miércoles, febrero 27, 2008

ALGO SOBRE ELLOS Y SOBRE ALGUNAS DE SUS VIRTUDES

“He acumulado edades que nunca tuve
sólo por el roce con los Universos Paralelos.
La verdad es que se me hace tarde.”

De Ars Poétique de Gustavo Adolfo Becerra en Revista LETRALIA

Están cerca, los recuerdo y los siento muy dulces al lado de mis días, pues acompañan mi morral, mis escritos, mis noticias y todo lo que a mi vida se refiere. Tienen formas, colores, tamaños y sabores distintos. Algunos nos extasiamos en su olor y hundimos la nariz en sus profundidades como queriendo seguir la huella de la tinta hacia su primera aparición sobre el papel, y con mucha mayor alegría primaria sin son nuevos. Su origen es tan único como su apariencia, mas no así su destino, pues su lugar en cada tiempo en uno es un albur que lo definen caminos inciertos y especialmente aleatorios, tan disímiles como somos las personas que los posean y como tumbos de la historia y los acontecimientos que la crearon. Podría decirse que tienen vida propia y que en ellos hay rastros de la vida de quienes los disfrutaron o no. Algunas veces están intactos, por explorar; otras, por recordar, y otras veces... son muertes sin esclarecer. Los hay de razas y pedigríes tan diversos como ejemplares existen. Hay coleccionistas y personajes de cuento involucrados en su cuidado y hasta en su consumo: Borges, como muchos, es un ejemplo sobresaliente de ello. Son en sí mismos, los receptores y transmisores de la vida, de la historia y del conocimiento, aunque en este siglo su validez y utilidad estén en boca de muchos y hasta en entredicho. Paradójicamente, siendo seres estáticos y pasivos, han dado pie y han creado destinos, y hasta han cambiado reinos por ríos de sangre y tormentas de fuego, donde se consumieron centurias y hasta se crearon retrocesos. Han sido prohibidos y perseguidos, miles de ellos, por tener en sus entrañas ese algo que no puede llegar a ser conocimiento y mucho menos acervo. Han evolucionado con el hombre y son sus eternos consejeros, sin emitir una sola voz, un solo fonema. Se convierten en hitos y en signos, en regalos y en cargas, en motivos de discordia y hasta de designio, pero en sí todos están hechos del mismo material de donde todos venimos. Volver su contenido propio de una persona la hace ser un ser iluminado y lleno de estilo, de genio y hasta depositario de la confianza de los siglos, pero también puede –al contrario- quedar cargado con el peso de lo que otro quiso dejarnos, para nuestro lastre y equipaje el cual debemos asumir, soportar, digerir o saber emprender. Han escapado en su importancia al paso del tiempo y siguen con nosotros en su recorrido, y hasta continuarán después de nosotros, siendo nosotros sólo uno más de sus pasos hacia no sé qué destino. Están en las personas así algunas de ellas no sepan de su existencia o al menos, no tengan conciencia de ello. Marcado a fuego en mi memoria está algún dicho que dice que se vivió sólo si se plantó un árbol, se tuvo un hijo y si se escribió uno. Así podría seguir hablando de ellos, de todos los individuos existentes de este género, pero sería como creer que se puede hacer una adivinanza infinita de algo que es obvio y que todos sabemos.

Los libros viven en todas partes, se apertrechan en miles de lugares y sólo esperan el paso de ese lector de tiempo completo. Se aprovechan de la obsesión de algunos pocos y de la costumbre de otros. Son como seres vivos que desatan emociones y operan bajo total libertad del tiempo y el espacio. Cuentan de Augusto Monterroso que le gustaba pedirlos prestados y devolverlos a su dueño, aunque fuera años después. Guardaba muy pocos en su casa. Cuando le regalaban uno, trataba de rechazarlo del modo más gentil, y preguntaba a los amigos: “¿quién me recibe unos libros?”

Han estado en la historia desde siempre, como las huellas del hombre mismo. El emperador Shih Huang Ti mandó a construir la casi infinita Muralla China y, simultáneamente, ordenó que se quemaran todos los libros anteriores a él; la edificación de la muralla debía mantener al Imperio exento del riesgo de su destrucción y del olvido, mientras que la destrucción de todos los libros tenía como objetivo borrar de la memoria de su pueblo todo vestigio que hablara de un tiempo anterior al de su reinado, como lo narra Borges en su ensayo: "La muralla y los libros". La paradójica decisión del emperador habla posiblemente de la amenaza que habita en cualquier libro, en los archivos, en la memoria, en toda edificación que intente proteger o prevenirse contra la corrupción, habla a favor de su poder de perpetuarse. Así, los libros y su continente que puede ser biblioteca (o paraíso) o hasta arrume, que a la vez son memoria de todo, llevan en su seno la huella de un fin infinito que no deja de ser su Damocles, su misma amenaza de devastarlos, de dejarlos al azar corruptor del tiempo. Afirmaba Borges de sus amigos personales que “los libros son memoria sólo si en ellos no cesa de germinar el olvido que los convierte en historia en curso”, es decir, en una siempre inacabada, siempre por hacerse, siempre utópica. Un poco, son los actores de un despropósito, ilustran sin saber de expresión corporal o lenguaje gestual, enseñan sin aspavientos de pedagogías, dicen sin hablar, cambian desde el silencio, generan la pregunta del porqué, se inventan lo que no se ha hecho y hacen que el mundo cambie porque pueden hacer cambiar al hombre. ¡Qué propósito tan elevado éste de unos seres estáticos y pasivos!

