miércoles, junio 11, 2008

De Perséfone: "Pintar con la mirada"


Fuente del video: Público TV.



En el BLOG de Perséfone (http://es-para.blogspot.com/2008/06/pintar-con-la-mirada.html) encontré este ejemplo de arte, de superazión, de tesón que " le han permitido a este hombre escribir, componer música y ahora pintar...", y como dice mi amiga bloguera: "¿Y luego me quejo yo de mis problemas?" me uno también a sus palabras: "Sin embargo, no dejará de sorprenderme el empeño y la fuerza que le ponen algunas personas a su propia vida, del mismo modo que me resulta increible lo lejos que puede llegar la tecnología y lo necesaria que se nos hace a veces en nuestro día a día."

Casi me inunda la dicha de saber que esos talentos que nacen del deseo de permanecer como ser vivo para así "ser" es una oportunidad que nos brinda la tecnología. Cada día me asombro de una época tan venturosa y benevolente para con el ser humano, y a la vez tan apocalíptica en nuestra apreciación instantánea del pulso del orbe, de los devenires de toda la humanidad... en la punta de los dedos, y en este caso: en la punta de las pupilas.

Gracias, Perséfone, amiga del Blog


Adición de junio 15: "¿Qué hubiera sido del personaje de La escafandra y la mariposa si hubiese podido disponer de esta tecnología? ¿Qué hubiera pasado con sus lindas auxiliares de foniatría?"

domingo, junio 08, 2008

¿Pasa?



2004

EUGENIO MONTEJO (1938-2008)

El poeta caraqueño ha muerto, viva por siempre su Manoa. Nada deja más en la eternidad a un poeta que sus versos que repetiremos mil veces mientras su alma viaja a encontrarse con Neruda y los demás bardos que le antecedieron.

No diré de Montejo más allá de lo que los obituarios ya dijeron, sólo sé que sus letras iluminarán mi camino y el de los demás que como yo admiramos su obra. ¡Paz en su tumba!

Reproduzco uno de sus poemas más hermosos, como mi póstumo homenaje a ese ser que creó para nosotros su Ítaca venezolana, latinoamericana.

“MANOA



No vi a Manoa, no hallé sus torres en el aire,

ningún indicio de sus piedras.

Seguí el cortejo de sombras ilusorias

que dibujan sus mapas.

Crucé el río de los tigres

y el hervor del silencio en los pantanos.

Nada vi parecido a Manoa

ni a su leyenda.

Anduve absorto detrás del arco iris

que se curva hacia el sur y no se alcanza.

Manoa no estaba allí, quedaba a leguas de esos mundos,

-siempre más lejos.

Ya fatigado de buscarla me detengo,

¿qué me importa el hallazgo de sus torres?

Manoa no fue cantada como Troya

ni cayó en sitio

ni grabó sus paredes con hexámetros.

Manoa no es un lugar

sino un sentimiento.

A veces en un rostro, un paisaje, una calle

su sol de pronto resplandece.

Toda mujer que amamos se vuelve Manoa

sin darnos cuenta.

Manoa es la otra luz del horizonte,

quien sueña puede divisarla, va en camino,

pero quien ama ya llegó, ya vive en ella.”

Dijo de él en Caracas, Lisseth Boon de Cadena Capriles, tras su muerte: “Ahora, con su adiós, los poemas de Eugenio Montejo, como musitan sus libros, viajarán tan ligeros como un pájaro”

Dijeron de él las noticias:

“Ayer jueves 5 de junio, en horas de la noche, falleció a los 69 años el poeta venezolano Eugenio Montejo, quien había sido hospitalizado desde la semana pasada en el Centro Policlínico Valencia, de la capital del estado Carabobo, donde se encontraba en terapia intensiva a causa de un cáncer en el estómago que lo aquejaba desde hacía varios meses.”

“En la noche del jueves 5 de junio de 2008, falleció el poeta Eugenio Montejo, quien fuera Premio Nacional de Literatura (1998) y premio internacional Octavio Paz (2004). Ejerció como director literario de Monte Ávila Editores y como consejero cultural de Venezuela en Portugal.

