domingo, febrero 25, 2007

De una mención al alma que todos tenemos















SIEMPRE ESTARÁ

Le talaron sus piernas
le horadaron el cráneo
le sometieron a todo
y aún así... no pudieron
Le quitaron su fuego
le dejaron sin viento
le llenaron de frío
y aún así... no pudieron
Le violaron sus credos
se apropiaron de sus juegos
le obligaron al silencio
y aún así... no pudieron
Pero a pesar de todo
de todo lo que le hicieron
le quedó su esperanza
sacó a relucir sus sueños
se jactó de sus fantasías y deseos
y voló por sobre todos los techos
para iluminar nuestros ruedos
Ella es... se las presento
... el alma que todos tenemos

OHCNARF
28/III/2001

lunes, febrero 19, 2007

DE ESA EMOCIÓN QUE LLEGA CUANDO MIGUEL APARECE




"Cuando te voy a escribir
se emocionan los tinteros:
los negros tinteros fríos
se ponen rojos y trémulos
y un claro calor humano
sube desde el fondo negro"
(M. Hernández, 1939)

¡Oh Miguel! ¡Oh bardo de la luz y la esperanza en la vida! Cada que te leo y después tomo mi pluma y se arriman a ella los renglones por la misma acción demencial de mis manos como tus manos (eso imagino), todo salta con la emoción de hacer de estos encuentros un coro de amores. Yo creo que el adobo completo es el amor... ese ajo y finas hierbas que le dan ese sabor fuerte a lo que cocinamos, tocamos, hacemos y decimos, cual alimento, cuando en las pupilas arde la luz de la arrogancia y de la incandescencia... es esa clave que me entregas desde tu descanso... allá en tu Orihuela donde circundan los aires tus versos...

Rescate de una Itinerancia de Feb 7/ 2006

viernes, febrero 16, 2007

Otra vez una Itinerancia


Casi un año más tarde vuelvo a mi reducto de osadías y de letras, y me atrevo a escribir sin objetivo fijo. Todo nace de una pregunta de alguien sobre Benedetti y a raíz de ello compartí el famoso poema “Pasatiempo”, ése donde habla de la percepción que tenemos de la edad y sus conjuros a medida que nos vamos volviendo viejos. De allí, conecté con una entrevista que el diario El Tiempo de Bogotá le hizo en julio de 2003: ""En cualquier sitio al que voy a dar un recital, dos tercios de los asistentes son jóvenes", afirma. Muchos de ellos saben sus versos, cosa que él es incapaz de aprender, pues "no sé -dice- de memoria ninguno de mis poemas. // El único que sé es uno de Antonio Machado que dice "hoy es siempre todavía". Acepta saber que se va acercando su muerte, pero señala que ésta no le preocupa tanto como la de la humanidad: "si sigue por este camino de globalización y de guerras, la humanidad va hacia el suicidio"". Y en ese encadenamiento de ideas, descubro que tenemos algo en común: yo tampoco logro aprender ni recitar de memoria uno solo de mis poemas. ¡Oh! La soledad compartida con un amigo que no me conoce pero yo a él sí... le sigo la pista y lo leo, lo leo, lo leo. Luego, salto del leer y de su hermano el escribir. Y ello, me sana, me sana, me sana.

Nunca me cansaré de hablar del beneficio catártico y sanador del escribir, o en otras palabras, del exponer en blanco y negro lo que creo, siento o por alguna razón, experimento bajo alguna emoción: ansiedad, nostalgia, frustración, alegría, tristeza, etc. Y si se trata de emociones, aparece -en grado superlativo- el amor y sus matices, el amor y sus demonios, el amor y sus pléyades, el amor y sus náyades...y ése sí, ése sí que deja rastros en los escritos, todos encriptados, porque tiene la ayuda mágica del verso y sus tonadas que dicen y no dicen, que expresan y no, que adoran y no, que odian y no, que se enceguecen y no. En fin, por todo lo que logra el amor que hagamos en su nombre con todas las varianzas que en ello puede haber... aunque distintas en profundidad cuando ello se deja evidente (escrito) para leer en otros tiempos... ¡que viva el amor!