Los libros son apreciados en mayor medida por aquellos que se han hecho en los libros. “Nadie tan interesado en el arte como los artistas. Para decirlo en esos términos prohibidos, nadie es tan buen consumidor de arte como los artistas, tan buen lector de libros como los escritores, tan buen escuchador de música como los músicos.” decía William Ospina. El placer de estar acompañados de ellos en forma activa, como poseedores del lenguaje de otros que a través de ellos algo nos han querido legar, es sin duda uno de sus atractivos. Es gratificante la experiencia de vivir los libros, y más que ello su contenido. Es de tal magnitud, que hasta se les llega a considerar como “de nuestra familia” y como interlocutores que se tratan personalmente en diálogos íntimos y transparentes. Algunos han escrito sobre su encuentro con los libros, como “encuentros con otros fenómenos de la vida o el pensamiento. Todos mis encuentros están configurados y no aislados. En este sentido, y en este sentido solamente, los libros son parte tan integrante de mi vida como los árboles, las estrellas o el estiércol.” (Henry Miller en “Los libros en mi vida”), y hasta se les atribuyen altas dosis de misterio ya que logran transmitir desde su “inanimidad” dejándonos a los lectores esa obligación de crear nuestro propia versión en lo que leemos, y es de ahí que a muchos no les guste confrontar su imagos de una novela con ésta cuando es llevada al cine, yo entre ellos tengo como ejemplo: El perfume de Patrick Sunskind o hasta El ahogado más hermoso del mundo, porque es como obligarse a cambiar la dama o el hecho o el tinglado que elaboramos en la lectura por lo que algún director consideró que era la mejor forma “gráfica” de representar dicha obra, y tal vez no queramos perder la magia o el hechizo que hizo en nosotros el libro. No quiero dejar de lado en este aparte del placer del libro y sus contenidos, aquél de la relectura, ya que además nos da la posibilidad de vivir varias veces las mismas palabras, porque “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.”, tema que de por sí da para una larga divagación constructiva. ¡Qué ventaja! ¡Qué oportunidades en las relecturas nos deparamos en esos libros especiales para cada uno!

Pero, por qué son tan importantes los libros que aún hoy, en este siglo XXI de Internet y otros, no han desaparecido. Será que Internet (que algunos imaginan como una biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de “galerías hexagonales” como lo sugiere Jorge Gómez Jiménez (Revista Letralia). Más allá de los libros y las bibliotecas tradicionales, el concepto sí está cambiando. Un ejemplo cercano, Medellín, Colombia. Se ha creado un programa institucional de ellas llamado Parques Bibliotecas, donde se generan más “espacios de entretenimiento y convivencia” que parajes para lectores de libros. Más allá de un lugar para la lectura y la consulta de libro, los parques bibliotecas "son un concepto que rompe con el modelo tradicional de centros de consulta y préstamo de libros", explica Gloria Inés Palomino, directora de la Biblioteca Pública Piloto y de la red de bibliotecas. Allí convive lo nuevo con lo tradicional. Confluye quien acude a hacer tareas y por ahí derecho a leer algunos textos que, en su curiosidad, hará sus amigos, y un punto de despegue de su marginamiento secular. Son ya cinco parques de este estilo con más de 20,000 libros, espacios y recursos para atraer cultura, escogidos para abrir mundos y para ampliar fronteras de pensamiento y la mente de las personas del común en Medellín. Ampliación que significa la contextualización del mundo, de su mundo, del mundo de todos quienes convivimos por estos lados del planeta. Los parques biblioteca, que son parte del plan de desarrollo de la administración municipal de Medellín, llegaron a la ciudad no sólo para atender la demanda de los sectores donde están ubicados sino para que otras instituciones, tanto educativas, comunitarias como religiosas, hagan uso de ellas. Por esta razón se convoca a la ciudadanía para que las visite y las muestre, "porque hacen parte de un patrimonio cultural y turístico de la ciudad", sostienen quienes alientan este plan. Queda mucho por desarrollar, especialmente lo más básico de todo: cursos de lectura y escritura.

¡Libros! ¡Bibliotecas! ¡Letras! ¡Lectores y escritores! Son ese parte de sobrevivencia que se deja ver aún sobre las humeantes chimeneas de algún holocausto apocalíptico que algunos han pronosticado con el advenimiento del flujo virtual de las letras. Creo firmemente que todo ello está más ligado al espíritu del hombre que al medio en que se distribuyan. ¡Bienvenidas todas las formas que hagan de las letras la sangre de la vida de muchos!

Vuelvo a Borges una y otra vez y recuerdo su mirada irónica sobre su ceguera que queda plasmada en el "Poema de los dones", tal vez en algunos de los más conocidos de sus versos:

Nadie rebaje a lágrima o reproche

esta declaración de la maestría

de Dios, que con magnífica ironía

me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños

a unos ojos sin luz que sólo pueden

leer en las bibliotecas de los sueños

los insensatos párrafos que ceden

las albas a su afán. En vano el día

les prodiga sus libros infinitos,

arduos como los arduos manuscritos

que perecieron en Alejandría.

