Mostrando las entradas con la etiqueta Santa Marta. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Santa Marta. Mostrar todas las entradas

jueves, abril 09, 2026

Ese mar


 

 

ESE MAR

 

I

 

Para mí el mar es un asunto de vida

a sus pies recaló mi niñez

con un sabor que nunca desaparece

con un agrio y un almizcle propios

con un calor pegajoso y refrescante

con azules que bordeaban mis pestañas

hasta que alguien dijo que mirada

era casi transparente

Luego ha sido un llamado de su vientre

ancestral / corroído por décadas de depredación

y por la agresión que sufre sin quejarse

hasta el día en que llega la marejada

que es como un berrinche derrotado

por ser el receptor de todas las basuras del hombre

 

II

 

Tengo entre mis dedos y mis recuerdos

espumas y vaivenes de aguas agitadas

que han reflejado ostras y garcetas

paseadores y lunas / romances e hipocresías

que capturaron a mi esencia que sólo venía

desde otra geografía por alguna oportunidad

y que me he quedado allí / en ese azul

con mi más preciada semilla de albores

y silencios / juegos y pesadillas

para bien o para mal de mi paso

cansino por sus playas

 

Por alguna de esas radas de remolinos

vaga ad eternum mi madre

con su amor y cantinelas

miedos y estrecheces

Allí añora volver mi padre

que sufre su prisión perpetua

en un desfase de tiempos

inmemoriales / terrosos

y casi cataclísmicos

 

III

 

Soy de ese mar... y vuelvo y paso

y en cada tiempo...

se van mis años / mi vida y mis condenas

que se limpian y florecen

en sus fondos que reflejan mi ser

que nunca lo olvida

 

Francisco Pinzón Bedoya ©

2021

 

 

 



sábado, julio 29, 2023

Homenaje a Santa Marta en sus 498 años - 1525 - 2023



 

 

Calle 14 entre segunda y tercera

 

Resuenan en sus ecos los cascos y las herraduras de la historia, cuando llevaban las legiones de caminantes que hicieron de este sitio lo que hoy queda. Tal vez trajinaban marismas y aguas estancadas y soles que descansaban en sus ojos, mientras las viseras de las gorras paliaban rayos, y dejaban a las bestias que con su memoria y su cansancio ancestral los llevaran por el camino, tal vez hacia tierras más frescas, a algún destino para entregar sus preciados cargamentos.

 

Después, el camino fue poblándose y las grandes casas lo convirtieron en calles empedradas, donde los sonidos ya eran evidentes. Los árboles debieron ser los sombríos acompañantes de la turbamulta de diversos colores y tintes.

 

Pudieron pasar por aquí Bolívar y su séquito, tal vez su amigo médico y un ejército de sirvientes y soldados rumbo a San Pedro Alejandrino, su hacienda de descanso.  Quizás en estas mismas calles se escucharon sus gritos de esperanza, sus lamentos y quejidos, y su voz de dolor y desespero, con tantas glorias que de poco le sirvieron. Sus estudios en Europa y su causa tocaban finitudes ya.

 

En fin, uno puede casi ver las recuas cansadas pero de fiesta, del día de la celebración.  Pasaba por su mente desde el nacimiento y la presencia evidente de la muerte, desde el boato a la pobreza: una vida que creó la base de lo que ahora disfrutamos y que nos habla desde las paredes blancas y los techos altos, con balcones mirando hacia la bahía.

 

Todo esto sólo es mi imagen del rodar de un paso que he visto al pasearme por estas callejuelas sin tiempo, pero con un amor desmedido debido a la salvación que fueron para mi familia.