Oh, la alegría la de escribir... que se funde en esa alegría de leer, como la que Borges nos muestra siempre desde sus ángulos fabulosos.

miércoles, febrero 14, 2007

MÁS DEL PORQUÉ ESCRIBO, AHORA EN POEMA



Se da la necesidad de escribir, de muchas maneras, y en este caso -alguna vez en mi historia- se dio esta explicación en verso. Versos sentidos... versos míos... un día de mi cumpleaños... donde tal vez he hecho balances y he puesto en blanco y negro mis desafíos.
REFLEJÁNDOME

Tal vez uno escribe aquello
que le taladra los adentros,
uniendo pasados y presentes,
y tal vez uno se envuelve en uno mismo
y mirándose temerariamente
hacia el confín de sus sentimientos,
pueda uno tomar elementos
que al sobresalir los ponemos en contexto,
deshacen los temores
y aprenden a vivir con su ser imperfecto.
Tal vez en la alegría de haber tenido
especialmente momentos,
está el alivio de ver
qué se ha tenido y se ha perdido:
amores y encuentros con seres sublimes
que uno suponía que no existían,
y desde el fondo de uno,
quizás haya el consuelo y la capacidad
de hallar ese decir que contagie las letras,
las rimas y los scherzos,
hacia cantatas más logradas,
cercanas al alivio
y a la suerte de estar vivos
y mirándonos por dentro.
Mi hecatombe, ínfima y personal,
se resalta y cautiva en mi ser poético,
y me obliga a decirme esos repetidos secretos
que me he dicho muchas veces
pero que van cambiando,
van tomando formas diversas,
aun aquí en este caos perfecto
de ruidos y de vientos,
con el sol en el mar ante mis ojos,
una música de jazz latino
que enamora mis sentidos
y un reciente baño que recompone el soñar
con el encuentro de mis pensares
con mis sentires... dislocados y maltrechos.

FRANCISCO PINZÓN BEDOYA
26/XII/2003 9:50 a.m.

SOBRE ESE EQUILIBRIO HOMBRE – MUJER / YIN – YAN / COMPENDIO DE OPUESTOS


Por allá en 1999, una poetisa chilena escribió esto, en la calidez de una carta privada que yo me atrevo a poner en público con su permiso y su sorpresa.

“... la mujer es la tierra, lo tangible, y ve solo el lado práctico de la vida, por un odioso mandato genético que nos hace portadoras de la conservación de la vida. Y en eso somos lapidarias, no se puede aplicar a la realidad=no sirve. Por eso es más frecuente que los hombres sean poetas, conquistadores, guerreros, guerrilleros, inventores, etc. Voy a dar una “volada” esotérica, piensa en el átomo, el centro es la carga positiva o masculina, los electrones son la carga negativa o femenina. Si te imaginas bien, todo lo que vemos y tocamos es porque los electrones giran velozmente, tanto que vemos formas, sentimos texturas y percibimos olores, pero nada de eso sería real si la fuerza del núcleo no los mantuviera en perpetua órbita. Así masculino y femenino son Dios en lo pequeño, Dios es la fuerza, la Madre Naturaleza es la belleza, fuerza y belleza sostienen el templo como sus dos columnas principales. Si te fijas en todo templo de grandes filosofías, como Grecia o Egipto, tienen una columna femenino, muy bella y otra más sobria o masculina. Eso es el soporte de la vida. Pensand0o así, la mujer es “Mater”, materia, textura, belleza. El hombre es fuerza, energía en búsqueda y movimiento. Por eso es que las mujeres somos más concretas, y los hombres pueden ir a la guerra sabiendo que van a morir, les va más la fuerza que la belleza. Por eso también los hombres con más plata se casan con mujeres más bonitas y las mujeres más bellas no escogen al macho exitoso sólo porque sí, es su código genético, aseguran así que la prole tendrá sustento, a su vez los hombres buscan la belleza en la mujer pues su mandato interno los lleva a buscar descendencia físicamente perfecta. Además el hombre siempre busca la belleza y la mujer la fuerza, por algo espiritual, desde el microcosmos del átomo al macrocosmos del universo, esto funciona así...”

Ella es Rosy Marin: (rosymarin@hotmail.com)

martes, diciembre 05, 2006

CREO QUE ESCRIBO...


CREO QUE ESCRIBO...

