que se convertía tu cuerpo,
el desasosiego por cada minuto
en que no aparecías, para luego
-con tu sonrisa y esos encendidos fuegos-
hacerme sentir el ser infinito / ese ser de incendio,
la presencia palabrera más cimera
con que asaltaba esos intermedios de locura,
y todo aquello que tu aliento fresco suponía...

Y entonces...
quise descubrir
el inmenso extraño que soy,
la fuerza imperiosa que eres
y lo poco que tengo...
y sólo me quedó
el poema
... por ello
quise escribirte éste
para que supieras
cuánto es eso que me invento
eso que está entre las voces y el canto
entre mi sangre... y tu fuego
y entre el cielo y el infierno”



"Sirena"



Creo que Eliahu Toker aporta una nota en su artículo: “POESÍA EN PRIMERA PERSONA”, pues al respecto dice:

“En la entrada del  Museo de Bellas Artes de Boston existe un cartel que dice:

Relájese. El arte está hecho para inspirar. No para intimidar.
No existe una manera correcta de mirar una obra de arte.
No existe una manera incorrecta.
Sólo existe su propia manera.
Relájese. Este es un museo, no un test.

Esto puede aplicarse también a la poesía.”

"¿Vidente?"




Saludos a todos, y hasta el próximo post.

martes, diciembre 22, 2009

Una alegría para Navidad


Me acaban de publicar un artículo en LETRALIA.  Otra vez me gano la aquiescencia de esa revista digital, premiada y llena de literatura.  Lo comparto con ustedes, mis seguidores y lectores, asiduos, esporádicos, curiosos, silenciosos, etc.  Gracias a Jorge Gómez y a su equipo de colaboradores, que deben ser muchos y abnegados.  Para ellos un abrazo y una Feliz Navidad.





Me siento premiado y muy contento.  Esta es la dirección por si se animan a leerlo ya dejar allí sus comentarios también.  Es una especie de “ensayo”, aunque no me atrevo aún a llamarlo así, sobre un tema recurrente y manido, pero visto desde una óptica muy poética y personal... “Del silencio, la poesía y otras divagaciones





Año XIV • Nº 224

21 de diciembre de 2009 

Cagua, Venezuela



¡Anímense!

Aprovecho para desearles a todos una FELIZ NAVIDAD en unión fraterna de su círculo de afectos.  Desde Medellín, un abrazo para cada uno de ustedes con el espíritu alegre de esa celebración, que más que una religiosa es una familiar, en la que se comparten viandas y alegres sabores que llenan el alma más que el estómago...

Ya estoy en vacaciones y creo que del BLOG me alejaré poco...

Hasta pronto





viernes, junio 12, 2009

Tengo una pulsión


Tengo una pulsión insana porque quiero escribir sobre un tema que me ronda pero en este instante no puedo, sin embargo, viendo bien mi condición, lo que realmente pasa es que no debo. El poder y el deber, dicotomía espesa de
abordar. Hay una urgencia ansiosa, mi humana debilidad, de dejar en letras trozos de mí que me hagan “creer o sentir” que trascendí esta vida que llevo ¿plana tal vez? Hay un suave recordar esos aumentos de adrenalina que invaden mi cuerpo cuando he logrado concretar en letras los decires comunes con mis palabras mayores, y así ser poeta y sentirme poeta. Hay un añorar los días de reciedumbre pero a la vez de alegrías infinitas, porque allí he sido capaz de parir el verso que se juntó en mis dedos y con los otros de sus amigos, reverdecer en una hoja y ser... poema, tal vez para unos ojos o para aquel que fui al lado de mi inconmensurable ego, lisonjas y quieros.

He recordado, en estos momentos, la luz que brotaba de la alegrí
a del poeta ese día que le acompañé mientras hacía el lanzamiento de su último libro de poemas. He traído a mi memoria su mirada jugosa, los aplausos calurosos de unos pocos amigos que lo rodeamos en la concreción de su sueño, en el ambiente propicio, en el instante. Me ha acompañado la vibración de su voz única al leernos sus “hijos”. He sentido que algo como ese compartir de poemas, no sé si propios y ajenos, con condimentos distintos a los que tengo, me hace falta. Me pregunto y me respondo: ¿Es ese el contagio que quiero? ¿Es ese el latir que deseo? ¿Es esa la forma armoniosa de acercarme al verbo que espero? ¿Lograrlo? Fácil, difícil, qué sé yo, pero lo quiero.

Fernando Albán, en “Borges, la memoria y el tiempo”, dice de Kierkegaard: “Grávido de eternidad, el instante es el lugar de la paradoja, ámbito frente al cual la razón encuentra a su otro irreductible.”; y también dice de Borges: “...lo que Borges considera como el éxtasis del tiempo: eterno, móvil inmóvil, el día está expuesto a un permanente movimiento que no es progresivo sino circular.” ¿Será que es un círculo que se está abriendo para entrar yo, o que mientras lo pienso ya estoy ahí y sólo falta el momento? ¿Saberlo ver llegar, aprovecharlo? Tal vez es
mejor seguir Borgeando en la lectura y como consecuencia, la escritura, porque según él dice: el pasado y el futuro son infinitos, y lo único que tenemos es la realidad presente del instante. Y entonces, será seguir con estos instantes, tener las expectativas abiertas y dispuestas para lo que ha de venir, mientras en el camino... y volver a escribir.

