martes, agosto 28, 2007

Pregonero de ilusiones


En Medellín, Colombia, existe una cultura Metro. Es transversal a una comunidad que con gesto y gallardía va cada vez más saliendo del delirio, del desastre, del fin. Comfama (Caja de Compensación Familiar de Antioquia, Departamento de Colombia cuya capital es Medellín) está haciendo uno más de los esfuerzos que están creando cultura ciudadana. Su campaña reza “... libros itinerantes que van de mano en mano... búscalos en las estaciones, llévalos a casa y disfrútalos con tu familia. Una vez los hayas leído recuerda que debes retornarlos uno de los puntos de Palabras Rodantes, para que otra persona los pueda leer...”. Textos de Tomás Carrasquilla, León de Greiff, Efe Gómez y Fernando González (el de “Otraparte”)
A continuación transcribo, sin el permiso expreso de Comfama, el artículo que salió publicado al respecto en el periódico “El Informador” de esa entidad en el mes de agosto de 2007.


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Pregonero de ilusiones

Mientras afuera la ciudad gira a miles de revoluciones por minuto, en una estación del Metro alguien se detiene para dejarse seducir por las palabras. “Los espíritus ansiosos de luz viven a oscuras. Los espíritus calmados se supone que ven en las tinieblas. Es esta la dicha de la fe”. Rafael Díez dedicada 15 horas a la semana a motivar la lectura entre los usuarios del Metro. Los autores antioqueños hacen parte de las Palabras rodantes que los usuarios pueden llevar a sus casas, leer y luego devolver para que otros las disfruten. La hermana Soledad Guamán, de la comunidad de las Marianitas, espera el próximo tren para ir al centro médico donde trabaja. Entre tanto, escucha por primera vez un fragmento de Memorias del Fuego de Eduardo Galeano.

Las palabras de Tomás Carrasquilla parecen flotar en la plataforma B de la estación San Antonio del Metro. Se mueven de un lado a otro a lo largo del corredor por donde a esa hora, 10 de la mañana, transitan los usuarios de este medio de transporte. Pero basta acercarse a ellas para descubrir que hay un cuerpo que las materializa. Es el de Rafael Díez, un administrador de profesión y lector por convicción, quien gracias al programa Lecturas en el Metro diseñado por COMFAMA y esta empresa de transporte masivo, les regala a los usuarios fragmentos de obras literarias, mientras esperan el tren que los llevará a su próximo destino. Las letras blancas sobre fondo negro de su camiseta anticipan su misión allí en la estación. Esa hermosa misión de leer en voz alta y de hacer del momento de la espera un encuentro con los más sublimes pensamientos. El anuncio del auxiliar de policía, “Niquía a su izquierda, Itagüí a su derecha”, se desvanece en los oídos de Rosmira Bustamante y en su lugar toma cuerpo la sentencia de Eduardo Galeano: “La mujer y el hombre soñaban que Dios los estaba soñando”. Es un fragmento de La Creación, en el primer tomo de Memorias del fuego del escritor uruguayo. Rafael lo lee con buen tono y aunque Rosmira es su principal oyente, otras personas que pasan se detienen a escuchar. Rafael tiene tiempo para despedirse y recordarles que en las estaciones Aguacatala, Industriales, Madera, Suramericana y Floresta puede también encontrar Palabras rodantes, es decir los tres libros de autores antioqueños que han publicado la Caja y el Metro y que los usuarios pueden llevar a su casa, leerlos y luego devolverlos para que otros lectores los disfruten. Pasa el tren y Rosmira se va rumbo a su casa.

Lleva en sus manos otros libros que prestó en la Bibliometro en esa misma estación, y se va con un nuevo amigo, alguien a quien no conocía y que le presentó Rafael. El ritual continúa. Nuevos usuarios escuchan otros fragmentos de la obra elegida para hoy. Entre ellos está Pablo Montoya, joven bachiller encargado de divulgar eventos del Metro, para quien no fue suficiente ese fragmento.

Él, interesado en la historia, la filosofía y la filología indaga más sobre el escritor y la obra y termina por enterarse de que en COMFAMA podrá participar de grupos de lectura donde podrá ampliar sus conocimientos. Rafael, por su parte, debe continuar su viaje hacia la estación Suramericana. Ahora va en silencio pero poseído por las palabras de Tomás Carrasquilla. “Es esta la dicha de la fe”, se alcanza a leer desde lejos en su camiseta.
Formación de lectores

Impulsar la lectura entre los usuariosdel Metro es el objetivo del trabajo conjunto que adelantan COMFAMAy la empresa del Metro. Este trabajo se realiza a través de la Bibliometro ubicada en la estación San Antonio, donde los usuarios pueden registrarse para prestar obras. Hasta el momento 3.000 personas hacen uso del servicio. Adicionalmente, las dos instituciones han publicado tres obras de autores antioqueños: Tomás Carrasquilla, Leónde Greiff y F. Gómez. Son libros que la gente puede tomar en un dispensador, llevar a su casa, leer, compartir con otros miembros de su familia y devolver en cualquiera de las estaciones donde hay un dispensador, para que otros puedan leerlos. El 14% de quienes han usado esta opción han cumplido con el proceso de devolución, pero poco a poco los lectores van entendiendo que compartir el conocimiento y el disfrute de la lectura es parte de ese proceso de formación de lectores en el cual se comprometen ambas empresas.

sábado, agosto 25, 2007

THIAGO DE MELLO

Los Estatutos del Hombre
(Acto Institucional Permanente)


Articulo I
Queda decretado que ahora vale la verdad.
Ahora vale la vida, y de manos dadas
marcharemos todos por la vida verdadera.