A veces siento que escribo
pero también, a veces, creo
que sólo reordeno esos prejuicios,
como decía sabiamente William James.
Somos ese delator, punible quizás,
de aquello que pensamos
y, en mi caso, lo que nos atrevemos
bordando letras sobre un cuenco
sobre un delirio / sobre un sueño
o sobre los renglones de un cuaderno

OHCNARF
27/II/2006

lunes, noviembre 27, 2006

LUZ Y SOMBRA



El sueño desaparece, llega la luz y el sonido del despertarse. Ese mundo de ilusiones, silencios, locuras y entregas, de repente se queda allí, oculto en ese espacio íntimo que riñe con la cruda realidad, donde el soñar y el reír de la locura sin simulación no es un posible vivo sino uno que pervive en algún universo paralelo.

La línea que los separa, no exactamente el sueño y la vigilia, no es exacta pues en muchos casos el ser orate está en horas despiertas y a las glorias del soñar también las atropella la evidencia de una realidad que duele, que paga, que da frío y que da miedo frente a la necesidad que todos tenemos de vivir en este cuerpo que se salva... por tener un alma plena de versos, cielos y onirias.

Luego el tiempo y su recorrido, marcado por el palpitar y la sangre, hace su labor implacable y marca de realidad el paso por el aire, por la lluvia, por el tráfico, por el relacionarse con otros y hasta por ser ese ser social a que nos hemos comprometido para con los demás. En el transcurso de las horas, tumultuosos y mandatorios, aparecen diablillos que avisan que los sueños y los pálpitos siguen ahí, vivos en el alma, manifiesta en un cuerpo de suspiros y resuellos, y no la podemos acallar. Si a ello le sumamos que en la sangre corre el grito de la poesía, la condición humana tiende a salirse rápidamente de la cordura porque el atractivo al otro lado del espejo es infinito, es ilimitado, es como la atracción que sienten las polillas por la luz, los tiburones por la más mínima gota de sangre, los bebés por los ojos y los pechos golosos de su madre, y... los enamorados por la luna blanca y llena que le hace guiños al mar para besarlo en madrugada.

Es éste un paralelo estar ya que tenemos la dualidad paradójica de cuerpo y alma en mundos que los poetas anhelamos juntar...

domingo, noviembre 05, 2006

¿POR QUÉ ESCRIBO?

"La educación comienza en la esfera de las operaciones básicas de comunicación y de expresión: escuchar y hablar, leer y escribir. Mientras más suficiente sea una persona en el uso de estos dos sistemas paralelos, mejor capacitada se hallará para cualquier actividad."
Tomado de “El Buen lector se hace, no nace” de Felipe Garrido

Me refiero a cuando nos dedicamos a esa actividad literaria de origen desconocido, seamos o no famosos, exitosos o no. Quiero pensar el tema en términos de lo súbito de hacerlo, algunos con método riguroso, otros en su vieja máquina Underwood o con un lápiz y un cuaderno sobre una cama llena de libros, o en un tren tomando notas para que ese detalle de aquel personaje que encaja en el cuento, no se pierda, en fin, a eso que lo tomamos como algo que nos sobrevivirá.

Entonces, cuando tomamos lo hacemos y nos disponemos a que ese otro lento y pausado que nos habita, nos dicte qué decir ¿qué estamos haciendo?: ¿comunicándonos o expresándonos? Tal vez no es importante la definición sino el hecho mismo. Es en sí misma una actividad de sacar de dentro ALGO para algo.

Autores importantes, escritores de verdad, siempre han sido indagados sobre este tema. Sólo ejemplos, pocos. Ethel Krauze respondió: “Porque es una forma de ser, porque considero que para mí es una necesidad casi fisiológica. Es una forma de reír y de llorar al mismo tiempo. Es una manera de estar en el mundo. ¡Una hermosa manera de estar en el mundo!” Ella, adalid femenina mexicana en estas lides de ser escritora, define la mayor parte de las respuestas posibles: porque sí. En un foro de eso de Internet, encontré algunas respuestas que copié y transcribo: “Para que, al menos, queden las palabras, y a modo de espejo, podamos reconocernos en los ojos del otro.” “(para) buscar sustancia en la insipidez... evitar la contemplación absoluta del muro quieto en una habitación vacía a las 3:45 de la mañana”. No hay un motivo único sino que todas pasan por la pulsión de hacerlo. Es una de esas preguntas con múltiples respuestas, tantas como personas la respondan, pero que todas pasan por este punto común: porque sí.