Cobró notoriedad internacional por la cita que hizo el actor Sean Penn en la película 21 gramos, dirigida por el mexicano Alejandro González Iñárritu: "La tierra giró para acercarnos/ giró sobre sí misma y nosotros/ hasta juntarnos por fin en este sueño".

Fue autor de dos colecciones de ensayos y de varios libros de poesías entre los que se cuentan Élegos (1967), Muerte y memoria (1972), Algunas palabras (1976), Terredad (1978), Trópico absoluto (1892) Alfabeto del mundo (1986) y Fábula del escriba (2006), entre otros.”

“El poeta venezolano Eugenio Montejo se fue a la medianoche (del 5 de junio de 2008), uno de los más admirados e importantes poetas contemporáneos. Su deceso se produjo a la medianoche luego de un padecimiento de cáncer en el estómago.

Este diplomático, poeta y ensayista nació en Caracas en 1938. Su lenguaje poético se caracterizó por la rica gama textual y el gran dominio de las formas. Como diplomático, fue embajador de Venezuela en Portugal durante varios años, ese contacto con el país de Fernando Pessoa lo hizo un especialista del bardo lisboeta.

En cuanto a sus actividades divulgativas, Montejo fue fundador de la revista Azar Rey y cofundador de la revista Poesía, de la Universidad de Carabobo. También fue investigador en el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg) y en 1998 fue honrado con el Premio Nacional de Literatura.

De Pessoa tomó la afición por los heterónimos, y con el de Eduardo Polo desarrolló una importante creación en el campo de la poesía infantil: Chamario (2004), editado por Ekaré e ilustrado por Arnal Ballester. Esa poesía para chamos, y de allí el título, se caracteriza por la ruptura con las convenciones, como por ejemplo la rima, que respeta y destruye al mismo tiempo: "Un niño tonto y retonto / sobre un gran árbol se montó. / Con su pelo largo y rubio / hasta la copa se subió"; el juego con las palabras: "La bici sigue la cleta / por una ave siempre nida / y una trom suena su peta... / ¡Qué canción tan perseguida!”

Si quieren conocer más de Montejo, por favor ingresar en: http://www.letralia.com/188/0605montejo.htm

viernes, junio 06, 2008

VIAJE AZAROSO (III y último)




(YA QUE POR ALGUNAS LETRAS ESCONDIAS Y HALLADAS AL
AZAR VIAJAN LAS SORPRESAS)

Sentía nuevamente allí la vigencia de la poesía en esos trozos de prosa que decían en música algo como si fueran versos. Todo eran giros y ritmos, al fin... “músicas de alas” como nos lo legó Silva. Mis manos ávidas de más ya no eran sólo de Ana y Alicia y de Andrea sino que estaban de cacería sobre aquella mesa que soportaba más libros. De pronto... un pequeño libro negro con letras blancas, de la misma colección de la de Andrea, me tomó por asalto. Era el Director de “Ulrika”, era Rafael del Castillo, era ese bardo quien en ese momento se apeaba de su Rocinante para saludarme. “Palabras escuchadas en un café de barrio” me supo a ese ejercicio que yo estoy haciendo en esta misma mesa como con varios libros que –sin ellos saber por qué- se han cruzado en mi camino. Las palabras elegidas por Rafael le merecieron un poema a cada una. Sólo dos ejemplos:

“Abolengo

del polvo
de las cenizas turbias
de los huesos roídos del tiempo
de la carne que se deslíe mordida por los venenos de la tierra
de esos versos que desmenuzó Dios
yo vengo
”

“Cóctel

Como el cantante de una orquesta pobre
que achispado y alegre
quiere mezclarse con los dueños de la fiesta
bailar
reír con ellos
y es rechazado fríamente con un
"Usted a lo que vino fue a cantar
"

Así el poeta en la fiesta del mundo

Para mis anfitriones pasados y futuros,
a manera de desagravio
”

Esos textos me mostraron la imagen de ese bohemio, de ese borracho que en un Festival Internacional de Poesía de Medellín leyó desde dentro del más inmenso olor a aguardiente sin ser invitado. Este poema me hizo acordar de esas épocas en que nos “enlagunábamos” y terminábamos en lugares "non sanctos", o abrazando a un poste de luz mortecina en cualquier calle creyéndolo una muchacha que se movía al compás de vientos inexistentes (magreándola, como diría Serrat).