FRANCISCO PINZÓN BEDOYA

Febrero 21 de 2008




Publicado inicialmente en:

Ediciones Letra Clara, España

http://letraclara.wordpress.com/2008/02/27/algo-sobre-ellos-y-algunas-de-sus-virtudes-por-francisco-pinzon-bedoya-desde-medellin/





Y sigue ese caminar por otras tierras, en medio de otras letras y haciendo algo pequeñito... para ser cada día un poco más grande


TA como tú

viernes, febrero 22, 2008

Concurso Antonio Villalba de cartas de amor




El pasado jueves, 14 de febrero, día de San Valentín, en el acto que se celebró en el Café María Pandora de Madrid a las 20.30, se hizo público el fallo del VI Concurso Antonio Villalba de Cartas de Amor. Resultados del concurso: enero de 2008

Carta ganadora del primer premio

Asado de ternera: Autor: Lola Sanabria García


Cartas finalistas

Querida amada mía Autor: Gabriel Barrios Fedriani
Poeta asesinado Autor: Claudia Reina Antúnez
Flores de nata Autor: Silvia Fernández Díaz
Mientras miro al río Autor: Luz Myriam Cano Montoya (Medellín, Colombia)


Quiero resaltar la carta enviada por una coterránea, a quien desde este sitio van mis felicitaciones calurosas. Si por alguna razón llega a sus ojos este mensaje, aún mejor mi humilde homenaje.




Mientras miro al río, de Luz Myriam Cano, de Medellín (Colombia).
Publicado el: Viernes, 15 febrero a las 04:30:00

Sesenta y siete días después del 25 de septiembre.
elipe, tengo miedo. Un miedo parecido al del sábado que casi te matas contra el autobús verde y rojo de Caldas o al de lunes lluvioso que el abuelo Rogelio se fue al cielo haciendo ruido de yegua pariendo.

A esta hora debería estar en clases, pero estoy en la estación Acevedo. Miro el agua sucia del río. Me pinté los ojos de un azul festivo y aún así tengo la cara desolada de la indígena que los domingos se recuesta contra un muro de la iglesia de san Antonio María Claret. Tengo miedo, Felipe. Ya no abotona la falda del uniforme, no sube el cierre. Carolina se ha burlado porque llevo saco en verano. Cuando me baño trato de no mirar los senos que a ti te encantaba lamer. Llevo a escondidas unos brasieres de mi hermana Edna, los míos ya no sirven.

Un gallinazo da picadas a la orilla del río; se parece a la abuela arrebujándose el frío en su mantón de viuda. Las cabinas del Metrocable suben despacio a tu barrio. No fui al colegio por ir a recorrer esas calles que los niños han convertido en canchas de fútbol. Reparé en todos los hombres de piel oscura. Me detuve alelada en el dorso ancho y en el motilado de soldado de un tipo que acariciaba un perro color tierra amarilla, me recordó tu mano deslizándose por mi cabello pintado; huí aterrada de sus ojos de gato con ganas de gata. Escudriñé las ventanas. Miré los números de las motos rojas, en el espejo de una de ellas me vi palidez de…

El gallinazo se ha levanto con vuelo soñoliento. No; no es la abuela. El río corre. Me aprieta la falda a cuadros, es la misma bajo la que se deslizó tu mano con encanto de culebra de circo. Hace un calor igual al de aquella tarde bajo las sábanas. La cama parecía a punto de desbaratarse ¿lo recuerdas? Tengo miedo, Felipe. Me he cansado de timbrarte. Hoy he recorrido las calles de tu barrio mirando a lado y lado con ojos de indígena patisucia apostada en un atrio de iglesia. Me topé con decenas de espaldas y motilados de soldado; me asusté de las caras que se volvieron de pronto con mirada maliciosa.

Allá, en la iglesia de tu barrio Santo Domingo Savio, me quedé pasmada sobre una de esas vírgenes que tiene la abuela sobre el escaparate. Quise poder soltar en mi casa, en el colegio y en la tienda de la beata Edelmira, una historia igual a la de María: una tarde calmada en oración, un ángel saludando, un milagro y luego… luego un José algo sonso y barbudo, pero al fin y al cabo un José solidario tomando mi mano, esta mano que tú, malparido, soltaste. El viento levanta mi falda a cuadros. El viento es una mano suave y afanosa de hombre: tu mano. El río tiene el color del café con leche, si me dejo caer en él no moriré como tomando café con leche; alguno de esos transeúntes que pasa mirando de reojo mi trasero me sacará oliendo a gallinazo, y esta noche apareceré en Teleantioquia tosiendo, con la ropa pegada al cuerpo, tapando mi cara con las manos… O quizá gritándole a todo Medellín que eres un cobarde, Felipe. En este puto río no se ahoga nadie. No se ahogaría ni la vieja con todo y su miedo al agua fría. Ella lo predijo desde la silla de tullida donde columpia ese cuerpo suyo que debe pesar lo que una talega negra con una victoria bien grande y otra pequeña. Me lo repetía cada domingo cuando el ruido de tu motocicleta la despertaba, espantada, de su intento de siesta. Yo me burlaba de ella.

El río brilla. Las cabinas del Metrocable van a Santo Domingo, vienen de Santo Domingo. Se acaba la tercera hoja cuadriculada donde debería estar haciendo ecuaciones. Y yo que pensé que el problema más grande del mundo era la profesora Cecilia sosteniendo junto al tablero un libro del Baldor o haciendo números mientras los compañeros se solazaban con su trasero de mula fabulosa -fabulosa porque sabe ponerse en dos patas y además usa zapatos rojos bien altos-. Tengo miedo, Felipe. Anoche tampoco dormí. La abuela masculla rezos dormida. Quisiera encontrar un tonto como san José ya que no puedo inventarme una historia como la de María.