Articulo II
Queda decretado que todos los días de la semana,
inclusive los martes más grises,
tienen derecho a convertirse en mañanas de domingo.

Articulo III
Queda decretado que, a partir de este instante,
habrá girasoles en todas las ventanas,
y los girasoles tendrán derecho
a abrirse dentro de la sombra;
las ventanas deben permanecer, el día entero,
abiertas para el verde donde crece la esperanza.

Articulo IV
Queda decretado que el hombre
no precisará nunca más dudar del hombre.
Que el hombre confiará en el hombre
como la palmera confía en el viento,
como el viento confía en el aire,
como el aire confía en el campo azul del cielo.
Parágrafo único:
El hombre, confiará en el hombre
como un niño confía en otro niño.

Articulo V
Queda decretado que los hombres
están libres del yugo de la mentira.
Nunca más será preciso usar
la coraza del silencio ni la armadura
de las palabras.
El hombre se sentará a la mesa
con su mirada limpia, porque la verdad
pasará a ser servida antes del postre.

Articulo VI
Queda establecido, que durante diez siglos,
el lobo y el cordero pastaran juntos
y la comida de ambos tendrá el mismo gusto de aurora.
De acuerdo a lo soñado por el profeta Isaías.

Articulo VII
Por decreto irrevocable queda establecido
el reinado permanente de la justicia y de la claridad,
y la alegría será una bandera generosa
para siempre desplegada en el alma del pueblo.

Articulo VIII
Queda decretado que el mayor dolor
siempre fue y será siempre
no poder dar amor a quien se ama
y saber que es el agua
que da a la planta el milagro de la flor.

Articulo IX
Queda permitido que en el pan de cada día
tenga en el hombre la señal de su sudor.
Mas que sobre todo tenga siempre el caliente
sabor de la ternura.

Articulo X
Queda permitido a cualquier persona,
a cualquier hora de la vida,
el uso de traje blanco.

Articulo XI
Queda decretado, por definición,
que el hombre es un animal que ama
y que por eso es bello, mucho más
bello que la estrella de la mañana.

Articulo XII
Se decreta que nada será obligado
ni prohibido, todo será permitido,
inclusive jugar con los rinocerontes
y caminar por las tardes con una
inmensa begonia en la solapa.
Parágrafo único:
Sólo una cosa queda prohibida:
amar sin amor.

Articulo XIII
Queda decretado que el dinero
no podrá nunca más comprar
el sol de las mañanas que vendrán.
Expulso del gran baúl del miedo,
el dinero se transformará en una espada fraternal
para defender el derecho de cantar
en la fiesta del día que llega.

Artículo Final
Queda prohibido el uso de la palabra libertad,
la cual será suprimida de los diccionarios
y del pantano engañador de las bocas.
A partir de este instante la libertad será algo
vivo y transparente como un fuego o un río
o como la semilla del trigo
y su habitat será siempre el corazón del hombre.


Traducción: Pablo Neruda


Sólo puedo agregar a este poema... la voz del autor desde el Festival Internacional de Poesía de Medellín

Y ojalá que todos quienes leamos y escuchemos esto, nos llenemos de motivos para practicar estos estatutos...



martes, agosto 21, 2007

Sobre la inauguración y la clausura del XVII Festival Internacional de Poesía de Medellín




julio 14 al 22 de 2007

Tal vez sobre este festival se haya escrito mucho en crónicas periodísticas que dirán que con unas palabras tomadas de Roberto Juarroz y alusiones idealistas de la paz se inició el camino hacia el encuentro entre 76 poetas de 53 países, quienes buscaron siempre unir sus voces a favor de la reconciliación en Colombia con un homenaje a la vida y a la cultura a través de la palabra. Dirán tal vez que todos los continentes estaban allí representados, todos consagrando sus versos en pro de luchar por la paz en Colombia. Dirán que el estremecimiento del ser llegó cuando con la voz batuta de Fernando Rendón (Poeta Director de la Revista Prometeo, organizadora del festival), dirigió el coro de cientos de personas expectantes en el cerro al leer un poema del portugués Antonio Ramos Rosa: “No puedo aplazar el amor para el otro siglo / No puedo / Aunque el grito se ahogue en la garganta / Aunque el odio estalle y crepite y arda / Bajo montañas de ceniza // No puedo aplazar este abrazo / Que es un arma de dos filos / Amor y Odio // No puedo aplazarlo / Aunque la noche pese siglos sobre las espaldas / Y la aurora imprecisa tarde / No puedo aplazar para otro siglo mi vida / Ni mi mar / Ni mi grito de liberación // No puedo reprimir el corazón.”

Dirán también esas crónicas que «En el Festival... se presentó la primera antología mundial audiovisual de poesía en desarrollo existente en Internet, que ha preparado durante cuatro años sobre el festival, un trabajo que no tiene paralelo en el mundo y es de una “importancia capital para poetas, especialistas y lectores interesados en los desarrollos de la poesía contemporánea”, que incluye poemas en vídeo de 219 poetas de 112 naciones.»

Sin embargo, no vengo a decirles lo que ya se podrá leer con una mínima pesquisa en un Google cualquiera, sino a contarles desde mi óptica como espectador qué sentí asistiendo a estos eventos, la inauguración y la clausura del festival. Vengo a dejar algunas de las notas de mi cuaderno y mi libro de memorias de una manera que intentaré hacer coherente.