Y Rafael siguió refregándome su casa, su estudio, su hábitat, lleno de murmullos y de “algo más de lo que guarda como recuerdo de sus viajes”, “entre tantos objetos que el olvido va adoptando”, y entonces aparecieron en contraste los olvidos que tengo guardados y apilados en mi biblioteca para primeras y segundas lecturas, con las expectativas que sobre ellos tuve y que nunca cumplí. ¿Estarán esperándome ahora para acariciarme y atraerme para ser en mí lo que no han sido? No lo sé. Vaya “Cadáver” de Rafael todo lo que me pone a pensar y hasta a sentir en medio de este placer de estar al albedrío de tanto libro en este encierro tutelar voluntario y buscado en que existo más allá de mí, más allá de todo lo que soy, pero especialmente en todo lo que quiero ser.

Tras unas horas en aquel santuario, se deriva uno hacia querer decir más de lo que puede, a querer escribir más de lo que es capaz, y a relatar con enjundia y con amorosa alegría sobre aquellos libros y cantos y versos y prosas que se me arrimaron en ese viaje instantáneo por un tiempo en que no escogí con quien interactuar, sino tal vez un tiempo que me escogió a mí. Ahora divago y quisiera estar en otro lugar y otro tiempo, más ebrio de vino y de letras que de todo lo demás, más ebrio de emociones ajenas -mías y de “extraños”- que “se van moviendo pecho adentro” acompañado de las notas de Portabales o de Omara Portuondo con sus compadres de Buena Vista, pero... la ventana y su cuasiespejo se encargaron de devolverme allí, me reflejaron como un ser casi lúcido, sonriente, casi entero; eso sí, con mis manos reteniendo pequeños libros como si fueran pájaros a punto de volar después de haber dejado en mis retinas su iridiscencia, entre ellos el de Rafael. Y mi corazón seguía palpitando emotivo como ante el mismo aguardiente de donde –creo- había extraído esos poemas. ¡Qué alegría saber que, desde sus propios confines, el destino me permite “rozarme” con poetas y escribas, ebrio en un tiempo matutino de bibliómana lucidez!

¡Nutricia fuente! He de volver a ti de una manera recurrente, para que me regales sensaciones, memorias, olores de otros tiempos, para salvarme y tener a flor de lápiz, las letras y las revelaciones... unas que me sanan, otras que me acompañan y algunas que hasta logran que el agobio no me dañe, no me doblegue, no me tiente... En fin, que suspendan esta hartura que a veces me da de no creer que yo sea yo. Este repliegue fantástico en las letras es vivificante como lo es el sol para las plantas, como lo es el dulce néctar a la abeja, como esa voz que de alguna manera absurda llega casi a sustituir a otra... que no se tiene.

Libros:

“Antología del Amor Apasionado” Selección de Ana María Shua y Alicia Steimberg. (Alfagura) 1999

“Puerto calcinado” Andrea Cote - Universidad Externado de Colombia. Colección El Malpensante 2003

“Palabras escuchadas en un café de barrio” Rafael del Castillo - Universidad Externado de Colombia. Colección El Malpensante 2005

29 de marzo de 2008

jueves, junio 05, 2008

VIAJE AZAROSO (II)



(YA QUE POR ALGUNAS POESÍAS AL AZAR
VIAJAN LOS SUEÑOS)