Un tonto. Sí; esa sería la solución. Eusebio me echa piropos con su boca grandota. Tiene barba y bastón de san José, un granero, cuenta en Bancolombia, un Renault que atraviesa las calles de Bello con un perro fino blanco ladrando en la ventanilla y una banderita deshilachada del Atlético Nacional flotando como el ala de un pájaro raro. Pero el tísico ése no tiene tu cuerpo ni tu boca, y puedo jurar que al hacerme el amor moriría como mueren los ahogados. Ahí sigue el río. No sé nadar, los curiosos sí saben. Otro tropel de gente ha salido de la estación. Siento la boca agria. Voy a vomitar…

Mi falda a cuadros ondea. Malditas estas pierna y estas caderas que se tongoneaban con picardía de puta al verte en la revueltería de Tito. Tito dice que te resultó un trabajo mejor y por eso no has vuelto. He perdido mi cintura. Llevo puestos los brasieres de la gorda Edna. Vuelve a pasar la cabina azul del Metrocable con publicidad de Comcel. Te he marcado. De nuevo la grabación: "El número celular marcado está temporalmente fuera de servicio". El río parece un camino recién llovido. Carolina lo sospecha. La abuela querrá darme una cacheta; no podrá levantarse de su silla de tullida, así que dejará caer su cabeza tamaño victoria pequeña sobre el hombro y se dejará morir echándome a mi la culpa. Tengo miedo, Felipe. Magdalena dice que duele mucho. Hazte de cuenta que estás ensuciando una ahuyama de muchos kilos o un racimo entero de bananas -dijo después de dar a luz a Mariana y nos reímos. Ya no es gracioso-. No podré terminar el bachillerato, no haré las pruebas del ICFES, no seré profesora de literatura. Dónde estás, Felipe. El morral pesa en mi espalda tanto como le debe pesar a la indígena de vestido de terlete verde su bultico a la espalda. Los exámenes de la profe Cecilia no son lo más difícil de la vida. El profe de Química no es el más descarado del mundo. Tengo los párpados pesados. Me vi palidez de abuelo Rogelio en ataúd al mirarme en el espejo de una moto roja allá en tu barrio. ¿Tu barrio? Tantos niños enclenques correteando tras un balón, tantos hombres con el color de tu piel y con una cara que no es la tuya. Tantas colegialas rumbo a clase sin saco en verano, sin brasieres prestados, sin falda desabotonada, sin ojos trasnochados, sin miedo. Sonrientes ellas. Sonriente yo cuando cambiaba las horas de estudiar por horas para besuquearme contigo en cualquier rincón y aun frente los ojos aterrados de la abuela envidiosa porque olvidó lo que es ser besada, y su boca ya solo sirve para comer comida licuada, botar flemas, murmurar rezos. Las últimas noches me las he pasado mirando el escaparate donde una vela alumbra mil bagatelas y también a su María. A mi no me amarán como a la virgen de la abuela, tú no tienes nada de espíritu santo. Mi historia no es cosa de poetas, es de putas. El río corre. Ella o él comenzarán pesando lo que te pesaba esa bolsa de uvas que le robabas al Tito para complacerme; terminará del tamaño del talego emberrinchado que cuelga a la espalda de la indígena recostada a un muro de san Antonio Claret. El agua brilla. Así mismo brillan los ojos cafés de la abuela cuando le da su dolor de espinazo o se queja de que no le salieron buenos los nietos. Mi letra es fea. Hoy había examen de álgebra. En la primera hoja de este cuaderno hay un corazón grande con tu nombre, y también en el de sociales, tecnología, artística, química. Entre mis senos, que ahora parecen de otra mujer, está el tatuaje que nos hizo el hippie de canto alegre pero oloroso a pescado podrido… ¿lo recuerdas? La abuela en su silla de tullida lo pronosticó. El río corre, corre… Con un beso, Carla.

http://www.escueladeescritores.com/cartas-amor-2008

P.D.: ¿Por qué del homenaje? Porque también participé en este concurso con una
carta que decía más de mí que del amor... HECHIyHMADU

jueves, febrero 21, 2008

BORGIANDO




I

Creo -como Borges- que el castellano debería tener no sólo en lugar de puntuación pausas, sino que "hubiera sido más encantador el ensayo de nuevos signos:... de indecisión, de conmiseración, de ternura, signos de valor psicológico o musical" y con ello dejaríamos de tener en él una herramienta sólo presta para rescatar significados según el intelecto y la traducción que éste haga de la sensibilidad de cada lector, sino que lograríamos atrapar a éste (razón del escritor) en un murmullo de sensaciones traspasadas desde el texto con la vivencia de quien las dirige como una saeta hasta la piel de quien se expone a leer.

II

"Jorge Luis Borges – Fragmento de “COMO NACE UN TEXTO”

Empieza por una suerte de revelación. Pero uso esa palabra de un modo modesto, no ambicioso. Es decir, de pronto sé que va a ocurrir algo y eso que va a ocurrir puede ser, en el caso de un cuento, el principio y el fin. En el caso de un poema, no: es una idea más general, y a veces ha sido la primera línea."

III

En un ensayo hecho sobre la obra de Borges por Memo Ánjel (el pájaro poeta) escribió: "Por Borges, entiendo lo que es y no es, única posibilidad de definir la escritura. Con base en esta premisa, asumo al Borges que me gusta, al que se contradice sin contradecirse, que en la contradicción está la otra cara, la que falta para crear una idea de realidad completa; al que ve en la ceguera, al que envejece siempre niño en la curiosidad y en el asombro. Por esto siguió riendo y burlándose. Y burlándonos en sus variados laberintos."