Caleidoscopio de colores y fonemas. Suspiros invocando a la esperanza y a la paz en diversas lenguas. Abrazos con el corazón entre seres de grandes sensibilidades. Ejemplo esplendoroso de alegría y fe en la raza humana para subvertir su destino, para enfrentar las balas y la sangre con poemas y cantos. Nada se escapaba a los ojos de los cientos de espectadores que al anuncio del inicio y fin del festival teñíamos los ojos con el color de la pasión por ese soplo de vida que lleva la palabra poética.

Faltarían cuartillas para festejar a todos los poetas del festival pero algunos tenían en mí un mejor impacto por razones que en razón no soy capaz de definir. Merle Collins de Granada saludó al público con su cabeza rapada llena de canas sobre su piel negra y uno a uno fue haciendo temblar la piel de los escuchas con su volcán en las profundidades del mar, un mar que según ella “arroja sus tributos a quienes aún ven el horizonte”, y en su remembranza por los héroes de su movimiento libertario contra el opresor en su Grenada, mientras sus ojos parecían tener una íntima conversación con el sol de estas montañas casi en un añoro por su caribe perpetuamente evidente en su sonrisa. Las lenguas guturales, silábicamente nasales o espléndidamente desafiantes a nuestros oídos castellanos, pasaban raudas por mis acentos y controvertían mi gramática, mi semántica y mi forma de expresarme toda una vida, al momento de conocer qué significaban en el lenguaje de La Mancha, todos aquellos sonidos.

Nuestros poetas altivamente sacaban el pecho y sus voces para decirnos, en nuestra propia jerga, que el alma colombiana tiene también su espacio en el ámbito universal de la poesía. Santiago Mutis en su experiencia, Giovanni Gómez en su juventud, Myriam Montoya en su belleza repatriada de un París -ese día ciudad luz distante- y jóvenes promesas de las laderas de este mismo valle que nos hicieron deleitar con la esperanza de ver brotar poetas en muchas casas de este Medellín que no es sólo lo que cineastas locales y advenedizos muestran en su prostitución comercial.

Apoteosis es la palabra de la inauguración para describir el poema que Nahid Kabiri (Irán) declamó en su voz canora, con timbre acariciador en mis oídos como cantos de pájaros entre tonos altos y bajos que exhalaban versos en tonos de suspiro, “¿Me permite usted Señor?”, donde nos mostró la opresión de la mujer por el varón, donde tener el más mínimo derecho humano a ser alguien es un algo negado, desde el romance, el vestir y hasta el hacer lo que la más simple de las mujeres en la mayor parte del mundo pueden hacer además de parir, servir y atender hijos, marido y hogar. Pensé y escribí en mi cuaderno al oírla “... y bajo los cielos infinitos del romance su más hermoso grito de salvarse, protestar contra la opresión, más una nostalgia a su tetera y a su tierra, a la aguja y al hilo, desde ese exilio que sentíamos en toda su extensión.” Todos nos pusimos de pie y en un atronador aplauso de unos tres minutos hicimos brotar las lágrimas de Nahid y de todos nosotros en un apretón de brazos que se extendían hacia las mujeres de Irán en tentáculos hechos de fe y de solidaridad humana. Al sentarme nuevamente con la emoción a flor de piel en ese sentimiento de rebaño, me pregunté: “¿Seré yo distinto hoy y mejor en mi receptividad frente a tanta poesía?” y mi respuesta automática, inmediata, fue un sonoro “¡Sí!”.

Frases otra vez se pegaron a mis hojas desde los poetas: “... enciendes un fósforo y aumentas el silencio...”, “... niño gentil, deposito aquí también tu flor. Esta es la tumba de un soldado...”, “pero no vengas porque lo que yo realmente quiero es esperarte...”, y muchas más danzaban alegres por entre mis dedos al cuaderno. Ese cubano Miguel Barnett con su sorna e ironía sobre los cubanos de Miami hizo sonreír y hasta carcajear a propios y a extraños, como una muestra de que la poesía no está lejana al discurrir de la vida diaria ni ajena a la política. En esa misma tónica estuvieron todos los poetas Irak, de la nación Kamsá (Indígenas colombianos) y muchos otros, en su denuncia, en su camino por crear, desde su pluma, un mejor mañana. El caleidoscopio no sería completo si uno no alude en este punto a las voces femeninas venidas de latitudes tan disímiles como Islandia o Ghana, Puerto Rico o Bélgica, en fin... náyades, musas y hasta gracias con voz musical que esplendían ante mis ojos llenos de arrobo poético. Una “multiorgásmica” Dina de El Salvador nos hizo recordar la piel y las caricias en su esencia más hermosa, en su desparpajo al amor entre dos seres con pulsiones primarias y de todo tipo nos creo lecciones para compartir con la pareja en otras noches de asueto.

Nada era extraño en aquel cerro en multitudinarios recitales en tardes tan disímiles como hermosas. Quedaría corto e incompleto si no hiciera una alusión al público (yo entre ellos) que colmó hasta los árboles y nuevamente –como en todos los festivales anteriores- intimidó hasta a los más avezados declamadores, a los más premiados poetas. Éramos muestra de esta biodiversidad exultante de mi Medellín, de todas las razas, credos, colores, edades, tamaños y formas, pero con un alma que allí fue única. Creo que la poesía que se escuchó, saltó las barreras del corazón, se metió en la dermis de los vivos para intentar desde su silencio misterioso y su dicción majestuosa, conquistar mejores años para los que aún quedamos en pie a pesar de las barbaries desatadas sin guerras declaradas. Tal vez muchos bárbaros distintos le han querido hacer la guerra y no el amor a las palabras, pero no han podido derrotarlas porque la poesía aún existe, persiste y los rebasa, y mientras ella esté allí siempre existirán poetas para recordándonoslo.