Son poemas, cartas, esquelas, notas, ensayos, cuentos, anécdotas, pequeñas crónicas, etc. en fin se trata de la expresión de quien quiere expresarse para sí, para unos pocos, para otro solamente o para una multitud airosa y ansiosa de recrearse con su pluma. El autor que hay en el epígrafe, después de su actividad extensa en la formación de lectores, dice “Confirmé que la literatura, antes que un conocimiento, es una experiencia” Sin embargo, encuentro en la respuesta al porqué escribo, una relación inmediata y prístina con el leer. La lectura encarna en sí la contraportada de la escritura, como Eros y Thánatos, pulsiones o caras de una misma moneda. No creo que haya un escritor sin un lector en sí mismo que lo respalde y lo impulse.

Si me tuviera qué responder el título de este post, diría: “Tal vez, quiero que al escribir algo, algún día otra persona se acerque a mis líneas y algo le digan o le extrañen... o lo conmuevan, pero para ello debo dejar que lo escrito tenga su propia vida y su propia dinámica, como lanzar palomas al viento o cometas que no sabemos dónde vayan a caer una vez los liberamos al aire y a su suerte.”

Hace unos instantes terminé de escribir una poesía que interrumpió la escritura de este post y por ello sigo creyendo en aquello de la pulsión. Gracias amigos, unos pocos, de este bardo que se mueve entre el fragor de un vivir que debe cambiar para hacer de él un mejor poeta y no sé si una mejor persona, pero sí un mejor escritor. ¡Hasta el próximo post!

miércoles, octubre 25, 2006

DE “EL DERECHO A PICOTEAR” (*)


Cuando disponemos de muy poco tiempo, pero tenemos la imperiosa necesidad de leer alguna frase texto que nos vuelva a encender el alma y le dé otra vez ese toque de vida, pues tomamos el primer libro de la biblioteca y repasamos ávidos no-sé-qué-suerte de conjuros desde la voz de otro, desde esa voz tal vez de otros tiempos, de otras circunstancias, y si por casualidad hallamos algo que lo logra... hemos descubierto el placer de “picotear”. Es más, aún si no lo hallamos, hemos estado picoteando. ¿Pérdida de tiempo? ¿Falta de profundidad? No sé... ¿Razones? Tantas como tipos de lectores seamos: el tiempo actual y su escasez perpetua.

La decisión de picotear a algunos, como yo, nos obliga a acercarnos a los libros (en mi caso de poesía principalmente) como si de ellos pudiera fluir esa poción mágica que nos sane, nos reviva, nos libere y nos mantenga... aunque sepamos que detrás de ello vendrán más ganas de leer y más ganas acercarnos a los textos de siempre o a los desconocidos que pululan llenos de polvo en anaqueles de esas hermosas tiendas-librerías de tesoros de segundas lecturas, tal vez rayados con sus secretos por otro ser más “intromiso” que uno.

“Yo picoteo, tú picoteas, dejémoslos picotear.
Es la autorización que nos concedemos para tomar cualquier volumen de nuestra biblioteca, abrirlo en cualquier parte y meternos en él por un momento, porque sólo disponemos de ese momento. Ciertos libros se prestan al picoteo mejor que otros porque están compuestos de textos cortos y separados: las obras completas de Alfonso Allais o de Woody Allen, las novelas cortas de Kafka o de Saki, Los Papiers colles de George Perros, el buen viejo La Rochefoucauld, y la mayor parte de los poetas...
Dicho esto, se puede abrir a Proust, a Shakespeare o la Correspondencia de Raymond Chandler por cualquier parte y picotear aquí y allá, sin correr el menor riesgo de resultar decepcionados.
Cuando no se tiene el tiempo ni los medios para tomarse una semana en Venecia, ¿por qué rehusarse el derecho de pasar allí cinco minutos?
(*) Tomado de Daniel Pennac. Como una novela. Norma. Bogotá, 1996”

No sólo tenemos derecho a cerrar un libro cuando lo deseemos sino que también a abrirlo cuando se nos ocurra. Tal vez lo importante, en este caso, de decir es: no dejes de acercarte a tus libros. Sé su amigo y ellos lo serán de ti.

sábado, octubre 07, 2006

DE ALGUNOS VIAJES POR LA LECTURA


O DE UN COMPLEMENTO A LA ENTREGA Nº 62 DE AMIGOS DE LA POESÍA

"Los lectores son viajeros, circulan sobre las tierras de otra gente, nómadas que cazan furtivamente en los campos que no han escrito". Michel de Certeau - en "Leer, una caza furtiva", 1980.