En medio de su vida y obra existe tanta magia y de tan variadas maneras que sigue diciéndonos Anjel: "De todas maneras, no me importa si Borges ha muerto o no, que cada vez que lo quiero oír o leer, siempre tengo sus palabras a mi alcance. Y las palabras son la vida. Del silencio he sabido que es ignorancia o es miedo, situaciones que crean traidores."

Se regodea en su invidencia y se jacta cuando nos dice, en su poema

"Elogio de la sombra

Esta penumbra es lenta y no duele;
fluye por un manso declive
y se parece a la eternidad.
Mis amigos no tienen cara,
las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años,
las esquinas pueden ser otras,
no hay letras en las páginas de los libros.
Todo esto debería atemorizarme,
pero es una dulzura, un regreso.
De las generaciones de los textos que hay en la tierra
sólo habré leído unos pocos,
los que sigo leyendo en la memoria,
leyendo y transformando.
"



Imágenes tomadas de http://borges.uiowa.edu/art/other.htm





NHNP HECHEIYHMADU

domingo, febrero 17, 2008

De una Digresión en unas vacaciones

"No quiero ser un desventurado que albergue en mi interín desiertos y tempestades, parodiando a Nietzche. ¿Por qué? Porque a veces me siento como un extraño entre la pléyade de personas propias y extrañas, consintiendo un lucero que no sé cómo lo han llamado, y si es la constelación tal o cual. Porque me siento un ser solo en donde no hay otros seres para compartirles lo que siento y lo que creo, e instantáneamente me invade -para luego difuminarse- la nostalgia y esta soledad increíble e irrefrenable en mis días de poeta que son todos.


No he de blandir el hacha ni la cruz ni la espada de los afectos fallidos porque tal vez en el ejercicio de volverlos versos de dudosa calidad y universalidad, les saco de mí y ello me libera; además, me permite auscultarlos en otra condición más consciente o más inconsciente de la que les da su origen. Allí, hay una mirada ante un espejo al que no le digo más que verdades, y con quien me confieso. Quizá en la confesión nace la salvación y la sanación conjuntas. Por ello no he de albergar más desiertos ni más insólitas tempestades. Aquí voy con mi ritmo y mi oleaje de versos, llegados del mar y de la ternura oculta que albergo a ojos indiscretos."


Añoro estas y otras vacaciones... pero HECHEIYHMADU

sábado, febrero 16, 2008

Imágenes y mi yo... en fragmentos


Todo parece estar... donde está




Letras de tiempos extraños

ruedan... y las envuelvo en imágenes

para soñar y dar y tener

Sólo es un divagar que está más allá de las manos y la sangre

de la suerte y las letras...

Aun así... es hasta
ECHEIYHMADU


viernes, febrero 15, 2008

Vida y lectura - Extractos




“La vida, en sí misma, es una prodigiosa ficción de laberintos y nostalgias”
CARLOS RIVERA

“La creación verbal, alimentada de vida y sueño, se trasmuta en el otro territorio del mito.”
EUGENIO MARRÓN CASANOVA

"... es Pablo Armando Fernández, Pablo querido de nuestros días, dueño y señor del verbo que inaugura y hechiza, de los arcanos que confirman esta alegría que hoy celebramos"
"... Alejandría con sus numerosos rollos de papiro, llamados Kylindros por los griegos"
"Leer es reconocer, en una combinación mágica de letras, intuiciones sobre el incierto futuro y lecciones del inmutable pasado".
ALBERTO MANGUEL

arcanos
Del lat. arcanus.
1. adj. Secreto, recóndito, reservado. Dícese más comúnmente de las cosas.
2. m. Secreto muy reservado y de importancia.
3. [m.]Misterio, cosa oculta y muy difícil de conocer.


"Joyas de alto valor que tuve en mis manos, ojeándolas delicadamente, igual que si fuesen frágiles y prístinas mariposas de Gutenberg que podían deshechizarse en polvo" (Describiendo libros antiguos y en desuso)
"No olvidemos que el lenguaje es el arquitrabe maestro que sostiene lo que consensuamos como real, a la vez que permite levantar la casa encendida de la ficción"
"Pero mientras llega ese final, seguiré acercándome al oído esa mágica caracola que son libros, con la ilusión y el propósito de que su voz interior me descubra una vez más el nuevo tesoro de otra isla."
GUILLERMO BUSUTIL


arquitrabe
Del it. architrave, trabe maestra.
1. m. Arq. Parte inferior del entablamento, la cual descansa inmediatamente sobre el capitel de la columna.
entablamento: De entablar. 1. m. Arq. cornisamento (De cornisa. 1. m. Arq. Conjunto de molduras que coronan un edificio o un orden de arquitectura. Ordinariamente se compone de arquitrabe, friso y cornisa.)

"... escuché -o conté- historias de paranoicos que sueñan con ser los otros infinitos..."
JUAN CRUZ




Y la vida y la lectura van inextricablemente... de la mano

Sólo
paseaba por mis notas y traje esto... que alarga los días y los creo infinitos y profundos

Sólo sé que está escrito” dijo un sabio ante una
pregunta


Y yo... TATATD HECHEIYHMADU

miércoles, febrero 13, 2008

En la noche




De EULER GRANDA (Ecuador) de su poema “En la noche”, libro “RELINCHA EL SOL”

“Todo crece en la noche
todo duele,
en el insomnio
todo se hincha
todo se hace uña
desde las telarañas
hasta la propia voz te ladra,
hasta tu propio pie te pone zancadilla”

Es un sentimiento de esas DUERMEVELAS que recorren huesos y decires... en silencio
¿A quién no le ha ocurrido? Feliz de él...