Otra y otra vez, la función de la poesía ha sido un hurgar con sus dedos ensangrentados en los interiores de la conciencia, para que los poetas no nos convirtamos en plagiadores del rostro de la aguda muerte, de la amiga muerte, de la reciente muerte, de la siempre muerte del minuto periodístico de turno en algún tabloide moribundo, sino que representemos esas manos acariciadoras por la piel de la esperanza, del amor, de todo el espectro de bondad que contiene el alma humana. Tanta poesía y ese indestructible vínculo con tanta emoción, nos recuerdan que ese conjuro debe ser emisario de la vida... y de un porvenir mejor. Lo que se dijo aquí en versos ha de permanecer entre la psiquis de miles de ojos que ansiosos vimos rodar sobre la piel de las palabras y sobre esas fusas que en lenguas ignotas nos deleitaron, la vida misma. En este cerro tutelar, en este festival, hemos sido testigos de la simiente de una nueva conciencia para este pequeño colectivo que podrá llegar a ser grande... de nosotros depende.

Gracias Prometeo, gracias Medellín, gracias a aquellas empresas privadas y públicas que hicieron posible este milagro que anualmente se repite para hacernos ver... que la esperanza existe... que la vida vale la pena vivirla.

julio 27 de 2007

jueves, agosto 16, 2007

CONVERSACIÓN DE UNA SOLA VÍA CON ISABEL ALLENDE


Medellín, agosto 15 de 2007

Así como cada 8 de enero te decides a escribir un libro, yo –en este instante en la ola del querer saber de tu luz y de tu intangible creación de letras e historias- he decidido conocerte al hablarte. No sé ni cómo ni cuándo ni qué extensión tenga esta epístola o diálogo trunco, si fenecerá antes de caer o si perduraré con esta idea, pero sé que quiero hablarte a medida que voy refiriéndome a lo que en mí ha producido la parte de tu obra que he accedido, desde tus letras y fonemas, llegados a mí sin invitación, voluntad ni cortesía.

Muchos antes que yo, creadores y literatos, habrán querido decir y habrán dicho muchos sobre ti sin conocerte como yo, pero en este espacio haré el intento y no me pondré al respecto metas mayúsculas. Tal vez llegue a contarte de mis hallazgos, de mis rencillas con la vida como cuando admiras esa pieza tras los cristales de la joyería, de mis hallazgos de los temas comunes del alma como cuando en tu ritual anual ves aparecer por entre las sombras las páginas de esos tus nuevos libros que ni siquiera sabes que están allí pero que ya estarán esperándote a la vuelta del esfuerzo de traerlos al presente desde ese bosque oleaginoso de los espíritus que rondan tu necesidad de decir, tu vida, tu ilusión y tu escribir. Tal vez quiero tener una muestra de tu espíritu, y con él escribir lo mío con la imagen de tu ser quien lleva en su cabeza personajes que viven sus propias historias, y tú... eres allí solamente el testigo y relator de sus actos y designios.

Un camino que tiene el nombre de tu hija, que a la vez tiene el mismo nombre que la mía, será el descubrirte subjetivamente tras toda la admiración que me depara tu pequeña voz cantada, chilenísima con tintes americanos ya, y ese acento con sabor a verdad y a fantasías amalgamadas sobre las cosas, las personas y tu historia. Un sabor que le imprimes con tu autenticidad va plagado en todo lo que tocas con tu pluma, lo cual dejaré para calificar a críticos mil que han querido hacer de tu capa un sayo. Describes a Chile y a tus chilenos en forma parecida a mi “Rosa Chilensis”, amiga entrañable llena de tarot, feng-shui y otros compañeros y amores. Tienes en tus letras olores a esa dama del copihue, pero con una cara más popular y más letras entre tus manos y tus dedos de herrumbre militante. De allí salieron esas crónicas de los años 60 –según entiendo- desde esos exilios que te han formado más latinoamericana, más del mundo, y allí entonces sí tiene cabida mi colombianidad.

No quiero restregarme en tu “Ese lejano martes de 1973 mi vida se partió, nada volvió a ser como antes, perdí a mi país.”, a pesar de que ese mismo día supe de tu existencia –tangencialmente- puesto que derrocaron a Salvador Allende y de la existencia de ese ser mitológico de apellido Neruda. Sólo quiero escarbar en ésas tus figuras que evocan poesía evidentemente chilena y nuestra, porque quiero ver qué generas en mí a partir de tus metáforas bellas como ese mar helado espumeante tuyo que no conoceré. No quiero ahondar más en la pena de tu Paula ni en el vestíbulo de tu casa en San Francisco ni en tus recetas afroditas, quiero estar en el más suave toque de tus versos no escritos con tinta de novela o de historia refundida en el amor o en el silencio. Es decir, en el fondo de esta confesión “de una sola vía” aguardo encontrar desde tu timbre, desde quién eres y desde lo qué sientes, por qué siento que en tus líneas vive –entre otros fantasmas- la imperiosa poesía.

Tu primera novela escrita “de tiro largo” –como decimos en Colombia- sentada en tu cocina, me genera mi más emotiva admiración por tu disciplina y tu talento, innegables a pesar de toda la prensa estruendosamente inútil que en tu contra han hecho. Sé que escribes para que nosotros nos queramos más, pues en mi caso logras eso y más, logras que yo haya querido encontrar en ti la poesía que no has escrito y los gritos de todo tipo que en tus líneas nos has dejado. Tú sientes que el escribir es una celebración de la vida y para mí lo es igual, aunque en mi caso haya sido una elección de catarsis silenciosa y única, sanadora y evidente, de todo lo que de mí desdigo y canto, como esa puerta abierta a lo que ahora soy y digo… para mí y otros pocos ojos que a mis letras se asoman.