El colofón de esta divagación lo dijo ya –otra vez- Borges: “Como saben ustedes, me he atrevido a escribir; pero creo que lo que he leído es mucho más importante que lo que he escrito. Pues uno lee lo que quiere, pero no escribe lo que
quisiera, sino lo que puede.” (Credo de poeta)

Francisco Pinzón Bedoya
junio 11 de 2009



Un poco de mí en mi biblioteca

domingo, octubre 26, 2008

DIVAGACIÓN SOBRE ESOS LIBROS ANTES DE LOS INCUNABLES

Empiezo por transcribir la definición de incunable del DRAE. “(Del lat. incunabŭla, pañales). // 1. adj. Se dice de toda edición hecha desde la invención de la imprenta hasta principio del siglo XVI. U. t. c. s. m.”. De un artículo encontrado sobre el tema (El libro medieval http://endrina.wordpress.com/2008/04/24/el-libro-medieval) se dice esto: “El libro medieval, conocido como códice o manuscrito, nace y muere a causa de dos revoluciones técnicas muy distintas; nace cuando, hacia el siglo IV d. C., se reinventa el libro como un objeto de forma rectangular consistente en varias hojas apiladas y cosidas, que se pueden hojear una tras otra (el formato de los libros de hoy día), y muere con la invención de la imprenta en el siglo XV


Me entusiasmo con la opinión de un personaje de un cuento fantástico de Borges que consideraba que “La imprenta, ahora abolida, ha sido uno de los peores males del hombre, ya que tendió a multiplicar hasta el vértigo textos innecesarios.” Tiendo entonces a dilucidar cómo sería el mundo cuando no se imprimían los libros sino que cada uno era un ejemplar único, escrito y adornado con gráficos, a mano, con la pluma del escriba y el pincel del dibujante y el artista. Algo como “monjes y frailes dedicados exclusivamente al rezo”, según dice por ahí un documento que reseña la historia de la imprenta, pero antes que ellos, era una opción de riqueza y de poder el tener libros entre romanos, griegos, árabes y hasta entre los egipcios, quienes con su invención del papiro dieron pie al pergamino.

Se me ocurre que por ello la palabra “incunable” es eso: los albores de la creación de libros por medios mecánicos cuando ya no podría más hablarse de hacer libros singulares, en un ambiente ya de población mayor en número creciente. De esas especies que sólo llegaban a minorías mínimas (con la excusa de la redundancia), me imagino cada tapa, cada contracarátula, cada relieve de su lomo, cada fibra de cada hoja había sido hecha con amor y con ilusión y desenfado por el o los artistas. Los colores en épocas donde las tintas eran menos que eso, eran pigmentos extraídos de todos los rincones de la tierra, expuestas en crisoles. Tal vez el rojo era de Altamira, tal vez añil del índigo de la India, tal vez el ocre de alguna arcilla rara del patio trasero, y hasta un blanco proveniente de un caolín africano. El tiempo era un recurso inmenso e inagotable. No era una obra para vender mañana en el semáforo de la avenida 10. Sólo era el hecho de hacer bella la belleza, del decir y ver ese decir por esos ojos privilegiados que, a la luz de una vela cerúlea, amaban la escritura. Debían abundar en las mesas, los montoncitos de polvos preciosos de oro, plata y hasta algunos que ni se conocían, de los cuales emanaban vapores y olores escondidos; aceites y diluyentes traídos de todos los confines, a precios exorbitantes, pero que en la mira del creador de aquel libro, no sumaban.

¿Qué decir del texto y sus contenidos? Amorosos ellos en el decir del señor feudal, el noble o el reyezuelo que tenía en su trastienda una multitud de pintores, orfebres y juglares escribas de hábil palabrear, a su servicio, tal vez por la paga de un bocado y un jergón con un algo caliente a la extrema hora de dormir. Mi imaginación se amolda, tal vez en apego a imágenes de algún director de películas de esas épocas, y de algunos gráficos de pintores clásicos, y exalta a esos amantes de la exacta reproducción de lo que sus ojos les presentaban, obviamente antes de la aparición en escena de los impresionistas, personas en su trajín en las cortes, batallas ganadas obviamente, tronos conquistados con sus princesas y riquezas, y hasta la reliquia que se quería hacer imperecedera.

Los tutores de la antigüedad de estos libros no tenían ningún derecho sobre sus obras publicadas; no existían ni derechos de autor ni derechos de editores, tal vez por ello era que cada quién podía copiar un libro a su acomodo y voluntad. Era un tema de prestigio y de mucho dinero, eso creo, pues el libro conseguía inmortalizar a su autor, es decir, era la gloria.


Cómo decir desde hoy, era cibernética, con red que crece y se duplica cada dos años en usuarios y cada dieciocho meses en contenidos, que ha igualado a “sirios y a
troyanos” con sólo el toque sutil de la yema de los dedos, no importa si en el café Internet de la esquina o recostados cómodamente en su suite de Abu Dabhi, ¿cómo sería aquella sensación de poder y gloria para quien exhibía ante un puñado de nobles, el último libro que cien especialistas habían creado para sus ojos?: no sé cómo decirlo, no lo sé. Ante esta brumadora perspectiva, de reciente engaste en la historia de la humanidad, ¿qué será un tipo de gloria escrita similar en un futuro cercano u hoy mismo? Tampoco lo sé y creo que cualquier respuesta es de antemano, no sólo arriesgada sino incierta. ¿Tal vez un manuscrito original en inglés de Borges? Igualmente, no lo sé.


septiembre 30 de 2008


Tengo ganas

      TENGO GANAS   ... de tiempo en que sea yo uno más en el delirio que aspiro de viento de cometa para vibrar esos colorine...