Según el escritor catalán, Julián Gustems, "Euler Granda es un ejemplo de lo que un poeta puede decir todavía, un poeta que sabe dónde ir y qué camino debe tomar para ser leído. Sus temas hablan de las cosas que nos preocupan, que están a nuestro alcance, que entendemos bien, que nos son comunes. Sus poemas y la forma clara con que hablan merecen nuestra atención."

¡Hermosas letras las de Euler! ¡Distintas y auténticas!



Divagaciones y más
HECHEIYHMADU NHNP

Mi
vida está pendiente de una rosa
porque es hermosa y aunque tenga
espinas...”


Ese otro que se enloquece... soy yo mismo

miércoles, febrero 06, 2008

DE UN ESCARBAR ENTRE LAS NOTAS

De andar husmeando, ordenando quizás, poniendo en otro orden mejor, algunas de mis notas... quise rescatar algunas de ellas:

*******

I

A esos nuevos amigos

les invento voces y risas

manos y torsos

y saludos extendidos

hacia los míos versos

*******

II

Y todo me huele a milagro

********

III

En cada quien que conozco

hay una forma humana

de insensata desnudez

********

IV

A veces desplegamos saberes

que no sabíamos que sabíamos,

porque en la conciencia

de nuestro saber para hacer

hace falta la voluntad

********

V

¿En qué momento vamos a ejercer lo que aprendimos para vivir mejor,

si mejor nos pasamos la vida luchando para poder tener con qué vivir,

y en ese actuar impersonal, atosigante, lejano, ingenuamente insano y retador,

se muere la esperanza de ser ese ser que quisimos para nosotros

pero que el tiempo vendido a otros opacó?

********

VI

¿Puede uno escribir...,

sin apenas explicar

de dónde provienen

los vocablos,

los personajes

y los sucesos?

********

VII

Apenas amanece, y yo

ya estoy oscuro...

uno a uno con mi sombra

*******

VIII

En pocos segundos me dijo de su dolor de siempre

de sus palabras brotaban los acentos del horror,

de su fuga juvenil, de sus límites impuestos,

de sus formas horrísonas de ver la vida,

y allí, los nuestros abrazos se fundieron en la sombra

que marcaban los sollozos al pie del cementerio.

*******

Así... en un oasis de murmullos conmigo mismo, sólo suspiro y creo tener lo que no tengo




HECHEIYHMADU

lunes, febrero 04, 2008

LETRALIA


Año XII • Nº 179
21 de enero de 2008
Cagua, Venezuela

LETRALIA, tierra de letras, me ha dado la fortuna de publicarme tres poemas

Los invito a que conozcan esta Web, tal vez de las mejores sobre literatura en castellano y hecha con el amor a las letras que sólo tienen quienes llevan ese oficio en la sangre.

http://www.letralia.com/179/letras08.htm


Gracias a Letralia a su Editor






Una muestra:

Sólo queda...

Desde lo alto de mi nube
se veían las formas y sus sombras
La tarde ardía entre mis manos
y apenas el lápiz
garabateaba trozos de memoria
Una luz navegaba lenta
por entre los cactus de la ladera

y se extasiaba en los brillos
que iba dejando la marea
Te aparecías como si existieras
clavada en el silencio eterno
que emanaba de mis sueños
Y ni una lluvia
ni unas gotas que lágrimas eran
hacían que la palabra
dejara de navegar en tu piel
y en la discordia que aún vivía
en el papel secreto

con que tus manos las mías
en otro tiempo recorrieran
Y yo era de la ciudad
y tú... sin tiempo ni geografías...
abarcabas y te tomabas todo
todo todo lo poeta que yo era
Y luego se dio el salto
y en medio del milagro
de la nube / sólo quedó este poema


Y así, en explosión de júbilo, celebro con ustedes este regalo de LETRALIA, con estos elefantes

TATATD HECHEIYHMADU

viernes, febrero 01, 2008

DOS PEQUEÑOS LIBROS, DOS SORPRESAS...


Dos pequeños libros, dos sorpresas de poesía en prosa, cada una en un escenario distinto, el uno en un extraño laberinto de pretensiones misteriosas dentro de la densa calma de la mente humana y la otra... cálida y desapacible, nostálgica quizás, en el trasiego de un viaje plagado de esperanzas y de las historias y de ese material de que están construidas las colonias de ultramar. Dos extrañas coincidencias que llegan a mis manos como luces de colores en un amanecer amplio, como mariposas que graciosa y aleatoriamente escogen donde posarse, y esa flor fueron mis manos y mis ojos que, sin saberlo quizás, se extendieron para rescatar del olvido y del naufragio a estos dos tesoros, a mi juicio, hermosos y distintos.