Andrea Cote propició cambiar mi camino azaroso hacia la ribera de algún río con su pueblo cálido y ese dejarlo de alguien que busca nuevos horizontes, con la nostalgia de añorar, de añorarse y pretender que podía trasladarse con todo su equipaje hacia tierras de buen aire, y ello mágicamente lo dejó reflejado en este fragmento de “Un rincón para quedarse”:
“El paisaje no es donde tú estás
y la selva no es tu espesura
El paisaje no te habla nunca,
no sabe que estás aquí
y si le coses paredes
o flores
ellas te desconocerán
y apresarán tu paisaje”

De pronto, la calle se rompió y el espectáculo era otro. Tal vez las palabras viven en el pecho de quien las acoge, lo más seguro es que Andrea jamás pretendió hacerme sentir el exilio en mi piel, pero sí lo logró cuando me asomé a sus “Calles rotas”:
“
Si sales a la puerta
ves la calle que pasa,
los niños que pasan
y los pájaros prendidos entre la tela del aire
pero todo esto es lo que quieres ver,
lo que quieres dejar atrás
pero se muere en ti
”

Desde su pequeño “Puerto calcinado”, Andrea Cote me dibujó y estrelló en mi interior esa amalgama de contradicciones de quien se va de su terruño en busca de “mejores horizontes”, y entonces... se desgajó dentro de mí una recua de recuerdos, como cuando caminaba hacia un tren que me depositaría lejos de quienes eran los míos, sin querer irme de su lado ni de la brisa marinera, ni del aliento hermoso de mi padre ni de las manos amorosas de mi madre, pero con la ilusión de que esos pájaros también se fueran conmigo pegados a la tela del aire que allí, en esa estación, entre lágrimas y risas el viento alborotaba mi cabello con visos de cometa.

Descansé un rato y tal vez hubiera querido saber fumar, enarbolar hasta un buen habano, transportarme a mi estudio y hacer sonar una música cubana de los q.e.p.d., Cachao, Celia y Celina, y echar a andar “el odre tras mi sangre” en unos buenos rones, pero de pronto... volví en mí y aquella biblioteca sola, conmigo en alguna mesa y otro estudioso lejano, no era ni parecía ser el ambiente que ya mis papilas me estaban contando.

(continuará)
29 de marzo de 2008


Libro

“Puerto calcinado” Andrea Cote - Universidad Externado de Colombia. Colección El Malpensante 2003


miércoles, junio 04, 2008

Verde

VIAJE AZAROSO (I)



(YA QUE POR ALGUNAS LETRAS VIAJAN
LOS SUEÑOS)


A mi lado se sentaron tantos personajes tan disímiles como mi aleatoria forma de escogerlos. Una hermosa mujer sin rostro, de espaldas con su cuerpo desnudo sentada al borde de una bañera, me daba la presentación de Santiago Gamboa, ese colombiano del mundo, galardonado y casi europeo que me gritaba desde su Ulises, y alertaba ilusamente mis sentidos.

Ana María (Shua) y Alicia (Steimberg) en el mismo paquete me daban un recorrido por el amor apasionado que se asomaba apenas con un poema de Juan de Encina (“Mejor es sufrir / Pasión y dolores / Que estar sin amores”) por lo cual derivé mi visita hacia tantos y tan variados renglones y aterricé en los amores prohibidos. Y entonces pensaba: ¿Cómo se hace para elegir ser un antologador de un tema como el amor que a todos, por muchas vías y maneras, nos ha dado por cantar en todos los tiempos? Y la respuesta me la dieron las autoras: “Toda elección es dolor: con los textos, los géneros y las ideas que dejamos a un lado, podría completarse otra antología, no menos atractiva... (que) ésta”

“Quien no desea ser leído, no escribe” y “El acto de la escritura presupone en sí mismo una lectura”. Entonces pregunté al viento silencioso y estático de la biblioteca de la universidad: “¿Para quién serán estas letras divagantes que progresivamente van describiendo este viaje matutino por las hojas amarillentas, casi sepias, de estos volúmenes cargados de belleza que nadie mira?” Y no tuve la respuesta. Tal vez por ello, en este camino, me llevaron de la mano Henry y Anaïs, a esa época en que el diario epistolar daba al amor su velocidad, que en tiempos del e-mail y el Internet son inimaginables. «... le escribo,... sólo palabras sobre su voz, su risa, sus manos, y él me escribe: “Anaïs, al recibir tu nota... nunca podré expresar algo que esté a la altura de esas palabras”» ¡Qué intromiso me siento a la intimidad de dos seres que se amaron a un ritmo donde el amor tal vez era hermano gemelo de la paciencia!