Tus estrellas femeninas que desaparecieron ante el amor de ese amor que te hizo revivir y ser, las veo repetirse en tus líneas y tus pasos. Unos alrededor de la opresión y otras en la reivindicación de la mujer ante la historia no escrita por los ganadores. Esa dedicatoria de La casa de los espíritus lo dice todo: “A mi madre, mi abuela y las otras extraordinarias mujeres de esta historia.” Tal vez estoy escribiendo lo que te estaría diciendo si pudiera tenerte al frente y la vida me regalara una sesión de charla espirituosa con tu voz y tu especial forma de acentuar tu autenticidad chilena y americana, en el sentido amplio y nuestro de esa palabra. Tal vez quiero decir mucho y poco a la vez, antes de decirte lo que inspira a mi poesía tu vida, tu obra y tu particular forma de amar tu familia, tus raíces, tus vínculos con tu historia. Viajan desde tus líneas, con ese sabor de relatora apasionada y expresiva, miles de historias y fotogramas de tu Chile y de ti. Nada escapa a tu pluma en detalles múltiples y perplejidades que dan vida a personajes con nombres disímiles que parece que por tu voz hablaran. ¡Allí hay versos y ritmos que yo libo y traduzco desde mi alma! Uno confunde a veces a Isabel con sus personajes y viceversa, pues siente que tienen vida en ti, como si fueran otra personalidad tuya.
Esa particular riqueza descriptiva ya la quisiera para mí, cuando tardaste tres libros para abrogarse ese título de “ESCRITORA” que otros te hemos dado desde hace ya un tiempo. Ya te has graduado, decenios ha, ante ojos que nunca te llegarán como los míos, y que se mantendrán -sin sentido- atisbándote como si pudiera estar tras el aire que mueven los cedros retorcidos de tu buhardilla allende la bahía de San Francisco, aunque te sientas de otro lugar y tu corazón siempre esté atado al exilio, a la nostalgia, al dolor ya antiguo de Paula y a la melancolía viciosa de tu Chile del corazón. Oraciones como “Al nacer, Rosa era blanca, lisa, sin arrugas, como una muñeca de loza, con el cabello verde y los ojos amarillos, la criatura más hermosa que había nacido en la tierra desde los tiempos del pecado original, como dijo la comadrona santiguándose”, “El tono de su piel, con suaves reflejos azulados, y el de su cabello, la lentitud de sus movimientos y su carácter silencioso, evocaban a un habitante del agua. Tenía algo de pez y si hubiera tenido una cola escamada habría sido claramente una sirena, pero sus dos piernas la colocaban en un límite impreciso entre la criatura humana y el ser mitológico.”, “Nací en el último cuarto de una casa sombría y crecí entre muebles antiguos, libros en latín y momias humanas, pero eso no logró hacerme melancólica, porque vine al mundo con un soplo de selva en la memoria.”, evocan mi Caribe, mi realismo mágico y la forma descriptiva donde ya moran algunos de los nuestros como Héctor Rojas Herazo y Álvaro Cepeda Samudio. Voy encontrando poesía y ritmo y acentos en estos devenires aleatorios de mi lectura de tus obras. Voy caminando caminos que otros millones ya trasegaron en tus libros pero con una alegría de búsqueda en mi encuentro en trozos de tus escritos que parecen poesía antigua o muy vivida, y que evocan versos lejanos, nerudescos y muy chilenos si se quiere, y de todas formas... muy australes.

Nada escapa a mi sentir cuando al pasar las páginas aprecio la vida de otros en tus palabras, los pensares de otros muchos que tu imaginación y tu escribir traen para nosotros tus lectores. Confieso que no soy el más acucioso ni el que más libros de ti se haya leído, pero me precio de saborear dulce y tenazmente cada palabra, cada frase, cada parte de tu lenguaje cuando haces esa exhibición rutilante de humor mordaz, crítico o directo.

¡Gracias por tu regalo para la eternidad! ¡Gracias por ser parte de mi vida! Un abrazo extraño desde este Medellín florido, de un poeta que no conoces:

Francisco Pinzón Bedoya

martes, agosto 07, 2007

Notas sobre “INSOMNIOS Y DUERMEVELAS”




duermevela.
(De dormir y velar).
1. amb. coloq. Sueño ligero en que se halla el que está dormitando.
2. amb. coloq. Sueño fatigoso y frecuentemente interrumpido.
DRAE


Descubrí entre los anaqueles olvidados de la Universidad este pequeño libro, de un Benedetti que cada vez admiro más. Ya no es sólo el portento de los tiempos en que la táctica y la estrategia sobresalían sino que, hurgando en sus intestinos, he encontrado alguna fórmula especialmente fabulosa para desentrañar y aprender de ella. Me he identificado con su pluma y tal vez por lo que me apresto a escribir esta hoja es porque esos escritos me han invitado a decir y a escribir lo que siento de una manera muy mía, muy intensa y llena de presagios. Es como encontrar de pronto una forma no dicha de algo que buscabas para resolver algún acertijo que te estuviera llenando de curiosidad, y ello en mi poética creo que tendrá alguna importante influencia.

