UNA TARDE DE COLORES
La tarde se dio con su preludio de
soles
que en el camino llenaron de calor
la piel
No había más que algunas flores y
el carmín
en el cuarto en que el amor
despedía sus aromas
Tenía una soledad con sus límites y
acordes
la fresca entrega de dos que
existían en su burbuja
Fue una excursión encadenada en
cada palmo
por los derivares de las manos de
caminos y misterios
¿Cómo no verterse el uno en el otro
y en los dos?
¿Cómo no quedarse en medio del
ansia y el beso?
¿Cómo no estar más allá del milagro
y la cadencia?
Aún se preguntan si la vida se
contempla
desde este lado de la iridiscencia
compulsiva
o desde ese otro que parece... un regalo
instantáneo
Francisco Pinzón Bedoya ©
2015



