miércoles, febrero 27, 2008

ALGO SOBRE ELLOS Y SOBRE ALGUNAS DE SUS VIRTUDES

“He acumulado edades que nunca tuve
sólo por el roce con los Universos Paralelos.
La verdad es que se me hace tarde.”

De Ars Poétique de Gustavo Adolfo Becerra en Revista LETRALIA

Están cerca, los recuerdo y los siento muy dulces al lado de mis días, pues acompañan mi morral, mis escritos, mis noticias y todo lo que a mi vida se refiere. Tienen formas, colores, tamaños y sabores distintos. Algunos nos extasiamos en su olor y hundimos la nariz en sus profundidades como queriendo seguir la huella de la tinta hacia su primera aparición sobre el papel, y con mucha mayor alegría primaria sin son nuevos. Su origen es tan único como su apariencia, mas no así su destino, pues su lugar en cada tiempo en uno es un albur que lo definen caminos inciertos y especialmente aleatorios, tan disímiles como somos las personas que los posean y como tumbos de la historia y los acontecimientos que la crearon. Podría decirse que tienen vida propia y que en ellos hay rastros de la vida de quienes los disfrutaron o no. Algunas veces están intactos, por explorar; otras, por recordar, y otras veces... son muertes sin esclarecer. Los hay de razas y pedigríes tan diversos como ejemplares existen. Hay coleccionistas y personajes de cuento involucrados en su cuidado y hasta en su consumo: Borges, como muchos, es un ejemplo sobresaliente de ello. Son en sí mismos, los receptores y transmisores de la vida, de la historia y del conocimiento, aunque en este siglo su validez y utilidad estén en boca de muchos y hasta en entredicho. Paradójicamente, siendo seres estáticos y pasivos, han dado pie y han creado destinos, y hasta han cambiado reinos por ríos de sangre y tormentas de fuego, donde se consumieron centurias y hasta se crearon retrocesos. Han sido prohibidos y perseguidos, miles de ellos, por tener en sus entrañas ese algo que no puede llegar a ser conocimiento y mucho menos acervo. Han evolucionado con el hombre y son sus eternos consejeros, sin emitir una sola voz, un solo fonema. Se convierten en hitos y en signos, en regalos y en cargas, en motivos de discordia y hasta de designio, pero en sí todos están hechos del mismo material de donde todos venimos. Volver su contenido propio de una persona la hace ser un ser iluminado y lleno de estilo, de genio y hasta depositario de la confianza de los siglos, pero también puede –al contrario- quedar cargado con el peso de lo que otro quiso dejarnos, para nuestro lastre y equipaje el cual debemos asumir, soportar, digerir o saber emprender. Han escapado en su importancia al paso del tiempo y siguen con nosotros en su recorrido, y hasta continuarán después de nosotros, siendo nosotros sólo uno más de sus pasos hacia no sé qué destino. Están en las personas así algunas de ellas no sepan de su existencia o al menos, no tengan conciencia de ello. Marcado a fuego en mi memoria está algún dicho que dice que se vivió sólo si se plantó un árbol, se tuvo un hijo y si se escribió uno. Así podría seguir hablando de ellos, de todos los individuos existentes de este género, pero sería como creer que se puede hacer una adivinanza infinita de algo que es obvio y que todos sabemos.

Los libros viven en todas partes, se apertrechan en miles de lugares y sólo esperan el paso de ese lector de tiempo completo. Se aprovechan de la obsesión de algunos pocos y de la costumbre de otros. Son como seres vivos que desatan emociones y operan bajo total libertad del tiempo y el espacio. Cuentan de Augusto Monterroso que le gustaba pedirlos prestados y devolverlos a su dueño, aunque fuera años después. Guardaba muy pocos en su casa. Cuando le regalaban uno, trataba de rechazarlo del modo más gentil, y preguntaba a los amigos: “¿quién me recibe unos libros?”