La lectura -en mi caso- llegó a mí como un efecto fortuito. Mi humana condición de niño portador de anteojos desde los 4 años al inicio de los años 60, una irreverente confesión de mi edad, casi que sólo me dejaba como alternativa el refugio en la escuela que por aquella época estaba rodeada de reglas y de obligaciones de memorísticas, y en sus predios encontré no sólo El Tesoro de la Juventud sino a Sandokan, el Tigre de la Malasia y a una inusitada colección de tomos de colores llamados Lo Sé Todo, donde me encontré de pronto con un mundo de letras que sin permiso de nadie, me pertenecían. Por esa época tuve la humana fortuna de tener excelentes profesores de una materia que se llamaba “Español”, unos que nos avivaban la mirada y la saliva y los latidos con sus historias sobre libros famosos como el Quijote o La María o sobre esos poemas épicos de La Ilíada y La Odisea. Fue entonces que trepado en un palo de mango me sumé a los afanosos lectores de Marcial Lafuente Estefanía que me dieron el sabor del gringo malo” (“siempre de 6 pies y medio, y ojos azules y piel cetrina por el sol”) y del “mexicano mueco” (“de cinco pies y medio y bigote poblado con huellas de comida antigua”) y desafinado, por entre tiroteos, amores frustrados, recompensas, asaltos a la diligencia y a bancos, bares y sangre, pero que me marcaron el ritmo del leer y el de exacerbar la imaginación, de modo que las letras se me traducían en automático en películas o en cines que nunca iría a ver, a menos que –como ocurriría más tarde en mi vida- tuviera a mi alcance las salas de cine, unas sin techo o de noches caldas llenas de humo por allá en La Morita o en el Variedades, todo el esplendor del color y el movimiento.

No fui yo ese desplazado por la televisión “porque en mi casa no había televisor” como he leído de otros autores contemporáneos míos, y además en esa época ni había “perubólica” ni había “cable”, y supongo que el Padre García Herreos con su “Minuto de Dios” y “El Mundo al Instante” en la voz de Andrés Salcedo, subproducto de la DW en Colombia, no eran capaces de apartarme de Marcial y hasta de algunas de Corín Tellado o los “paquitos” (tiras cómicas en cuentos, como les dicen en mi Santa Marta adoptiva) de Memín, Chanok, o los héroes de siempre (Superman, Batman, Linterna Verde, Batman). Lo confieso, mi afición por la lectura era fruto más de las aventuras del Oeste que de las charlas en el colegio, pero en mí se creó uina mixtura ahíta de lectura que aún no cesa, aunque absolutamente convencido de que no he leído todo lo que se “debía” leer, sí he leído todo lo que he “escogido” leer. En conexión con esta última frase, acude a mí, peligrosamente salvadora, la frase de Borges: “Que otros se jacten de lo que les ha sido dado escribir que yo lo haré de lo que me ha sido dado leer”, la cual fue el preámbulo de una colección de títulos populares de tapa gruesa negra llamados “La Biblioteca Escogida de Borges”, de la cual compré unos 50 títulos en entregas quincenales cuando ya estaba entrado en la edad llamada pomposamente “adulta”, lo cual pocas veces he entendido qué es.

Como dice por ahí algún autor que leí, me acostumbré a cargar y a tener libros cerca, tal vez en mi maletín del trabajo, y aún hoy es lo mismo, al alcance de la mano, así pasen semanas sin que pueda leerles ni una línea.

