martes, julio 01, 2008

Día del Padre


En el mes de junio se celebra en Colombia el Día del Padre, fecha como de premio de consolación pues en mayo se celebra con bombos y platillos el Día de la Madre. Culturalmente, la madre tiene un valor mayúsculo en comparación con el significado del Padre, a pesar de lo cual no haré una discusión ni una defensa ni afrenta a la celebración de uno o de otro día, sólo quiero narrar –desde mi más remota intimidad- algo que me ha sucedido este 2008.

Mi hermosa hija, y ello para un padre es normal aunque siempre me suena a pleonasmo, me regaló un hermoso libro que hace ya un tiempo quería leer: “El olvido que seremos” de Héctor Abad Faciolince (16° Edición, lo cual celebro con aplausos sonoros), y en mis tiempos libres he acometido su lectura, más con el objeto de disfrutarlo que de terminarlo y “chulear” (“checar” en mexicano o más específicamente, poner una señal de leído en una lista de “pendientes”), por lo que he hecho “paradas” de varios días entre escena y escena, y lo que hoy quiero narrarles es una de ellas, no sin antes contextualizarles que Héctor (familiarmente tratado por mí sin su permiso y sin conocerme) fue el 6° hijo después de cinco hermanas, por lo cual dice en algún aparte: “Tener una madre es difícil, ni les cuento lo que era tener seis”. Por tanto, entiende uno para él quién era su padre y viceversa, en una sociedad machista como la nuestra (colombiana), además del preferido y a quien había que “salvar y proteger” (calificativos míos) de aquel matriarcado. Luego, no en balde la admiración del uno por el otro y del otro por el uno.

El texto que llenó mis emociones y que aquí transcribo está en la página 22:

Creo que tuve que aprender a escribir para comunicarme de vez en cuando, y desde muy pequeño le mandaba cartas a mi papá, que las celebraba como si fueran epístolas de Séneca u obras maestras de la literatura.

Cuando me doy cuenta de lo limitado que es mi talento para escribir... recuerdo la confianza que mi papá tenía en mí. Entonces levanto los hombros y sigo adelante. Si a él le gustaban hasta mis renglones de garabatos, qué importa si lo que escribo no acaba de satisfacerme a mí. Creo que el único motivo por el que he sido capaz de seguir escribiendo todos estos años, de entregar mis escritos a la imprenta, es porque sé que mi papá hubiera gozado más que nadie al leer todas estas páginas mías que no alcanzó a leer. Que no leerá nunca. Es una de las paradojas más tristes de mi vida: casi todo lo que he escrito lo he escrito para alguien que no puede leerme, y este mismo libro no es otra cosa que la carta a una sombra


Me llama la atención el texto y me he identificado con él por múltiples circunstancias, entre otras porque también fui el niño preferido de mi papá, y al igual que a Héctor Abad Gómez, a mi padre también lo asesinaron, sólo que a mi papá lo mataron por equivocación y al papá de Héctor por su vocación, tema que está funesto en los miles folios de las historias oscuras de este país. Cuando el mío murió yo tenía 24 años de edad y Héctor 28.

Entonces, yo también puedo decir que en muchas veces he escrito para que él me lea, pero él ya no me puede leer.

De esos escritos, comparto el siguiente poema:

¡AY! MI VIEJO

En este cumpleaños
la nostalgia me trae
tus misterios añejos
tus sucesos de fuego
Vuelco mi lágrima al beso
a tus palabras únicas
que con mis hijos yo juego
que a mis hijos yo enseño
Redimo el mito y la alegría
que con tus broncos brazos
siempre en tu furor decías
y con tu música tenías
Hoy son veintitantos años
de tu dura y violenta partida
Te tengo en mí ... muy dentro
con la saudade tibia y linda
en un palco lleno de recuerdos
Viejo mío ... donde estés
que seas feliz en tus sucesos

28/III/2001”

¡Papá! ¡Gracias por todo lo que me dejaste y hasta por todo lo que te llevaste!

¿Será ésta una más de mis formas de ir conjurando la influencia de la figura de mi padre? No lo sé...

4 comentarios:

CecydeCecy dijo...

no encuentro palabras, porque me he quedado muda leyendote, pero si quiero que sepas que no he pasado en vano por aqui, me llevo algo muy intimo y preciado de ti.
besos y Feliz Día

Almatina dijo...

Conjura
conjura
que nunca se sabe
jajaja

De todas maneras eso de que los hijos
te regalen libros
te da a entender que aún te respetan
y dan por hecho que todavía sabes
a cómo saben las palabras.
¡El poder de la degustación!

saludos pues,
afortunado padre
se afortunada hija.

calma dijo...

En primer lugar, gracias por tu saludo en mi blog, el cual me ha permitido llegar al tuyo.
He de decirte que me ha emocionado lo que he leído, por una razón muy simple, mi padre fue el amor de mi vida, murió hace 11 años, lo que me arrancó su muerte no lo he podido restituir, pero me dejo su tremendo legado, un ser único, al que también he escrito en muchas ocasiones.
Me encantó tu blog...
Un beso

Perséfone dijo...

Antes de nada, felicidades atrasadas. Aquí ya lo celebramos hace tiempo.

Seguro que cualquier regalo material no estan grande como lo que se siente cuando un hijo tuyo te dice que está orgulloso de ti.

Es algo que estoy deseando experimentar ya...

Abrazos desde España.