Han estado en la historia desde siempre, como las huellas del hombre mismo. El emperador Shih Huang Ti mandó a construir la casi infinita Muralla China y, simultáneamente, ordenó que se quemaran todos los libros anteriores a él; la edificación de la muralla debía mantener al Imperio exento del riesgo de su destrucción y del olvido, mientras que la destrucción de todos los libros tenía como objetivo borrar de la memoria de su pueblo todo vestigio que hablara de un tiempo anterior al de su reinado, como lo narra Borges en su ensayo: "La muralla y los libros". La paradójica decisión del emperador habla posiblemente de la amenaza que habita en cualquier libro, en los archivos, en la memoria, en toda edificación que intente proteger o prevenirse contra la corrupción, habla a favor de su poder de perpetuarse. Así, los libros y su continente que puede ser biblioteca (o paraíso) o hasta arrume, que a la vez son memoria de todo, llevan en su seno la huella de un fin infinito que no deja de ser su Damocles, su misma amenaza de devastarlos, de dejarlos al azar corruptor del tiempo. Afirmaba Borges de sus amigos personales que “los libros son memoria sólo si en ellos no cesa de germinar el olvido que los convierte en historia en curso”, es decir, en una siempre inacabada, siempre por hacerse, siempre utópica. Un poco, son los actores de un despropósito, ilustran sin saber de expresión corporal o lenguaje gestual, enseñan sin aspavientos de pedagogías, dicen sin hablar, cambian desde el silencio, generan la pregunta del porqué, se inventan lo que no se ha hecho y hacen que el mundo cambie porque pueden hacer cambiar al hombre. ¡Qué propósito tan elevado éste de unos seres estáticos y pasivos!

Los libros son apreciados en mayor medida por aquellos que se han hecho en los libros. “Nadie tan interesado en el arte como los artistas. Para decirlo en esos términos prohibidos, nadie es tan buen consumidor de arte como los artistas, tan buen lector de libros como los escritores, tan buen escuchador de música como los músicos.” decía William Ospina. El placer de estar acompañados de ellos en forma activa, como poseedores del lenguaje de otros que a través de ellos algo nos han querido legar, es sin duda uno de sus atractivos. Es gratificante la experiencia de vivir los libros, y más que ello su contenido. Es de tal magnitud, que hasta se les llega a considerar como “de nuestra familia” y como interlocutores que se tratan personalmente en diálogos íntimos y transparentes. Algunos han escrito sobre su encuentro con los libros, como “encuentros con otros fenómenos de la vida o el pensamiento. Todos mis encuentros están configurados y no aislados. En este sentido, y en este sentido solamente, los libros son parte tan integrante de mi vida como los árboles, las estrellas o el estiércol.” (Henry Miller en “Los libros en mi vida”), y hasta se les atribuyen altas dosis de misterio ya que logran transmitir desde su “inanimidad” dejándonos a los lectores esa obligación de crear nuestro propia versión en lo que leemos, y es de ahí que a muchos no les guste confrontar su imagos de una novela con ésta cuando es llevada al cine, yo entre ellos tengo como ejemplo: El perfume de Patrick Sunskind o hasta El ahogado más hermoso del mundo, porque es como obligarse a cambiar la dama o el hecho o el tinglado que elaboramos en la lectura por lo que algún director consideró que era la mejor forma “gráfica” de representar dicha obra, y tal vez no queramos perder la magia o el hechizo que hizo en nosotros el libro. No quiero dejar de lado en este aparte del placer del libro y sus contenidos, aquél de la relectura, ya que además nos da la posibilidad de vivir varias veces las mismas palabras, porque “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.”, tema que de por sí da para una larga divagación constructiva. ¡Qué ventaja! ¡Qué oportunidades en las relecturas nos deparamos en esos libros especiales para cada uno!

