viernes, mayo 05, 2006

Itinerancia 0 - Febrero 2006

Encontré en la Web algo llamado “Decálogo del Escritor” de Augusto Moterroso (Guatemala): “Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.” He empezado a hacer este ejercicio, tal vez no como un diario sino como una libreta itinerante de apuntes, mis apuntes.
Son las 6:45 a.m. Esta mañana, abierta al reinicio y a la rendición también es una puerta abierta a la esperanza, al olvido y al perdón. Un amanecer benévolo y sonriente apareció en el cielo mientras yo inicio por enésima vez el camino de la misma ronda diaria de los últimos 25 años.

Hay una trascendentalidad en explorar presentes y emociones, debilidades y miedos, densidades y vacíos. Escapa la pluma y fluye como un río... como esa mariposa que acaba de abandonar su capullo. Tengo como objetivo las letras y esa conversación interna conmigo. Tal vez exagero y no sea de buenos resultados explorar las preguntas sin respuesta de un pasado que ya pasó... y tal vez con esta búsqueda eche a perder lo único que realmente tengo: este presente tan cierto como mío... construido con mis esfuerzos, con mis errores... y con mis aciertos. ¿Es lo que tengo lo que quiero? ¿Hay algún sometimiento a alguna ley desconocida en este andar atado a una noria como la que me contiene? Preguntas sin respuesta... creo son preguntas sin sentido. La voz en mi cabeza hace ruido y deseo que sea un susurro, porque encuentro que no vale la pena el desgaste. Hay un leve toque de angustia en mi conversación íntima, aunque en mi condición la intimidad perdió el partido con alguien hace ya mucho tiempo. Tal vez no es angustia la palabra precisa sino frustración. Algo que desde niño tuvimos que aprender a dominar, pero ese niño intenso (de intensidades sin disimular en su irracionalidad) que soy yo, no se rinde... y está aquí, cada vez más domador de mí... ¡Qué bueno escucharlo y reír con él en la rayuela!

Vuelvo a mi salvación, vuelvo a mis pastos, a mis estepas, a mi condición de buscador de poemas. He escarbado pedazos de cielo que otros han puesto en letras con mucho acierto. Comparto mis hallazgos:

1) “El cuerpo no es más que la bicicleta en la que va a trabajar el alma” decía un poeta rumano, tal vez tiene razón porque este ser que envuelve lo que soy me agrada. Voy logrando el empaque de mis deseos de ser como yo quiero verme... un poco con la ventaja subsiguiente de que otros ojos se enfilen hacia mí... y les agrade, pero hay unos ojos... ayer callados y enfermos, que desatan temporales y todo tipo de inciertos con sólo posar su luz en mí: Ensoñación de lo que pretendo desde los míos azules y cansados.

2) “También yo de noche los abro (los ojos) / y miro el silencio / en la oscuridad / donde el retrato termina / sin que lo alcance a ver” Nos deleita con este trozo Mirta Rosemberg, en donde plantea su inquietante nostalgia y su espera de alguien que está grabado en su interior. Yo anoche me desperté muchas veces y sólo en la duermevela tenía su retrato en mis ojos, pues cuando me invadía el sueño... mi paleta y mi pincel derivan hacia la pintura de otros cuadros... en países extraños donde habían varias lenguas y donde todo era el universo vertical que dominaban los lugareños mientras yo sólo atinaba a luchar contra la gravedad... había en toda esa universidad de ese sitio, una constante atracción hacia unas piernas y una dicción fabulosas. Sólo yo miraba este silencio y había en cada duermevela un retrato nunca hecho de una sonrisa en mi almohada y unas caricias, guardadas, represadas, esperándome.

3) De la “Stanza XXXVIII” de Gertrude Stein, me llega el sabor de lo temporario en lo que hacemos. “No hay principio de un fin / Pero hay un principio y un fin” me envuelve en un ovillo de tiempo espacio donde todo tiene un discurrir dictaminado por una secuencia que está más allá de todos nosotros. ¿Será que podemos tener alguna forma indiferente a este transformar / transcurrir del tiempo? Quisiera que mis principios no tuvieran fin... la eternidad y su búsqueda tiene alas y pájaros. Oscuridad en contradanza asombra mi mente cuando contemplo en duermevela...

4) Rumorear: Yo rumoreo o me rumoreo, directo o transitivo, como se quiera, lo cierto es que esparzo rumores sobre lo que me rodea o sobre mí... aunque en esos rumores también va al aire la canción que acompañó mis caminatas y mis dedos a la orilla del mar... mientras la añoranza echaba raíces en mi pecho... “Este amor... que me consume los cielos y me invade la noche... Este amor” (años 70).

5) Mónica (poetisa joven costarricense, cuyo apellido dezconozco pues "olí" sólo su rastro) quería “Atravesar el país con los ojos cerrados”, es decir del Caribe al Pacífico sin escalas, deja volar sus sueños y los escribe para nosotros en algún sitio perdido de la red... Yo en mi “diario” sin serlo, pretendo llegar a mi yo rebelde, a mi yo preguntón, y a aplacarlo o incentivarlo... sacando de él todo lo que está estancado y a punto de desbordarse... puede que a mis palabras les dé orden y coherencia, y tal vez sean del tiempo y del hechizo los permisos de que se logre... y tal vez ellas, mis palabras, murmuren por sí solas.

Mi primer Itinerancia y mi rodar que nació un 2 de febrero de 2006.

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