 

Francisco Pinzón Bedoya

Santa Marta

2010

 


lunes, junio 05, 2023

¡Ay! Amor ya no me quieras tanto

 

 

¡AY! AMOR YA NO ME QUIERAS TANTO

 

Escucho los boleros que tanto le gustaban a mi padre, en esas voces melodiosas de Los Panchos y de un Lucho Gatica, o el sonoro y tórrido tono único y anónimo de Noche Los Tres, y mi añoranza ilimitada por el tiempo navega por entre parrandas que no fueron mías y por romances que soñaron mis viejos.  Evoco esas noches en que la radiola Hi-Fi de Ratefon con sus dieciséis parlantes, su sonido “orgullosamente estéreo” como él decía, retumbaba en la sala, haciendo gala de sus 3.60 metros de grande, de su brillo color madera y de su “V” que hoy me parece como si desde allí gritara una victoria sobre un algo que era tal vez la vida que mi padre invertía en sus amigos, su tejo, su whiskey y su familia.

 

De la cocina salía el olor del bocado de turno y me parece estar viendo a mi madre caracolear, cantar y bailar amando aquellas guitarras, voces y requintos, aunque creo que mexicanos nunca los tuvimos como tales sino como más propios que los nuestros.  Era el tiempo aquel en que el terlenka, la gomina y el charol bailaban desde la sala y el nylon brillaba en las ropas de los presentes, sin consideraciones de esa temperatura que hacía acuosa mi espalda y mi camisa.

 

Tal vez mis ojos escondidos para ver tras los cristales de mis gafas de carey que aún no entendían del jolgorio pasajero, pero hoy ese acetato viejo con su sonido de fondo, como de serrucho sobre el madero, me dice a mis años que estoy tan cerca de mí y mis raíces como lo está este ron que baja lenta y agradablemente por mi garganta tratando de espantar éstas mis lágrimas de indómita nostalgia.

 

Francisco Pinzón Bedoya ©

2005

 

 

 




martes, septiembre 07, 2021

Eres parte


 


 

 

ERES PARTE

 

Eres parte de esa ciudad

a la que pertenecen mis sueños

rodeada de hambre y ventolera

de carbón y pieles relucientes

de sonrisas y contrastes

 

Eres parte de esa ciudad que habito

aunque no respire su sangre

aunque no viva sus luchas

pero que albergo en el fondo

de mis brazos tibios

 

Eres parte de esos susurros

que en noches como esta

trasiegan mis oídos

lo mismo que el leve crujir

de sus techumbres oxidadas

y de sus olas azulmente tagangueras

 

Eres una de esas pieles

fragantes / excesivas

que al caminar gritan su valía

en esa forma que exuda

toda esa ciudad… que te pertenece

 

Eres una de esas pocas siluetas

que hacen que su música y su sabor

su voz y tu pelo alborotado

se esparzan por mi piel de lunes

y hacen de mi pluma un escabroso

fluir de caracolas frescas

en el palmo de mis dedos

 

Eres la ciudad

y la ciudad que llevo dentro

               … te habita

 

Francisco Pinzón Bedoya ©

2012

 

 



jueves, noviembre 05, 2020

Calle 14 con 2ª

 




 

 

CALLE 14 CON 2ª

 

Por calles con nombres divertidos

llenos de lisonjas y suspiros de otros tiempos

vaga mi mirada de la buganvilia al azul

del blanco estático a ese verde locuaz

y sólo me nacen sinuosas esperanzas

que tienen su propio tiempo interrumpido

 

Deben haber más historias repetidas

de amores e inocencias infinitas

de conciliábulos y parsimonias amañadas

de sabios consejos a oídos para nada

de noches de acecho y puertas de crujidos

 

Es un sabor a tiempo sin destino

como si de cada ser que pasó por aquí

se hubiera quedado en el aire algún aroma

o se hubiera detenido sólo para mi aliento

quejas y estrecheces / gritos y amantes

pertrechos para alguna tropa cansada

más… una batalla entre quedarse e irse

dejar más de lo dejado o quedárselo todo

de los miles de seres que me antecedieron

 