Pero, por qué son tan importantes los libros que aún hoy, en este siglo XXI de Internet y otros, no han desaparecido. Será que Internet (que algunos imaginan como una biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de “galerías hexagonales” como lo sugiere Jorge Gómez Jiménez (Revista Letralia). Más allá de los libros y las bibliotecas tradicionales, el concepto sí está cambiando. Un ejemplo cercano, Medellín, Colombia. Se ha creado un programa institucional de ellas llamado Parques Bibliotecas, donde se generan más “espacios de entretenimiento y convivencia” que parajes para lectores de libros. Más allá de un lugar para la lectura y la consulta de libro, los parques bibliotecas "son un concepto que rompe con el modelo tradicional de centros de consulta y préstamo de libros", explica Gloria Inés Palomino, directora de la Biblioteca Pública Piloto y de la red de bibliotecas. Allí convive lo nuevo con lo tradicional. Confluye quien acude a hacer tareas y por ahí derecho a leer algunos textos que, en su curiosidad, hará sus amigos, y un punto de despegue de su marginamiento secular. Son ya cinco parques de este estilo con más de 20,000 libros, espacios y recursos para atraer cultura, escogidos para abrir mundos y para ampliar fronteras de pensamiento y la mente de las personas del común en Medellín. Ampliación que significa la contextualización del mundo, de su mundo, del mundo de todos quienes convivimos por estos lados del planeta. Los parques biblioteca, que son parte del plan de desarrollo de la administración municipal de Medellín, llegaron a la ciudad no sólo para atender la demanda de los sectores donde están ubicados sino para que otras instituciones, tanto educativas, comunitarias como religiosas, hagan uso de ellas. Por esta razón se convoca a la ciudadanía para que las visite y las muestre, "porque hacen parte de un patrimonio cultural y turístico de la ciudad", sostienen quienes alientan este plan. Queda mucho por desarrollar, especialmente lo más básico de todo: cursos de lectura y escritura.

¡Libros! ¡Bibliotecas! ¡Letras! ¡Lectores y escritores! Son ese parte de sobrevivencia que se deja ver aún sobre las humeantes chimeneas de algún holocausto apocalíptico que algunos han pronosticado con el advenimiento del flujo virtual de las letras. Creo firmemente que todo ello está más ligado al espíritu del hombre que al medio en que se distribuyan. ¡Bienvenidas todas las formas que hagan de las letras la sangre de la vida de muchos!

Vuelvo a Borges una y otra vez y recuerdo su mirada irónica sobre su ceguera que queda plasmada en el "Poema de los dones", tal vez en algunos de los más conocidos de sus versos:

Nadie rebaje a lágrima o reproche

esta declaración de la maestría

de Dios, que con magnífica ironía

me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños

a unos ojos sin luz que sólo pueden

leer en las bibliotecas de los sueños

los insensatos párrafos que ceden

las albas a su afán. En vano el día

les prodiga sus libros infinitos,

arduos como los arduos manuscritos

que perecieron en Alejandría.

FRANCISCO PINZÓN BEDOYA

Febrero 21 de 2008




Publicado inicialmente en:

Ediciones Letra Clara, España

http://letraclara.wordpress.com/2008/02/27/algo-sobre-ellos-y-algunas-de-sus-virtudes-por-francisco-pinzon-bedoya-desde-medellin/





Y sigue ese caminar por otras tierras, en medio de otras letras y haciendo algo pequeñito... para ser cada día un poco más grande


TA como tú

3 comentarios:

Pilar dijo...

Qué interesante me ha parecido este texto sobre los libros, dice mucho de lo que yo siento sobre ellos. Yo también "vivo los libros" y hago que ellos vivan una vida con todo lo que conlleva. Mis libros presentan la marca que les deja el tiempo y el desgaste de su pasar por él. Efectivamente los considero como de mi familia. Y por supuesto que para mí sería como sentir la pérdida de un ser querido si desaparecieran algún día.

Anay dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anay dijo...

"Es gratificante la experiencia de vivir los libros..."

Historias que se reescriben en la mirada del lector, palabras que juegan y se transforman... danzas de letras infinitas que se fusionan, se individualizan, se viven!
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¡Gracias por un saludo tan lleno de vida! Aplaudo este espacio y disfruto enormemente los colores que creas con cada palabra.