La primera enseñanza es que en cada sencillez de los diferentes temas que a uno se le puedan ocurrir en momentos de insomnio, hay una belleza que refleja la belleza que uno siente en extraña y temporaria paz por ellos. Es una ventana en que he encontrado que el decir con el salero personal, lo que queremos decir desde dentro, nos da la libertad de mostrarnos tal como somos y no como cr
eemos que somos o como nos ven los demás. Algunos ven estos versos como irónicos, humorísticos y hasta emotivos, sin ser ello nada nuevo en su poética sino una sublimación de sus rasgos más profundos. Es un poco el permiso que Benedetti se da a sus 80’s cuando confiesa que ya siente que está cada vez más cerca de la muerte, máxime después de un marcapasos con que recuperó un poco su precaria salud cardíaca. Dicen algunos que hay trascendentalismo en estos nuevos versos, aunque creo que siempre los ha tenido, sólo que en el releer, por ejemplo, sus Inventarios, uno encuentra el mismo sentir.

La segunda enseñanza tiene qué ver con tal vez el tardío descubrir que en su seguimiento hace Benedetti de las reglas de oro del "Siglo de Oro Español", por ejemplo en los sonetos de versos endecasílabos, hay un ritmo que se pega y se queda en uno en un tono musical que atrapa, casi independiente del tema en cuestión. He descubierto que no importa si es la luna o la soledad o la tragedia o la globalización, si en ellos hay el ritmo que siento a veces tamtámico o a veces válsico o tangófilo, como el de las barriadas de “El lado oscuro del corazón”, se percibe su firma o sus huellas “poemánticas” si se quiere.

sábado, agosto 04, 2007

jueves, agosto 02, 2007

A EXPENSAS DE OCTAVIO PAZ


Batik de Catherine de Robert

"Todo poema sobrevive a expensas del poeta" dice Octavio Paz en su "Hacia el poema" en Libertad bajo Palabra, y yo como "solitario forzado" con sólo el deseo de decir lo que pasa por mí y no se queda, me "apalabro" y tras giros y vericuetos convierto en poema mis rumias, mis intrigas, eso que me ahoga. ¿Para mostrar? No lo sé... pero sí para que mis dedos sean viajeros hacia un destino o viajantes por un camino empedrado de palabras.

Que sea mi salvación, mi mensaje, mi grito, mi arrobo, el poema. Que sean mi estancia, mi descanso, mi sombra, mi escudo, mis versos. Que sean ellos mis cómplices, mis delirios, mis conjuros, mis espejos, mis laberintos, mis entuertos. Que sean ellos el vehículo para llevar... desde mi alma que tiene ojos de lágrimas... mi tristeza momentánea, mi sima, mi abisal espanto, mi sonrisa delictiva y esa parte de mi ser, de no mostrar.

Todo poema para mí, hoy, es sobreviviente a la mazmorra en que lo creo, al cadalso en que lo convierto, a la misiva que conquista o que se duele... ¿Mañana? No lo sé... Mañana será otro día... limpio y agreste como el mar. Lleno de oleaje y espuma, de brisa y arena batiente sobre el suelo. Los textos seguirán haciendo su agosto... en este agosto que se me antoja... tan volcánico, tan intenso, tan despierto, tan dolido, tan de entregas cifradas y acíbares como algún mosto, como algún disparo sin sentido.
Todo poema y todo escrito me sobrevivirán y veré en ellos... más de lo que soy y una muestra de lo que añoro ser... Aún en este discurrir que me acosa y me siento ligeramente desolado...

martes, julio 31, 2007

Instantes desde un verso de Juliana Rodriguez Poussif


"ya las nadas germinaron en plurales" es un verso que me llamó la atención de una pampeana Juliana Rodriguez Poussif, y que de pronto, con esta tonada "Se llenan mis nadas de plurales..." o algo así... espantó el espanto, calmó mi calma y colmó y asombró mi asombro... Versos que llegan por alguna causa, que inspiran a ser quien los escribió, pero que muestran la conexión que puede haber tan instantánea como difusa, tan pasajera como estrecha, con otras almas en medio del silencio de los poetas, en medio de la trágica molienda del progreso, en medio de la "inutilidad" del poema, del verso, de ese quehacer que el poeta... resalta, enaltece en su sentir poético y hace pasearse por otra piel el tintinear íntimo de su espíritu. ¡Gracias al creador por provocar en mi alma estos instantes!

viernes, julio 27, 2007

DE LAS PALABRAS PARA UN POETA

La Editorial Letra Clara de España en su Blog, tuvo la deferencia de publicar un pequeño escrito que hice sobre lo que significan las palabras para mí como poeta. Transcribo aquí lo publicado allá.




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El poeta colombiano Francisco Pinzón ha tenido la amabilidad de responder a nuestra invitación para participar en el blog con este estupendo artículo que a continuación os ofrecemos. Desde aquí le damos las gracias, pues creemos que su punto de vista respecto de la poesía y la literatura en general ayuda a la pluralidad con la que queremos dotar a este espacio de comunicación.
ELC