Dejé de ser el lector por algún instante y capitulé ante la epístola, arte del cual soy amante, para aposentar mi suspiro en todas esas que se escribieron y que tal vez hoy... ya no se dan. Ojalá que en el secreto altar de muchas parejas siga existiendo “el ramito de violetas” de cada uno. Sé que por manos como las mías han pasado cartas y que en muchas épocas a más de un corazón he quedado atado porque ellas han dejado perenne el rastro de lo que ese otro corazón era cuando las escribió.

Regresé. Volví a pasar por Ulises: “Déjame curiosear tu vida, quiero saber de ti... Fuimos a un restaurante... Mira Paula... esos son compatriotas de Ecuador y Perú...”, y sin saberlo mi memoria trastornó la lectura y mis recuerdos fueron tras algún poema de exilio ajeno que a tuve a bien –hace ya un tiempo- dar a la luz tras las historias que un amigo me contó de su viaje mochila por Europa, cantando en las esquinas junto a otros inmigrantes indocumentados con sus quenas y charangos... y no sé qué más suspiros; así... el viaje seguía tras más letras después de encuentro con la página 81 de “El Síndrome de Ulises”
Luego, más de amor, de esos que iluminan ese libro antológico. En un aparte perdido pero descubierto por mi forma de leer. Simone de Beauvoir (“Castor”) escribió a Jean-Paul Sartre en 1938 una carta en que le narraba cómo se entregó a un “ser hermoso” que a ella le encantaba después de seducirlo y... me presté a tratar de “sentir lo que sentían” esos dos amantes especiales. Sobresalen los detalles del fornicio, sin vulgaridad, sin aspavientos, sin ocultos, sin prevenciones, con despliegue desde el preludio hasta la entrega con esa hermosa y rara sinceridad de quienes han logrado ese nirvana del amarse sin poseer, sin ajustar espacios y sin presiones, “sin celos, sin fidelidad, sin hipocresía,... y sin embargo, para siempre”. Las formas expresivas de recopilación y sutileza de Ana y Alicia seguían sorprendiéndome gratamente, mientras afuera el tiempo, creo, sonaba a estar detenido. Sólo de vez en cuando el ronroneo de algún motor o el pito de algún otro que se retiraba del campus parecían hacerme volver a la realidad de aquel espacio encantador.

(continuará)
29 de marzo de 2008



Libros:

“Antología del Amor Apasionado” Selección de Ana María Shua y Alicia Steimberg. (Alfaguara) 1999
“El síndrome de Ulises” Santiago Gamboa (Seix Barral) Sexta Edición 2006

lunes, junio 02, 2008

Mariposa


MARIPOSA

En un infinitésimo de mí

te has vuelto ninfa

crisálida y mariposa

Galas etéreas en tu imagen

sobre mi estar... y te posas

y te voy difuminando

sobre el lienzo de esta espera

que con el fondo del paisaje

en su musicalidad acuosa

me alienta / me alegra

y a todo de ti me invoca / nos desea

No estás pero vas conmigo

acurrucada en mi mirada

mariposeando por entre mi luna

como en un farol de sueños dispersos

en que yo canto y me estremezco

No estás pero vas conmigo

así... como un prendedor

a mi solapa... cual mariposa

¡Me palpitas con ésas tus miles de alas

cual placeres mágicos de diosa!






En 2003, en la espera acuosa de un hotel, voló esta mariposa...

Todavía era el tiempo en que “la suerte” era mía...

Final

      FINAL   Final que se avizora en un paso infinito desde los gestos, lo no dicho y las miradas Un lenguaje plagado de distan...