El primer libro llegó en una caminata dominical por el centro del poblado en que vivo, deambulo y disfruto, cuando en una esquina plena de libros viejos que un soñador poeta abre todos los días para deleite de unos pocos que, a juicio de su osadía son suficientes, tuve a bien comprar. De entre miles de libros de todos los talantes colores, edades e historias, éste casi clamaba porque fuera mío y en un compuesto de tiempo de no más de dos minutos, fue amor a primera vista. El equivalente de un dólar, y eso porque era domingo y porque todo el material viejo o de desecho de bibliotecas que nunca fueron siquiera eso, se valoriza con sólo estar allí imbuido dentro de una clasificación inclasificable, dentro de una disposición indescifrable, dentro de un olor a polvo de papel, defendiendo historias que vuelan por la escasa área donde duermen las letras de otros que se atrevieron a darles vida en un libro. Yo, testigo de excepción, en un volar por aquel mundo fijé mi vista en un pequeño de apenas unos 10 x 8 cms y tal vez ni el centímetro de grosor, libro de bolsillo, con un autor que a mí me suena a belleza: Octavio Paz. Contiene dos conjuntos de textos de hace más de cincuenta años, dos escritos capitulados en prosa que el mismo editor catalogó como poética sin pecar en lo más mínimo. Escritos hermosamente cortos, como para servir de muestra al buen escribir, al buen decir, al buen describir, al hermoso uso de las palabras y sus acentos y sus adjetivos. Rejuvenecido en su exterior pero con la huella dulce de algunos otros lectores en sus doce o trece años de vida. Hermano de otros en alguna colección que pretendió poner en manos del público cien textos “de la literatura y el pensamiento universal” como reza su presentación. De él, a continuación compartiré un fragmento, tal vez vivo aunque descontextualizado, pero con una fuerza innegable. No en vano a Paz lo seguimos estudiando y leyendo, tardíamente como en mi caso, y sé que con fruición, admiración y nostalgia en su México natal y en sus alrededores, el mundo que lo ama.

Del primer libro:
Te llevo como un objeto perteneciente a otra edad, encontrado un día al azar y que palpamos con manos ignorantes. ¿Fragmento de qué culto, dueño de qué poderes ya desaparecidos, portador de qué cóleras o de qué maldiciones que el tiempo ha vuelto irrisorias, cifra en pie de qué números caídos? Su presencia nos invade hasta ocupar insensiblemente el centro de nuestras preocupaciones, sin que valga la reprobación de nuestro juicio, que declara su belleza —ligeramente horrenda— peligrosa para nuestro pequeño sistema de vida, hecho de erizadas negaciones, muralla circular que defiende dos o tres certidumbres. Así tú. Te has instalado en mi pecho y como una campana neumática desalojas pensamientos, recuerdos y deseos. Invisible y callado, a veces te asomas por mis ojos para ver el mundo de afuera; entonces me siento mirado por los objetos que contemplas y me sobrecoge una infinita vergüenza y un gran desamparo. Pero ahora, ¿me escuchas?, ahora voy a arrojarte, voy a deshacerme de ti para siempre. No pretendas huir. No podrías. No te muevas, te lo ruego: podría costarte caro. Quédate quieto: quiero oír tu pulso vacío, contemplar tu rostro sin facciones. ¿Dónde estás? No te escondas. No tengas miedo. ¿Por qué te quedas callado? No, no te haré nada, era sólo una broma. ¿Comprendes? A veces me excito, tengo la sangre viva, profiero palabras por las que luego debo pedir perdón. Es mi carácter. Y la vida. Tú no la conoces. ¿Qué sabes tú de la vida, siempre encerrado, oculto? Así es fácil ser sensato. Adentro, nadie incomoda. La calle es otra cosa: te dan empellones, te sonríen, te roban. Son insaciables. Y ahora que tu silencio me prueba que me has perdonado, deja que te haga una pregunta. Estoy seguro que vas a contestarla clara y sencillamente, como se responde a un camarada después de una larga ausencia. Es cierto que la palabra ausencia no es la más apropiada, pero debo confesarte que tu intolerable presencia se parece a lo que llaman el «vacío de la ausencia». ¡El vacío de tu presencia, tu presencia vacía! Nunca te veo, ni te siento, ni te oigo. ¿Por qué te presentas sin ruido? Durante horas te quedas quieto, agazapado en no sé qué repliegue. No creo ser muy exigente. No te pido mucho: una seña, una pequeña indicación, un movimiento de ojos, una de esas atenciones que no cuestan nada al que las otorga y que llenan de gozo al que las recibe. No reclamo, ruego. Acepto mi situación y sé hasta dónde puedo llegar. Reconozco que eres el más fuerte y el más hábil: penetras por la hendidura de la tristeza o por la brecha de la alegría, te sirves del sueño y de la vigilia, del espejo y del muro, del beso y de la lágrima. Sé que te pertenezco, que estarás a mi lado el día de la muerte y que entonces tomarás posesión de mí. ¿Por qué esperar tanto tiempo? Te prevengo desde ahora: no esperes la muerte en la batalla, ni la del criminal, ni la del mártir. Habrá una pequeña agonía, acompañada de los acostumbrados terrores, delirios modestos, tardías iluminaciones sin consecuencia. ¿Me oyes? No te veo. Escondes siempre la cara. Te haré una confidencia —ya ves, no te guardo rencor y estoy seguro que un día vas a romper ese absurdo silencio—: al cabo de tantos años de vivir.. aunque siento que no he vivido nunca, que he sido vivido por el tiempo, ese tiempo desdeñoso e implacable que jamás se ha detenido, que jamás me ha hecho una seña, que siempre me ha ignorado. Probablemente soy demasiado tímido y no he tenido el valor de asirlo por el cuello y decirle: «Yo también existo», como el pequeño funcionario que en un pasillo detiene al Director General y le dice: «Buenos días, yo también...», pero, ante la admiración del otro, el pequeño funcionario enmudece, pues de pronto comprende la inutilidad de su gesto: no tiene nada que decirle a su Jefe. Así yo: no tengo nada que decirle al tiempo. Y él tampoco tiene nada que decirme. Y ahora, después de este largo rodeo, creo que estamos más cerca de lo que iba a decirte: al cabo de tantos años de vivir —espera, no seas impaciente, no quieras escapar tendrás que oírme hasta el fin—, al cabo de tantos años me he dicho: ¿a quién, si no a él, puedo contarle mis cosas?
OCTAVIO PAZ – Fragmento del libro “Arenas Movedizas” [1949]