Estas callejuelas blancas

de techos elevados / de humedades propias

de salvatajes y tesoros dispersos

para unos pocos que en esas casonas estuvieron

me dan la presencia de algún verso

que aterrizará distinto en mi cuaderno

para yo atrapar en mis letras este instante

eso tan insano que me dicta…

aquello que nadie a mi alrededor ve

aquello que no es evidente ahora que lo pienso

pero que a mí me obliga a describirlo

en algún abrupto murmullo sin medida

pero con el ritmo que le imprimen

esos fantasmas de cantos sin sonido

que hoy, en Santa Marta, van conmigo

 

Francisco Pinzón Bedoya ©

 

 

 



lunes, noviembre 21, 2016

Negrura de mar

"Pasaste por mí... ¿yo por ti?
--------------------------------------------------------------------------





NEGRURA DE MAR

Era esa noche en que la luna me miraba
como queriendo remendarme
Traías tu cabellera larga y tus senos en mi vista
pero le diste forma a otra ola
La despedida fue mejor que el encuentro
y ya lo intuía cerca de la rompiente
Sabíamos que allí nadie nos buscaría
sólo el rubor de las manos torpes
Cuánto hubieras sido más tú
en mis caricias de hoy a mis años
Hubo el paso de tus caderas en las mías
y las palabras no echaron raíces
… ya ni las recuerdo… sólo lo hago con el silencio
Uno lleno de exilios y de marítimos besos
que fueron un sello para miles más de lunas
Sólo esta noche oyendo a Cohen
viniste a mí con tu sonrisa tras el brillo negro
de tu cabellera mitológica
No te censuro… sólo te reconozco
No te juzgo… sólo te glorifico
No te llevo a ningún altar
en esta noche en que vuelvo a mis años
de mar y de infestas risas tuyas

Francisco Pinzón Bedoya ©




miércoles, julio 20, 2016

¿Resignación? (Mi grito de dolor)


"Imágenes turísticas de Santa Marta (Colombia)"
---------------------------------------------------------------------------------------------------






20 julio 2016 (Día de la Independencia de Colombia)

En una región de nuestra patria hay unas odas no escritas a la resignación y a la filosofía de que todo está bien, que nada pasa, que no importa lo que ocurra, que todo lo que se le quieran hacer al pueblo está bien y lo definen con esa frase de “¡Déjalo está’!”, como máximo símbolo de que “¡Todo bien!”.  Ha sido una de las mayores infecciones que pueda tener un conglomerado sometido a lo que los caciques y la clase gobernante quieran hacer, y es la mejor disculpa para no “hacé ná’”, para morirse de años y de ron y de carnaval. 

Es una de las regiones de nuestra Colombia más llena de ventajas, fronda, minerales, agua, vida… en ella reside Macondo y otros muchos terruños de la más fértil imaginación y vida, el de Shakira y Carlos Vives, el de tantos otros, pero soberbiamente descuidada y olvidada del mundo… especialmente por los propios nativos.  No es muy diferente de lo que ocurre en el resto del país, pero al menos en otras partes han logrado gestionar su propia suerte y disponen de mejores formas de vivir.  Es una costa caribe llena de contrastes, con una cara para el turismo y otra para el resto de las personas, donde no hay agua potable, donde la mortalidad infantil rural es la más alta del país, donde pasan las mayores riquezas frente a los miles de ojos que desde la ciénaga con olor de ácido sulfhídrico hace de las suyas, donde no se crían sino lo más fuertes, en fin… una tierra que se me merece la suerte que quieran construir, si despiertan.

Me duele esa desidia o resignación o desesperanza aprendida, yo ta no lo sé.  Este poema fue escrito con la fonética (onomatopéica quizás) con que se expresa en la calle, lo escribí en 2003 en unas vacaciones en ese Caribe Colombiano que tanto amo, allí donde viví el final de mi niñez y mi adolescencia, que siempre ha sido mi hogar y “mi casa” y “mi barrio”, a los que siempre he vuelto con el corazón lleno de amor, y que me duelen mucho.