De mi historia de lecturas y escrituras resalto que no soy ese irreverente ni ese empedernido lector que tener la marca de los doscientos libros por año, ni me acuesto en medio de libros entre mis sábanas ni apesto a moho de biblioteca, etc. Leo por sobre todo, poemas, poemarios, poemitas, y hasta imitaciones de ellos, y todo aquello que me suene a belleza musical en letras según ese cada uno que sea en cada instante de mi vida, pero existen algunos autores que han saturado mis retinas y otros los he soportado hasta cierto punto, como lo proclamara el autor francés Daniel Pennac, “Los Derechos imprescriptibles del lector”, sobre el cerrar un libro que ya no atrapa y no volver a abrirlo voluntaria y conscientemente nunca más. Para los primeros sólo odas y loores, y para los segundos, un absoluto silencio respetuoso. Ese derecho sigue y seguirá existiendo sin que podamos hacer algo para cambiarlo.

Ya dentro yo de un “universo lleno de símbolos y sentidos”, en alguna parte de mi memoria, no así la exacta y de recitar, se mantienen algunas líneas de esos poemas que he leído.

Padre nuestro que estás en el cielo...
Recibe benigno mis ruegos

Me recita mi cerebro desde esos LP que sonaban en mi casa en la voz del Indio Duarte, junto al Duelo del Mayoral y el Cristo de la Quebrada. De Julio Flórez y sus flores negras convertidas en canción, de los libros de la colección “El Arco y la Lira” de Editorial Bedout de Medellín que mi padre tenía en casa, resuenan también en mí sus versos, algunos de cuyos ejemplares heredé por accidente al igual que otros LPs de Noche Los Tres, Los Panchos y Lucho Bermúdez y sus Porros (música típica de la costa colombiana, no exactamente lo que ello significa en España).

Cada interpretación de estos recuerdos depende, cada vez, no del objeto sino de mí como sujeto. En esa intemporalidad propia del objeto llamado poema y de mi volubilidad y “varianza” como lector y “devorador de versos”, hay un gran atractivo. Tal vez al ser cada uno de nosotros distinto en cada época de la vida, y en cada minuto que sigue distintos del minuto que nos antecedió, entonces... la más mínima biblioteca se transforma en una colmena de versos cual abejas. Algunos todavía me seducen y me atrapan, otros dejan de serlo tanto y a veces, ese códice oculto en las esquinas de algún poema genera mi identificación a esta o a aquella condición propia que me habita.

Nada más agradable que esa sensación de encontrar en algún otro bardo, aquello que hubiésemos escrito si él fuéramos. Así lo confirmaba el venezolano Fermín Vale Amesti (El retorno de Henoch) cuando comentaba que: “El simbolismo puede, por evocación, transcribir lo que no pueden las palabras, porque en general, el simbolismo es evocación de una inteligencia que no pueden transcribir directamente las palabras, sino solamente por rodeo, circunloquio o perífrasis... El simbolismo es el único y maravilloso medio que permite al hombre romper el círculo material que limita su inteligencia del universo y enfocar un más alto y más amplio estado de conciencia... El simbolismo es por lo tanto un mediador o relacionador que hace las veces de puente entre lo abstracto y lo concreto”. (http://www.letralia.com/146/articulo02.htm)

Hasta aquí, sólo una parte de mi tiempo de lector... transcrito para lectores que tal vez no llegarán a este BLOG, desde este asomo de escritor que quiero ser.

jueves, septiembre 07, 2006

De Paul Valery



En alguna parte leí de él estas palabras:


"La enseñanza de las Letras saca de ello lo que la enseñanza de la Historia podría sacar del análisis de lo presente; es decir: la sospecha o el sentimiento de las fuerzas que engendran los actos y las formas."

"Estoy acostumbrado a ser dilucidado, disecado, empobrecido, enriquecido, exaltado y abismado, hasta ya no saber yo mismo cuál soy yo, o de quién se habla; pero leer lo que se imprime sobre uno es nada, comparado con esta sensación singular de oírse comentar en la Universidad, ante el pizarrón, como un autor muerto."

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¡Qué hermoso encontrar algunas respuestas a preguntas que uno se ha hecho en palabras de alguien que no las estaba contestando!

¡¡¡ Muchos lectores y críticos intentan descifrar la razón del escribir del poeta, que muchas veces ni el mismo poeta sabe que aquello fue lo que le hizo escribir tal o cual poema!!!! Suele pasar.

De las fallas del creador

      DE LAS FALLAS DEL CREADOR   Qué difícil fue la suerte de haber dado el primer paso para corregir el vuelo de la mariposa ...