"Carátula"
-----------------------------------------------------------------------
Reseña del libro “La senda de las
espigas” de Boris Rozas
Por: Francisco Pinzón Bedoya
Esta reseña es más un atrevimiento que
un tratado que pretenda desentrañar la obra del poeta. Sírvanse dispensarme por el tamaño de mi
invasión a los pasos de un autor permeado por el idioma y la sensibilidad. A pesar de ser un libro antológico que está lleno
de milagros, de cientos de tiempos que brotan desde muchos rincones del alma,
lo he leído como ese fluido continuo del autor, pues desde él viene la
selección que tal vez pretende reflejar sus distintas épocas desde alguna
contestataria hasta la más amorosa, con poemas llenos de madurez poética digna
de ser revelada a quienes quieren aprender a “decir versos” como un referente
tal vez.
Este libro no se llena de artificios
gramaticales pero sí de algunas libertades, pues expone al lector a que derive
por su poesía como un sediento en busca del hilo conductor que está atento a
ser destruido pero nunca lo logra. Es
una voz que dice desde un yo que vira según el poema y sus deseos de quedar
impreso en sensaciones viscerales, algunas veces latentes y en otras explícitas. Tiene miles de hermosas y novedosas metáforas
que incendian el sentir y el intelecto: “(...)rumiando
/ la hierba de los días”
La tierra, el agua, el fuego y el aire
están omnipresentes en toda su selección: “En
defensa de estos hombres que construyeron esta tierra / son mis días, esta es mi agua / Menos mal que el fuego
me hierve por la sangre / Secaba mis manos con tu pelo tomaba el aire de tu espalda”. Esa unión vívida con los elementos, va calando
en muchos versos que casi obligan al lector a identificarse con ellos. Tal vez
buscan señalarle un camino que contiene desde lo fundamental y profundo, lo
existencial y majestuoso, hasta lo primario, lo carnal, lo básico.
La presencia femenina y la familiar
aparecen y desaparecen como por encantos sucesivos, donde se espera y no se
desfallece.
“He venido a verte
porque espero ser tu única casa, tu jardín
más hermoso y último, tu vida.”
“(...) tomas tú mis raíces,
yo bebo de las tuyas.”
Esos poemas cortos llegan al alma como
un estilete y no se quedan sólo quizás en el rocío de la flor o en la gota de
la ventana o el abrazo, sino que se afincan directamente en el alma de quienes
rápidamente los querrán para sí mismos. En algunos no teme el poeta desafiar la
cotidianidad de Paris, New Orleans o Nueva York, desnudándola e invitándolo a
uno a seguir en su viaje. Los poemas
largos hablan de terredades y de música, los sentí como gritos profundos desde
las vísceras del poeta. Con tal de decir
eso que va en la mochila del alma, el poeta excede y redefine todo tipo de
métrica para dejarnos el sabor de su mirada, lo cual arranca sonrisas y hasta
desagrados pero nunca contra el poema sino como identificación o no con lo
dicho.
Hay en muchos poemas la mirada de lo
humano de sus alrededores, contagiándose del tiempo y de las maderas de los
muebles y hasta de la calle, del barrio, de la iglesia. Así, la humanidad se
atestigua en sus poemas, especialmente en el poemario “Man of Stalker”. Y se halla
uno alegre de leer, como en miles de poetas, que también se evidencian los
sueños desde ese decir onírico aparentemente descontextualizado pero bello y
ebrio de imágenes.
“Lenta la margarita
en transición,
viene el torpe pájaro
común
a posar su tierna
impronta.”
Es en general un libro para ser
degustado como una hermosa revelación de palabras y decires poéticos, nada de
ficción ni de atrevimientos mayores a los que el poeta vive, a su vida de
andaduras mil. Es un bello libro para
leer desde el aroma de un café caliente y con alguna música de Chopin,
confundido entre versos de miles de layas y hasta de ironías.
Bella revelación para un bardo de este
lado del mar que poco accede a la literatura en verso de ese lado. Creo que lo volveré a leer para hacer un
salto más profundo en el lago de palabras que es haberme topado con la poética
de Boris. No soy capaz de leer de si en
esta antología uno hallará un genio descubridor de alguna tendencia nueva, pero
sí sé que deja huellas en quien lo lea con ojos sin prevenciones.
Definitivamente, Rozas ha sido para mí
una bella sorpresa.
Medellín, Colombia, viernes 22 de
julio de 2016
Nota:
Por invitación de la revista Universo La maga a través del Coordinador Dpto.
Comunicación Kike Hernández
kike@universolamaga.com
Tel
(España) 644 03 34 28
Gracias por tu palabra, amigo. Salud y poesía.
ResponderBorrarLa reseña es muy interesante del libro en cuestión; tanto que dan ganas de leerlo.
ResponderBorrarAbrazos de flores a ti y a Boris.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderBorrarGracias, María. Pásame un correo personal al email de contacto en mi Web y con gusto te lo hago llegar en formato digital, aún lo estamos comercializando en e-pub.
ResponderBorrarwww.borisrozas.com
Me ha gustado mucho la forma como "escribes al leído". Dejas la puerta abierta para que entremos con deseos de seguir fluyendo a través de estos decires y como tú dices, leer de nuevo bajo el aroma de un café caliente... El artista será leído con gusto llevado de la mano de tu bella invitación. Te felicito, has hecho un llamado muy bello y oportuno, sólo queda leer al poeta y beberse la palabra como sugieres entre líneas. Muy interesante tu acercamiento... provocador. Bendiciones Francisco.
ResponderBorrarGracias, Claudia Patricia. Te digo lo mismo que a María, estamos esperando a lanzar el libro en versión electrónica. Si no puedes esperar, pásame un correo a mi email de contacto en la Web. Un saludo!
ResponderBorrarwww.borisrozas.com