Mis amigos costeños, mis familiares, me sabrán disculpar, pero ellos saben que así es…



DÉJALO ESTÁ'

En estos senderos caribeños
que derrite sin clemencia el sol
hay una agonía que parece paz
pues todos apuestan a no molestar
y así todos dicen
... déjalo está'

Se va aletargando la vida
y todo... todo puede pasar
Que los dementes volaron un puente
y ya nadie puede llegar
... déjalo está'

Que la quebrada de la vereda
montó en cólera en verano
y se llevó tres casas siete personas
y la esquinita de don Tomás
... déjalo está'

Que fue un niño pequeño
sin familia o sin dueño
a quien arrolló una tractomula
al filo de la media noche
y nadie ha ido el cuerpo a reclamar
... déjalo está'

Que el político de San Julián
está ofreciendo estudio y tierra para arar
y pan por las mañanas con suero pa' remojar
si votan por él y alguna curul oscura
le hacen brillar en sus comisuras de fiera
pero no vuelve y nadie lo vuelve a recordar
... déjalo está'

Que atacaron a Nicolás el lechero de El Carmen
para robarle los dos cántaros que aún torcidos
después de treinta años de bicicleta
y lo golpearon a patá'
y ya no puede volver a trabajá'
... déjalo está'

Que el acueducto de un pueblo
le están construyendo la última octava mitad
después de que las siete anteriores
alguien se las hubo de robar
y que todavía el agua hay que traerla burriá'
... déjalo está'

Que tengo en las manos el sueño
de conocer el gol más hermoso del mundo
yo que soy hincha del atlético de allá
pero con los aportes y las idas a fútbol
apenas me alcanza palmorzá'
... déjalo está'

Que hay unos señores que todo lo juzgan
en las tierras ricas de la orilla del mar
que son dueños de honra y vidas y terruños
pa´ lo que ellos quieran sembrar
pero que estando ellos nadie nos va a molestar
pero tampoco nos saca del hoyo
y parece que sí nos deja su verde trabajá'
... déjalo está'

Que ya no hay pescao
ni en la ciénaga ni en la barra ni en las quebrá'
porque los mataron con taco
con chinchorro cerrao o con algo más
y el hambre me ha matao dos hijos
... déjalo está'

Y sigo y sigo y me dibujo más
y mi mente rumbea más cantinelas
de las cosas absurdas para unos
y normales para los vivientes de acá
que pasan y repasan los siglos que pasan
sin que nadie haga ná'
y me desaparece mi poesía
atragantada entre un grito que es lindo
pero que estorba para tener
al menos una vida más digna que
ésa de ... “¡Déjalo está'!”

Francisco Pinzón Bedoya ©




jueves, julio 07, 2016

Que ya no está

"Esta parte... se ha ido"
-------------------------------------------------------------- 







QUE YA NO ESTÁ

Casi siempre hay un duende que recorre
los puentes que no hemos cruzado
y nos hace rememorar los tiempos
en que éramos tan niños y tan humanos
que las distancias se medían en risas
en la siguiente vuelta al árbol
a ver quién llegaba primero
para ganar una nada que nos hacía felices

Tantas alforjas llenas de milagros
tantas diferencias que se salvaban
sin el más mínimo roce ni agresión
donde templábamos los pies / la boca / las manos
y nos creábamos como la semilla de este hoy
a veces desafinado con lágrimas o carcajadas

Queda en la memoria única y eterna
la época en que los pájaros volaban con nosotros
y descendían con formas inimaginables
a llenar con sus cantos las noches de sueños
después de un cansancio que aparecía de repente

Todo el tiempo nos pertenecía sin remedio
y eran inocuas las llamadas de las madres y de la tarea
cuando nos volvíamos manada

De ello quedan miles de rescoldos de fuego
que yo aún guardo para los vientos de tormentas
que cada día se dan más seguido y sin aviso
donde me refugio y sigo / como ayer / a salvo

Francisco Pinzón Bedoya ©






Final

      FINAL   Final que se avizora en un paso infinito desde los gestos, lo no dicho y las miradas Un lenguaje plagado de distan...