"Una reflexión de Juan José Hoyos por allá en julio de 2006, publicada en la página de opinión de El Colombiano de Medellín, en su columna agradablemente semanal, decía: “Todos los días salen de nuestras bocas, a veces sin darnos cuenta. Con ellas saludamos a los amigos en la mañana y nos despedimos de los que amamos cuando cae la noche. Ellas nos permiten averiguar qué pasa en el mundo, en el barrio, llamar a alguien, hacer el trabajo de cada jornada. Con ellas aprendimos a decir te amo. Pero por culpa de ellas puede desatarse una guerra. Con ellas, también, nos enseñaron a engañar y a herir. Son como un árbol o un animal. Y también están vivas, como nosotros. // Qué montón de misterios hay detrás de las palabras. Y de qué extraño modo convivimos a diario con ellas sin pensar, por ejemplo, que ellas también nacen, crecen, dan vida a otras palabras y mueren.” Sirven para “hacer el trabajo” y en el quehacer de poeta son y siguen siendo el instrumento necesario, a pesar de su limitación y de su encasillamiento con normas y acuerdos sociales, como todos lo que nos garantizan la convivencia.
Según Roland Barthes en un aparte de su lección inaugural: “El lenguaje es una legislación, la lengua es su código. No vemos el poder que hay en la lengua porque olvidamos que toda lengua es una clasificación, y que toda clasificación es opresiva: ordo quiere decir a la vez repartición y conminación. Como Jakobson lo ha demostrado, un idioma se define menos por lo que permite decir que por lo que obliga a decir. En nuestra lengua francesa (y se trata de ejemplos groseros) estoy obligado a ponerme primero como sujeto antes de enunciar la acción que no será sino mi atributo: lo que hago no es más que la consecuencia y la consecución de lo que soy; de la misma manera, estoy siempre obligado a elegir entre el masculino y el femenino, y me son prohibidos lo neutro o lo complejo; igualmente estoy obligado a marcar mi relación con el otro mediante el recurso ya sea al tú o al usted: se me niega la suspensión afectiva o social. Así, por su estructura misma, la lengua implica una fatal relación de alienación. Hablar, y con más razón discurrir, no es como se repite demasiado a menudo comunicar sino sujetar: toda la lengua es una acción rectora generalizadora.” Ello es un sentir común para quien le guste escribir, es decir, esa sensación de cuando se está frente a la hoja en blanco que luego puede convertirse en ese afán por traducir aquello que estalla o arde en el pecho tras ceñir un talle o acariciar un verso, o simplemente tras haber escuchado reírse a un bebé. Ese “traducir” el indescifrable sentimiento o esa impropia sensación en palabras para que alguien, al leerlas y hacerlas suyas, recorra el camino inverso y logre que el autor lo toque con el mismo sentir, con el mismo deslumbramiento, la misma maravilla del asombro con que se escribió; es un camino tortuoso, brusco e impenetrable, a la vez que insondable e impredecible.
Javier Darío Restrepo enfoca su lápiz en hacernos ver el efecto que las palabras tienen sobre el entorno y de la reciprocidad de éste sobre ellas, especialmente un entorno como el colombiano nuestro donde la palabra guerra es la primera en saltar a la palestra pública, cuando nos dice: “Esta reflexión de los científicos, aplicada al lenguaje de los violentos, los que hacen la guerra o los que golpean, hieren o matan en los hogares, deja en evidencia que la violencia no está en las palabras sino en los que hablan. Hechas a imagen y semejanza del mundo interior de las personas, las palabras no son las que tienen que cambiar, sino el mundo interior de quienes las utilizan. // No es que el violento deforme el lenguaje, es su manera de acercarse a lo real, preelaborado a través de las palabras. Así como las palabras tienen el poder de crear y modificar las realidades, es un hecho que la visión de las realidades altera las palabras. // Esa interacción intensa entre la realidad y las palabras es la que presiente el Popol Vuh cuando sentencia que la palabra dio origen al mundo. Es la misma sabiduría que alienta en los Upanishads cuando ordenan meditar sobre el lenguaje: si no hubiera lenguaje no podría conocerse lo bueno ni lo malo, lo verdadero ni lo falso, lo agradable y lo desagradable. El lenguaje es el que nos hace entender todo eso.” // Antigua sabiduría que nos hace entender la inmensa riqueza y el amplio avance que significó el paso desde el aullido y el alarido, hasta la palabra y el lenguaje; y el enorme retroceso que representa la degradación de la palabra cuando se convierte en el grito irracional de los guerreros o de los que odian como ellos.”
Cada realidad tiene su lenguaje de palabras y sus consecuentes significados que son tan móviles y tan dinámicos como la vida misma. La poesía entonces y todo lo que tenga que ver con las palabras son “usuarias” de esta realidad y por ningún motivo o ninguna razón son ajenas a su riesgo y milagro, a su veleidad y atractivo, a su presencia y elusividad, todo en una contradicción deliciosamente atractiva… ¿para quiénes? No para todos los usuarios pues dependerá de cómo concibamos el mundo. Si el nuestro está lleno de reglas y requerimos de certezas en cada paso… pues esta sensación de tener entre los dedos al escribir algo tan poco moldeable, con vida propia, con su humor cambiante y voluble, será “per se” un motivo de desazón. Si por el contrario, amamos su naturaleza cambiante y frívola o seria en simultánea, su naturaleza trascendente ya que entendemos que estaban aquí (las palabras) y estarán aquí aún después de que nos hayamos ido, pues entonces estaremos en un mar de agrado, de deslumbramiento, de apasionamiento, de milagro, de sorpresa, de ilusión y de dicha al mismo tiempo, de donde sólo nos resta vivirlas y adorarlas… ¡Que vivan en mí ahora y mientras yo exista, las palabras!
Me pregunto: ¿qué poeta o persona al escribir en algún momento de su vida no se ha sentido más que quien genera escritos, el instrumento de un ser casi supremo y esencial que lo usa para dejar en letras su voluntad? Esta sensación de trascendencia y hasta de utilidad habita en algunas noches mi alma de escritor de versos y con ella… sonrío y despliego mi más real forma de ser: poeta."