El segundo libro iba a ser volcado al cesto de la basura. Alguien que me conoce me preguntó ante mis ojos tal vez de pregunta y desaprobación: “¿Lo quieres?” y con mi respuesta afirmativa, se volvió otro habitante de mi morral. Luego, en esas soledades en la mejor compañía de mí mismo, apareció ante mi alma el llamado de ese monumental esfuerzo viajante; traer un piano desde Nueva York hasta las lejanas y agrestes tierras colombianas del interior. Esa épica figura de un piano que quería descargar su historia de salones de baile y de múltiples “fru-frú” de los vestidos festivos, encajes y perfumes de una sociedad que tuvo su música. Esa desgarradora descripción de las vicisitudes del paso de aquel “cantaó”: “...bajo el cielo injurioso, con el ruido del agua ignorante de su parentesco musical”, han sido mis delicias y espero que las de ustedes. Los editores hicieron de este texto un regalo para sus clientes con una introducción donde se lee: “... una pequeña joya del patrimonio cultural colombiano”. Este pequeño es “El Dios Errante” de Pedro Gómez Valderrama, que fue incluido como un capítulo (después de publicado) de la novela “La otra raya del tigre”, 1977. Al igual que del primero, hay un fragmento a continuación. Este tesoro mínimo bellamente decorado por pinturas colombianas de su propia colección, está presente hoy para deleite de mis sentidos y de ustedes.

Del segundo libro:

El piano sigue allí tirado como la prodigiosa sirena encallada, como el barco fantasma. La sinfonía del piano no está en sus notas muertas, sino en el viento que pasa, en el sol que va devorando la madera del empaque. en las hormigas que en ceremoniosa fila van penetrando en el interior del cajón, hasta que un día aparecen los negros borrachos acompañados de una negra ataviada de rosa con un estrafalario sombrero lila, la cual, apenas entra la barca en el agua alza sus enaguas y pone sus posaderas oscuras en la tapa del cajón del piano, y el piano va nuevamente aguas arriba, un mes tras otro, hasta completar un año más, mientras las gentes de los caseríos salen a la orilla a contemplar el cortejo fantasma y a oír los cantos borrachos de la negra, sentada con las piernas abiertas sobre el piano que alcanzó a desgranar notas sobre la noche del Segundo Imperio, el piano occidental mensajero de cultura y redención para los pueblos hambrientos y sedientos y desesperados y esclavos. Y al pasar por el último caserío, un negro ríe desde la orilla, un negro alto cuya carcajada tendida va rebotando hasta el piano y misteriosamente el sonido hace vibrar una cuerda que despide una nota, la cual basta para inmovilizar a la negra, que resbala y se pone de rodillas, y la lancha se desliza de pronto con más brío.

Cartas van y vienen, cartas del destinatario impaciente, y los correos que las portan pasan con los reclamos cerca del piano, el abuelo se mueve intranquilo y repasa el tiempo, y al fin, en uno de los caseríos que recorre el inmenso viaje sobre el río, hay una cruz sobre una de las chozas, y un hombre de túnica blanca agita las manos desde la orilla aventando bendiciones, las bendiciones saltan sobre el agua como piedrecillas lanzadas al ras de la superficie, los habitantes se congregan para ver pasar al Demonio hembra vestido de rosa y con sombrero violeta, que manotea sobre el piano escondido ululando maldiciones, y el hombre de blanco se da cuenta de pronto de que sus fieles creen más, mucho más en el demonio rosado que en los latines que murmura despechadamente lanzando cruces con su mano derecha sobre la barca hereje.

Vienen a veces las crecientes del río, y hacen devolver la barca, la túnica rosada de la sacerdotisa se ha ido cubriendo de espuma de plantas acuáticas, los remeros jadean luchando contra la fuerza del agua que los devuelve hacia Mompox, y gritan y sudan y sangran y maldicen, y la barca con su piano a cuestas se va devolviendo lentamente, y la lucha se traba de nuevo hasta que la barca se queda como suspendida, y las aguas pasan y el tiempo va corriendo y el piano continúa semisumergido en el Río Grande de la Magdalena, desde la altura de Mompox hace cien años y la negra todavía tiene su sombrero violeta sobre el cuerpo casi desnudo lleno de jirones rosados, y si canta muy fuerte o se ríe muy alto suena de pronto una nota sostenida en las entrañas del piano.

«El dios errante» Pedro Gómez Valderrama. (Siglo XXI de Colombia, Primera edición, Bogotá. 1977)

Como colofón, es este dios de la palabra quien nos inunda los dedos y la sangre, tal vez para sacar de ellos su mejor canción y a la vez, un desafío a no ser menos que quienes lo antecedieron, así no lo logremos, así sólo seamos uno más de los pasos utópicos hacia ese Dorado salvaje y hermoso que es escribir para otros. Creo que éste es un pequeño homenaje a dos de esos libros olvidados que me antecedieron, y de los cuales se beben y se decantan dulcemente como alimento... las metáforas, los símiles y otras hermosas figuras que sólo logran... las letras, con independencia del tamaño de su contenido.

Nota final: Se transcriben estos textos sin permiso ni de los autores (ni quienes poseen sus derechos) sólo ataviado con el yelmo de la admiración como justificación.

Por: Francisco Pinzón Bedoya - Envigado, Antioquia, enero 29 de 2008




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