martes, septiembre 09, 2008

Recordando a Héctor Rojas Herazo (1921-2002)





Un homenaje a un poeta, escritor y pintor olvidado en esta barahúnda de las letras colombianas

Una de sus mejores poesías:

La Casa entre los Robles

A un ruido vago, a una sorpresa en los armarios,
la casa era más nuestra, buscaba nuestro aliento
como el susto de un niño.
Por sobre los objetos era un tibio rumor, una espina, una
mano,
cruzando las alcobas y encendiendo su lumbre furtiva en los rincones.
El sonido de un hombre, el retrato, el reflejo del aire sobre el pozo
y el día con su firme venablo sobre el patio.
Más allá las campanas, el humo de los cerros
y en un dulce y liviano confín, entre la brisa,
el pájaro y el agua levemente cantando.
Todos allí presentes, hermano con hermana,
mi padre y la cosecha,
el vaho de las bestias y el rumor de los frutos.
Adentro, el sacrificio filial de la madera
sostenía la techumbre.
Una lluvia invisible mojaba nuestros pasos
de tiempo rumoroso, de fuerza, de autoridad y límite.
Pasaba el aire suavemente, buscaba sombras, voces que derramar,
respiraba en los lechos, dejaba entre los rostros su ceniza dorada.
Era entonces el día de hojas, de potente zumbido,
el día para el cántaro, la miel y la faena.
Como un don de reposo llegaba a nuestro cuerpo
la noche con su carga de remotas espigas.
Nuestro pan de anhelado resplandor,
nuestro asombro
y las lámparas derramando sus ángeles sin prisa en los espejos.
Como un hombre que anhelara su parte,
su sitio en nuestra mesa,
el viento dulcemente flotaba en los manteles.
La quietud de los muebles, las voces, los caminos,
eran todo el silencio de la noche en el mundo.
Llenando de inaudible presencia las paredes,
habitando las venas de pie frente a las cosas.
Buscaban nuestras manos un calor circundante
e indagaban los ojos otra piel impalpable.
Algo de Dios, entonces, llegaba a las ventanas
algo que hacía más honda la brisa entre los árboles.
Estampa de Año Nuevo
Miras el tiempo atrás, miras tu sangre,
tus derrotadas horas, tu sonido,
malhayando un tal vez y un no me importa.
Fundido con el mar, la muerte, el sueño,
purgas en lo que fuiste, quieres pena,
regresas al aroma de un miércoles, al sigilo
de tus desnudos pies en una alcoba.
Recordando un recuerdo, te preguntas
por lo que pudo ser y lo que ha sido.
Lo que eres, lo que tu sed y tu suplicio afirma.
Y encuentras tu carcomido sol, tu mismo luto,
tu misma piel ajada,
tu idéntica manera de verte en un espejo
con el tiempo lamiendo tus espaldas.
Pruebas la eternidad:
el ancho, el filo de un rencoroso diente.
Es entonces cuando te vuelves sin saber
y escuchas, cuando abrazas y ríes,
cuando dices con amable terror,
de labios para afuera o para adentro:
"Te felicito, amigo, te mereces
el año, la agonía que has ganado".
Y con tu voz sacudes la ceniza
que la muerte ha dejado en sus cabellos.



Una de sus ilustraciones



Una de esas listas hechas por algún experto en algún tiempor sobre los quince mejores libros colombianos:

1. La tejedora de coronas- Germán Espinosa
2. El Otoño del Patriarca - Gabriel García Márquez
3. Cien años de soledad - Gabriel García Márquez
4. El coronel no tiene quien le escriba - Gabriel García Márquez
5. La otra raya del tigre - Pedro Gómez Valderrama
6. La Vorágine - José Eustasio Rivera
7. Obras Completas- León de Greiff
8. Ilona llega con la lluvia - Alvaro Mutis
9. Los elementos del desastre - Alvaro Mútis
10. Cóndores no entierran todos los días - Gustavo Alvarez Gardeázabal
11. En noviembre llega el arzobispo - Héctor Rojas Herazo
12. Respirando el verano -Héctor Rojas Herazo

13. Noticias de un convento frente al mar - Germán Espinosa
14. El caballero de la Invicta - R.H. Moreno Durán
15. Primero estaba el mar - Tomás Gonzalez


Y una foto con su mejor amigo y biógrafo: Jorge García Usta (q.e.p.d.)


Con gran sentido del humor, Rojas Herazo publicó en 1968 un autorretrato con agudezas como ésta:


"Quien le ve su andar de pesista de circo o luchador que se dirige a un gumiiasu, no sabe que toda su fisiología no pasa de ser un mueble (...) Tuvo la voz gruesa y afirmativa de los animales que viven atemorizados. Temor a todo: a cortarse cuando se afeita" a engordar más de la cuenta; a tener que dormir alguna noche en una casa sola; al solo hecho de estar vivo; a ser arrollado por un automóvil, por la espalda, cuando va caminando por una acera. Sabemos también que, para él, un viaje en avión es mucho más catastrófico que un juicio final".

2 comentarios:

CecydeCecy dijo...

lindo homenaje y bueno a darlo a conocer querido Francisco.

Te dejo un besote

Anónimo dijo...

Hola amigo Francisco, gracias por visitar estabolsanoesunjuguete y dejar un comentario, y como nobleza obliga, me doy una vuelta por tu sitio.
Lindo homenaje a un gran poeta y muy buena foto, con otro gran desaparecido de la cultura cartagenera y de la costa como fue Garcìa Usta.
Exitos y espero que nos sigamos leyendo...
Bufòn.