Francisco Pinzón Bedoya

martes, julio 10, 2007

DE UNA MARCHA UN 5 DE JULIO DE 2007




La especie humana se había empeñado en "odiar las diferencias", no obstante la heterogeneidad. Xenófobos, racistas, inquisidores y cruzados, son sólo una muestra de este talante agreste de la especie. ¡Oh las clasificaciones, oh las disposiciones del mundo en dos bandos, los buenos y los malos, lo blanco y lo negro!. Sin tonalidades de grises ni ajenidades ni otredades, sin el reconocimiento de la existencia distinta del otro y su validez ancestral, ganada por el simple hecho de ser un ser, humano por demás, estábamos cayendo a un camino sin retorno, a un callejón sin salida, a uno de hecatombe y de exterminio.

Pero se notan grandes movimientos y ráfagas de optimismo que nos dicen que esto ha comenzado a cambiar. Ya hay miradas colectivas en contra del terrorismo, manifestaciones a favor de la paz que por incongruentes y extrañas que suenen entre los colombianos, nos dicen de lo que ya nos aglutina. Caminatas y manifestaciones colectivas con apropiación del espacio público para lo público y no sólo para el delito y lo ilegal. Ríos de gente se vieron y oyeron este julio 5 de 2007, desde el grito del "gay pride parade" hasta el llanto de una niña arriando su conejito blanco porque no podía agitar un pañuelo blanco.

Ya en este país "del sagrado corazón" cada vez es un poco más natural ver cómo pasa a nuestro lado la diversidad y su poder reparador y enriquecedor, cada vez es más el movimiento de personas que aceptan y entienden a quien piensa distinto. Tal vez estamos asistiendo al renacer de un mundo que apuesta a salvarse desde ese empezar por aceptarnos como somos y no como nos gustaría que fuera "el otro". Tal vez se empieza a vislumbrar un renacer del nosotros colectivo que aún se incuba en el nosotros del barrio, de la calle, del "parche"... eso quiero pensar y sentir desde este ataque de optimismo que invade todo, incluso los titulares de los periódicos, a pesar de los resultados de los últimos tres mil partidos con marcador en contra de la selección Colombia.

Debemos entonces como país seguir luchando contra nuestros dolores internos para aliviarlos, manejarlos y hacerlos tan amigables y tan de nuestro control como podamos, como la marcha de la propia aventura cósmica, y luego adentrarnos en la marcha del calentamiento global y de los desechos tóxicos, y de... y de... sin con ello querer desconocer de la importancia de estos o aquellos temas.

Fotos tomadas de EL TIEMPO

viernes, julio 06, 2007

DE LA ESCRITURA DE RAFAEL FAUQUIÉ BESCOS – ESE GRAN VENEZOLANO


De lo que de escritor he ganado leyendo a Rafael Fauquié Bescos, extracto y comparto un aparte de la introducción de sus ensayo: “Arrogante último esplendor”, Caracas, Ediciones Equinoccio de la Universidad Simón Bolívar, 1998, 75 pp.

En la escritura todo fluye siguiendo un derrotero que termina convirtiéndose en único itinerario posible. La escritura es cuerpo vivo: universo de signos y formas en constante relación. La escritura trepida, serpentea, vuela y alcanza siempre un final: el único final posible, el único final indudable. Por la escritura, tratamos de organizar el interminable conocimiento que permite cualquier tópico.

Escritura para decir y decirnos: en voz baja o en voz alta. Escritura para asomarnos al mundo y explorarlo desde la particularidad de nuestra subjetividad interior, de nuestra mirada y de nuestra palabra. Entre la reafirmación de un orden y las impredecibles aventuras del azar, entre los fríos vericuetos del caos y las cálidas predicciones de la armonía, entre la posibilidad de los resultados impredecibles y el presagio de las conclusiones va moviéndose el ritmo apasionante de la escritura: orden y azar de palabras y voces, de conceptos e ideas que siguen el flujo de su propia vitalidad
.”

En mi caso, escritura para abrazar, para decir, para estar sin estar, para dibujar sin pinceles, para cantar con notas de silencio, para llegar a lo escondido, para empezar lo que de otra manera no es posible terminar... Escritura para tener lectores y hacer presencia en el alma de ellos... Escritura para sanar y hacer catarsis del mundo y sus dolores... Escritura para amar... y en fin, en mi caso escritura y escritores, siempre estarán...

Cierro este post citando a Rafael (perdón por la familiaridad) frente a su credo en la poesía: (De “Puentes y voces”) “La poesía, que merece vivir en todas partes, también merece hacerlo en las universidades. Universidades capaces de aceptar a la imaginación como una de las formas más amplias de la sabiduría humana; capaces de aceptar, también, que razones poéticas y científicas pueden coexistir porque unas y otras no son sino complementarias expresiones de lo humano; universidades en condiciones de permitir a ciertos seres de palabras trabajar con dignidad el hallazgo de su voz, y, también con dignidad, expresarlo. Quizá he idealizado el espacio universitario. No lo niego: es el lugar donde he trabajado por veinte años. El lugar en que me he sentido feliz de poder escribir, siempre en sosiego y en asilo, mi propia palabra”.

¡Qué bueno tener un sosiego y un lugar habitado sólo por la palabra y su enorme poder, y despertar así a la vida y al todo! ¡Gracias Rafael Fauquié! ¡Gracias por todos los aportes que has hecho a mi vida de escritor, inmensamente desconocido... aún para mí! ¡Gracias por tus "metaforizaciones"!

En todo caso...

      EN TODO CASO...   Calma el adiós que nace en las venas Llénate de milagros y elocuencias Sé magnánimo con quien te sueña ...